CaixaBank: de 18 cajas de ahorros al primer banco de España

La fusión con Bankia pone en la misma órbita a casi dos decenas de las antiguas cajas, lo que da a la nueva entidad una enorme capilaridad en la geografía española, aunque también es fuente de duplicidades

El presidente de Bankia, que será presidente ejecutivo de la nueva entidad, José Ignacio Goirigolzarri (derecha), y el consejero delegado de CaixaBank, que será consejero delegado de la nueva entidad, Gonzalo Gortázar (izquierda), este viernes en Valencia. DAVID CAMPOS / EFE / atlas

La fusión de CaixaBank y Bankia es el epítome del proceso de transformación emprendido por el sector bancario español a raíz de la Gran Recesión. La nueva entidad, que conservará el nombre de CaixaBank, agrupa nada menos que 18 de las antiguas cajas de ahorros, casi la mitad de las 42 con que contaba España cuando la caída de Lehman Brothers provocó un seísmo que arrasó buena parte del sistema financiero.

Curiosamente el germen principal de CaixaBank, La Caixa, fue una de las pocas que sobrevivieron al cataclismo. Cuando las autoridades españolas y europeas presionaban en favor de la reagrupación de las antiguas cajas, acorraladas mayoritariamente por su exposición al ladrillo, La Caixa logró salir adelante sola. “Las decisiones que ha ido tomando, aunque no fuese un banco, siempre han sido muy profesionales; mucho más que las de otras cajas”, recuerda Santiago Simón, profesor de Finanzas de Esade. La caja barcelonesa incluso rescató en 2010, por la vía de una rápida absorción, a Caixa Girona, una entidad vecina que se había quedado descolgada del proceso de fusiones. Fue una operación relativamente pequeña para lo que vendría en los años siguientes.

Lo que no pudo evitar La Caixa fue su transformación en un banco, algo por lo que presionaban los supervisores para favorecer la recapitalización de las entidades. Para Simón aquello fue positivo porque obligó a las cajas, que se habían convertido en “una rara avis” tras la integración en la Unión Europea, “a cotizar y ser más transparentes”. La caja catalana segmentó su negoció bancario y lo sacó a Bolsa en 2011. Ese es el origen de la marca CaixaBank, destinada a convertirse en la primera entidad bancaria española cuando integre el negocio de Bankia. En 2014, en cumplimiento de la Ley de cajas de ahorros y fundaciones bancarias aprobada a finales del año anterior, se convirtió en una fundación: la que ha controlado desde entonces el accionariado de CaixaBank y que tendrá un 30% de la nueva compañía fusionada.

Por aquel entonces, en la trayectoria de CaixaBank ya orbitaban siete de las antiguas cajas. A las dos ya mencionadas (La Caixa y Caixa Girona) se habían unido otras cinco como resultado de la integración de Banca Cívica en 2012. Esa entidad había nacido dos años antes como Sistema Institucional de Protección. Más conocido por sus siglas, SIP, este era el mecanismo ideado por las Administraciones para favorecer las uniones entre cajas. El de Banca Cívica integraba inicialmente a las de Navarra, Burgos y Canarias. Pero cuando CaixaBank se hizo con esa entidad por cerca de 1.000 millones de euros, a esas tres ya se habían unido la sevillana Caja Sol y Caja Guadalajara. Y ya por entonces había rumores de conversaciones con Bankia, que no fructificaron.

La mayor fusión de cajas

Bankia era precisamente el mayor SIP que había alumbrado el sistema financiero español. Agrupaba a la más antigua de las cajas -Caja Madrid, con más de tres siglos de historia- con Bancaja (Caja de Ahorros de Valencia, Castellón y Alicante), Caja de Ávila, Caja Segovia, Caja Rioja, Caixa Laietana y Caja Insular Canarias. Al frente se puso Rodrigo Rato, quien había sido vicepresidente económico de José María Aznar y director gerente del Fondo Monetario Internacional. Fue quien presentó la nueva marca al mercado y tocó la campana de su salida a Bolsa en 2011. Esta última operación, pendiente de sentencia judicial por las irregularidades que acompañaron al proceso, basta como ejemplo de que aquello no salió bien a la primera.

En mayo de 2012 el Estado tuvo que acudir al rescate de Bankia, entonces la cuarta entidad española con más de 10 millones de clientes, mediante una nacionalización de BFA, su matriz empresarial. En virtud de esa entrada del capital estatal, que controlaba el 45% de Bankia y controlará el 16% de la nueva CaixaBank, se puso al frente del banco a José Ignacio Goirigolzarri.

La inyección de más de 24.000 millones de euros de dinero público en Bankia se comió buena parte de los fondos del rescate bancario que España tuvo que pedir a Europa en junio de 2012. Un salvavidas no exento de condiciones, como la propia desaparición de las antiguas cajas, que maniató a Bankia para intentar nuevas operaciones corporativas durante años. En 2017 terminó ese veto y la entidad presidida por Gorigolzarri estrenó nueva libertad anunciando una fusión con Banco Mare Nostrum. De ahí proceden precisamente las cuatro últimas de las 18 entidades del antiguo sistema de cajas que se integrarán en CaixaBank. El Mare Nostrum había nacido en 2010 por la integración de Caja Murcia, Caixa Penedés, Caja Granada y Sa Nostra (Baleares).

Casi dos decenas de cajas de ahorros convertidas, pues, en un banco con 664.000 millones de activos (el 25% del total de los activos bancarios en España) y una cuota de mercado que rondará el 30% tanto en el mercado de créditos como en el de depósitos. Las 6.700 oficinas y más de 51.000 empleados que suman los actuales CaixaBank y Bankia es resultado precisamente de la capilaridad que le otorga su origen en las antiguas cajas. No hay prácticamente provincia española donde no esté presente y es notable su implantación en las cuatro más pobladas: Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla.

Un sueño que acariciaba desde hace tiempo el que fuera presidente de La Caixa, y actual presidente de su fundación, Isidro Fainé, cuando esta era todavía una entidad básicamente catalana. Aunque en los próximos meses será también la primera causa de insomnio del nuevo banco, ya que multitud de analistas y expertos coinciden en recetar a la nueva entidad una dieta de adelgazamiento en oficinas y empleos para evitar duplicidades. “Nadie quiere hablarlo, pero las fusiones funcionan así”, señala el profesor de Esade. “Lo que es evidente es que si se fusionan es para buscar sinergias y eso es mantener la cuota de mercado con menos costes de estructura”, concluye.

Sobre la firma

José Luis Aranda

Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS, diario donde entró a trabajar en 2008. Escribe habitualmente sobre temas de vivienda y referentes al sector inmobiliario. Es licenciado en Historia por la Universitat de València y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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