Fusiones como escudos defensivos

El supervisor impulsa la creación de grandes entidades para afrontar la crisis y evitar otra debacle financiera como el de 2008

El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos
El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos

Las entidades financieras vieron que esta crisis podía ser su oportunidad para expiar los pecados del pasado y mejorar su maltrecha reputación. Llegaban con capital suficiente y estaban dispuestos a establecer moratorias en el pago de créditos y ofrecer préstamos con avales del ICO. Pese a ser un Gobierno de izquierdas, la sintonía con Moncloa es buena y pusieron sus enormes maquinarias comerciales a trabajar, animando a la plantilla a no dejar tirados a los clientes. Hasta ahora han ayudado a 1,5 millones de clientes demorándoles el pago de los préstamos y han cerrado 800.000 operaciones con avales del ICO, según la patronal bancaria AEB.

Pero la crisis se está prolongando y los bancos empiezan a dar muestras de agotamiento; temen lo peor, la llegada de alta morosidad en 2021. “El año que viene no será bueno: los beneficios serán bajos por los impagados y por los tipos negativos. Y 2022 es un misterio”, admite un ejecutivo.

El supervisor también cree que vendrán curvas y les ha abroncado en público por reducir las provisiones en septiembre. La obsesión del Banco de España es que la crisis económica no se convierta en otra crisis financiera y el camino son las fusiones. Hay tres procesos abiertos: CaixaBank-Bankia, Unicaja-Liberbank y BBVA-Sabadell, algo que no había sucedido nunca. Son escudos ante la crisis. Mientras tanto, otros bancos se están reestructurando con muchos despidos y cierres de oficinas.

El supervisor está convencido de que la baja rentabilidad hunde sus acciones en Bolsa (aunque la limitación de repartir dividendos tampoco les ayuda) y que si siguen así no cubrirán el riesgo de los créditos, algo que puede afectar a su solvencia. Las fusiones también les anima en Bolsa (reducir plantilla siempre ha gustado a los inversores). Por otro lado, estos movimientos pueden crear entidades de relevancia europea, dispuestas a jugar fuerte si alguna vez se completa la unión bancaria y son atractivas las uniones transfronterizas.

Pero las cifras de despidos que se manejan son tan altas (podrían echar a unos 20.000 trabajadores en plena crisis) que se puede volver contra de su reputación. Las entidades esperan que no lleguen escándalos porque los empleados de banca son los más indemnizados. “El problema está en los trabajadores de hoteles y restaurantes”, dicen desde alguna entidad y es cierto. Pero tienen más riesgos: la exclusión financiera del mundo rural, abandonar a los clientes de rentas bajas por ser menos rentables y a los mayores por la transformación digital. Veremos si los bancos salen con su reputación reforzada de la pandemia.

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