LOS EMPRESARIOS FRENTE A LA CRISIS: JOSÉ IGNACIO GOIRIGOLZARRI

José Ignacio Goirigolzarri: “La crispación no salva vidas ni crea puestos de trabajo”

El presidente de Bankia cree que la crisis del coronavirus va a acentuar la confrontación de ideas en el mundo en los próximos años

El presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, en la sede del banco en Madrid. En vídeo, la entrevista.Foto: Samuel Sánchez | Vídeo: Luis Almodóvar

El presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, bilbaíno de 66 años, ha acudido al banco a diario durante el estado de alarma. No se veía allí con nadie sino que estaba, como él dice, “teletrabajando desde la oficina”, pero aun así ha ido cada día con traje y corbata. “Si teníamos miles de empleados en las oficinas con los clientes, para mí era algo simbólico estar aquí”, explica.

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Goirigolzarri explica que, en su opinión, la crisis del coronavirus va a acentuar la confrontación de ideas en el mundo en los próximos años. Ve clave defender la democracia liberal, los derechos y libertades, la globalización y el multilateralismo. En España, cree que se debe pedir a los políticos que hagan un esfuerzo de entendimiento y pone como ejemplo de cooperación constructiva a los Ayuntamientos.

Pregunta. ¿Cómo ha vivido esta etapa?

Respuesta. He tenido sentimientos encontrados y diversos. En primer lugar, un sentimiento de pena, dolor y solidaridad con la gente que se ha visto afectada, con los fallecidos y sus familiares. En segundo lugar, orgullo y agradecimiento: orgullo por la reacción de la sociedad española y agradecimiento a esos colectivos que han estado dando la cara, como los sanitarios, las fuerzas de seguridad y, desde luego, a los trabajadores de banca, que han estado también dando la cara. En tercer lugar, preocupación, porque estamos en una situación de gran incertidumbre. Y, en cuarto lugar, esperanza, porque creo mucho en la capacidad de adaptación de la sociedad española.

P. ¿Ha cambiado mucho la forma de gestionar Bankia?

R. Hemos tenido un cambio brutal porque en dos meses y medio hemos modificado nuestra forma de trabajar, no solo la forma interna sino la manera de relacionarnos con los clientes y todo el catálogo de productos: los créditos con aval del ICO, las moratorias... Eso es un trabajo enorme desde el punto de vista informático y de la red. Si me llegan a decir hace tres meses que íbamos a ser capaces de tener al 95% de los servicios centrales teletrabajando o el 90% de las oficinas abiertas con la mitad de las personas teletrabajando, no me lo hubiera creído. Queríamos mantener el máximo de oficinas abiertas y eso obligaba a una gestión muy micro de organización, de protección de la salud, de conciliación… Ha sido un esfuerzo extraordinario del cual además de sentirme orgulloso, estoy muy admirado.

P. ¿Ha seguido viniendo al banco?

R. Desde el punto de vista físico, he estado teletrabajando desde la oficina. He venido todos los días y desde aquí en realidad he teletrabajado porque en los momentos más duros aquí había muy poca gente, cinco o seis personas. Y con ese cambio radical del banco, he estado más encima de la operativa de lo habitual porque había que tomar decisiones continuamente.

P. ¿Por qué ha preferido venir que trabajar desde casa?

R. Por una parte porque tengo una infraestructura mejor aquí que en mi casa, pero también porque si nosotros teníamos permanentemente al menos 6.000 personas trabajando en las oficinas con los clientes, de alguna forma para mí internamente era algo simbólico estar aquí, aunque no lo supiese nadie.

P. ¿Qué lecciones nos deja esta experiencia?

R. Fundamentalmente, dos. Una, que tenemos que incrementar los niveles de delegación en nuestra organización, lo tengo clarísimo. La segunda es el teletrabajo, que ha venido para quedarse, con matices. El teletrabajo ha funcionado muy bien porque estábamos en una situación de estrés. No es tan fácil dirigir en teletrabajo en una situación normalizada, aunque de cara al futuro tendremos que avanzar en este campo.

P. ¿Y qué cambios va a suponer para la sociedad?

R. Vamos a vivir unos años decisivos para el mundo y para las distintas sociedades. Había una serie de tendencias en el mundo precovid de confrontación ideológica y de ideas que con esta pandemia se van a agudizar. Sobre esa confrontación de ideas y principios yo soy muy optimista, porque creo mucho en el ser humano y soy genéticamente optimista. Pero tenemos que ser muy realistas en el diagnóstico.

