Crisis del coronavirus

La ferretería resiste a la pandemia

El sector se deja solo un 1% de facturación en 2020 gracias a la venta a distancia y las necesidades derivadas de pasar más tiempo en el hogar

Clientes hacen cola ante una ferretería en Madrid en mayo.
Clientes hacen cola ante una ferretería en Madrid en mayo.ÁLVARO GARCÍA

El sector de la ferretería y el bricolaje fue una de las pocas ramas comerciales que se salvó de la debacle ocasionada por la pandemia de covid-19. En un año de restricciones, miedo a meterse en las tiendas e incertidumbre económica, las ferreterías y distribuidores de productos de bricolaje registraron una leve caída del 1% de la facturación frente a 2019. La necesidad de reformas y retoques en los hogares en los que los consumidores han pasado más tiempo que nunca, así como el aumento de las ventas telemáticas (por internet y por otras vías), está detrás del buen comportamiento.

Según el barómetro de la ferretería y el bricolaje elaborado por AECOC, la patronal que agrupa a 28.000 empresas productoras y distribuidoras de bienes de gran consumo (desde alimentación hasta ropa, calzado o electrónica), la facturación del sector cayó en 2020 un 1,06%, debido al “impacto sobre los establecimientos de las medidas adoptadas en la lucha contra la covid-19” . La pérdida de ingresos fue ligeramente superior en las ferreterías tradicionales (-1,51%) que en las grandes superficies especializadas (-0,94%).

Aunque fue la primera caída de ingresos desde 2012, en la anterior crisis, Alejandro Lozano, responsable de ferretería y bricolaje en AECOC, celebra el comportamiento del sector frente a otros que han sufrido mucho más intensamente el impacto de la pandemia. “Nos salvamos del chaparrón”, resume.

El factor que explica en mayor medida este buen comportamiento es la gran cantidad de tiempo pasado en casa como consecuencia de la pandemia, bien por el confinamiento, por la pérdida (siquiera temporal) del empleo o por el teletrabajo. Los defectos o necesidades del hogar ya existentes se han hecho más evidentes, además de que aquellos que han dejado de ir al trabajo han tenido más tiempo, explica Lozano. “En un año difícil, se han alineado las estrellas para el sector”, explica Lozano.

No obstante, hay grandes diferencias entre los primeros compases de la pandemia y los últimos meses. En el primer trimestre, con un par de semanas de confinamiento absoluto y cierre de todo comercio no esencial, los ingresos del sector cayeron un 9,3%, desplome que se intensificó hasta el 25,5% en el segundo trimestre, que recoge el mes de abril, el del parón más severo, y mayo, cuando la famosa desescalada dio paso a una paulatina reapertura comercial. Según explica Lozano, las ferreterías tradicionales aprovecharon las primeras fases de la desescalada, en las que aún no se permitía abrir a las grandes superficies, en mayor medida, además de beneficiarse de la tendencia a la conveniencia que ha afectado a todo el sector comercial. Ya en el segundo semestre, con más libertad comercial pese a los rebrotes, el sector registró crecimientos del 18,7% entre julio y septiembre y del 12,5% entre octubre y fin de año.

La venta a distancia también ha favorecido a un sector en el que la penetración del comercio electrónico es escasa, debido a la importante necesidad de asesoramiento que requiere. Lozano especifica que no se trata solo de comercio online, que varía mucho por categorías (puede ser relativamente importante en maquinaria doméstica, pero muy poco en fontanería, por ejemplo), sino que muchos distribuidores han abierto otras vías que les han permitido combinar la venta no presencial con el asesoramiento que el cliente necesita. Es el caso de la venta telefónica, que le ha funcionado muy bien a Leroy Merlin, por ejemplo. “Ha servido para responder al cliente reticente o que desconfía del online y al que necesitaba consejo”, explica. “También han surgido otras iniciativas, como el click and collect (compra en internet y recogida presencial) o varias derivadas de la venta telefónica. El sector ha estado muy vivo”, afirma.

La pintura y los productos de jardín han sido las categorías que mejor han funcionado a lo largo del año. “La pintura ha sido exagerado”, exclama, “porque es fácil, es uno de los primeros pasos del bricolaje, casi todo el mundo se animaría a hacerlo”. El boom de los productos de jardín, desde el riego al mobiliario, se explica por la reacción al confinamiento, con el mayor ansia de aire libre que ha empujado a acondicionar terrazas o patios a quienes los tienen o los han adquirido.

Aunque el barómetro no recoge datos geográficos, Lozano añade que la ausencia de turistas extranjeros se ha dejado sentir en la facturación del sector en aquellas regiones más dependientes, como Baleares o Andalucía.

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