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Opinión
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Economistas digitales

Vivimos un nuevo paradigma en la economía, donde el conocimiento se descentraliza hacia ámbitos que no provienen de la tradición financiera

Elon Musk, director general de Tesla, durante el China Development Forum celebrado el 20 de marzo en Pekín.
Elon Musk, director general de Tesla, durante el China Development Forum celebrado el 20 de marzo en Pekín.WU HONG (EFE)

Desde hace décadas, el sistema económico y financiero ha hecho un uso muy intensivo de herramientas y soluciones tecnológicas para facilitar su desarrollo, comprensión y gestión. Sin embargo, no ha sido hasta los últimos años cuando se ha intensificado la digitalización económica, que viene a transformar la forma en que la economía, las finanzas y la tecnología se han relacionado tradicionalmente.

En febrero, Tesla anunciaba al supervisor bursátil de EE UU (SEC) la compra de 1.500 millones de dólares en bitcoins. La inversión de una parte importante del efectivo de las compañías en criptodivisas ha sido común en muchas otras grandes organizaciones (Microstrategy, Square, Nvidia, Paypal o AMD), casi todas ellas tecnológicas. Comprender el funcionamiento de bitcoin (y atisbar su evolución futura) requiere, además de una visión economicista, de otra tecnológica, en la medida en que, a diferencia de otros activos, el subyacente de bitcoin es puramente digital.

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En este punto, el mercado de los NFT (tokens no fungibles), que se desarrolla bajo los estándares de la red Ethereum, va un paso más allá. A diferencia de los bitcoins, intercambiables y equivalentes entre sí, los NFT son únicos y limitados. Esta cualidad les permite asociarse a activos digitales, crear escasez y, teóricamente, generar valor permitiendo que los compradores adquieran certificados de propiedad de dichos activos. La reciente subasta del NFT del primer tuit (“just setting up my twttr”) del consejero delegado de Twitter por 2,5 millones de dólares o la venta del NFT asociado a la obra digital The First 5000 Days del artista Beeple por casi 70 millones, han centrado el debate sobre una posible burbuja en torno al valor real de este tipo de activos.

Otro asunto a debate está siendo la “democratización de las finanzas”, con el auge de las plataformas electrónicas de intermediación como RobinHood o Interactive Broker. El caso GameStop, en el que un grupo de inversores minoristas, organizados a través de un foro de inversores no profesionales, puso en jaque a fondos institucionales de inversión en corto, ha sido el ejemplo de cómo el desarrollo tecnológico introduce nuevos jugadores en el epicentro de las finanzas. Tras ello, los flujos de inversores minoristas cobran una relevancia inaudita hasta ahora.

Estos tres ejemplos son un reflejo de que vivimos un nuevo paradigma en la economía y las finanzas. Los polos de conocimiento y capacidades económico-financieras se están descentralizando, en muchos casos hacia ámbitos o actores que no provienen, en absoluto, de la tradición financiera. Irremisiblemente, la capacitación tecnológica y digital está dejando de ser instrumental, para convertirse en uno más de los pilares de conocimiento que se exigirá a los jugadores y analistas de este nuevo ecosistema.

Borja Foncillas y Javier Pino, son profesores de Afi Escuela de Finanzas

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