P. ¿A qué se refiere?

R. En el mundo hay una confrontación entre los que creemos que el multilateralismo es magnífico o quienes dicen que es un error; hay gente que pensamos que la globalización ha cumplido un papel extraordinario y gente que piensa que el proteccionismo es el futuro; hay quienes pensamos que tenemos que avanzar hacia una gobernanza más global y quienes creen que no tiene ningún contenido. Europa es un ejemplo claro. Hay quienes pensamos que hace falta más Europa y enfrente hay movimientos antieuropeístas evidentes. Desde el punto de vista de derechos y libertades individuales, hay quienes pensamos que es muy relevante defenderlos y otra gente que cree que es menos relevante y que tienen que estar subordinados a principios como la seguridad. O desde un punto de vista más político, hay gente que pensamos que hay que defender una democracia liberal y hay quien piensa que es mucho mejor una democracia iliberal o un cesarismo porque creen que es mucho más eficaz para la sociedad. Hay gente que piensa que todo tiene que ser público o que todo tiene que ser privado y otros que pensamos que es mejor una combinación.

P. ¿Y por qué se van a agudizar las diferencias con la pandemia?

R. Porque vemos que somos vulnerables y eso conlleva incertidumbre. La cuestión es cómo la gestionamos. O lo hacemos con el miedo, en cuyo caso lo que buscas son falsas seguridades, o lo hacemos de una manera madura, sin olvidarnos de nuestra responsabilidad. Yo soy optimista y creo que la segunda opción vencerá, pero hay que ser beligerante en la defensa de esos principios, porque no está escrito que vayan a triunfar. Es el gran tema que tenemos para los próximos 10 años.

P. En España también hay una dura confrontación política.

R. Estamos viviendo unos momentos de crispación política muy clara y a mí, como ciudadano, eso me parece mal porque además estamos crispados sobre aspectos que no son los que nos deben ocupar ahora. La crispación ni salva vidas ni crea puestos de trabajo. Es muy importante bajar el nivel de crispación y centrarnos en las cosas importantes, en los problemas que tenemos en estos momentos y lo que tenemos que pedir a los responsables políticos es que hagan ese esfuerzo de entendimiento. Pero por dar una nota positiva, cuando te acercas a instituciones que están más cerca de los ciudadanos y de sus necesidades como los Ayuntamientos, no estamos viendo esa crispación. Distintas fuerzas políticas están conviviendo e intentando solucionar los problemas más cercanos.

P. ¿Qué medidas hacen falta para reactivar la economía?

R. Yo distinguiría distintas etapas. Hay una primera que estamos finalizando, la de proteger a las personas y familias que se habían quedado sin renta y, al tiempo, preservar el tejido empresarial, que es clave para salir más rápido de esta crisis. Esta etapa creo que se ha hecho correctamente. Ahora pasamos de lo macro a lo micro, a los sectores, a los que tenemos que dar soluciones. Para ello hay que contar con la gente que entiende de esto, los empresarios que trabajan en ellos. Es fundamental dar soluciones y planes, que tengamos ideas para cada ámbito para asegurar la reactivación. Pero hay también otra tercera etapa, en paralelo. Cualquier crisis significa una oportunidad, en las crisis te atreves a hacer cosas que normalmente no harías. En Bankia lo sabemos por experiencia. Tenemos que aprovechar esta crisis para reforzar los puntos débiles de la sociedad y de la economía española.

P. ¿Qué tendríamos que hacer?

R. Debemos salir de esta crisis con unos planes para mejorar la productividad de nuestra economía. Eso pasa por muchas cosas, pero es fundamental la educación y la formación. Tenemos que preparar a nuestros ciudadanos para responder a esas nuevas condiciones del mercado laboral. Y no solo estoy hablando de los jóvenes y de la universidad, que por supuesto que sí, sino de toda la sociedad y de todas las edades porque continuamente vamos a tener que ir adquiriendo nuevas habilidades. A mí me parece que este es el proyecto más bonito, más inclusivo que puede tener la sociedad española para los próximos años. Si queremos aumentar el bienestar de los ciudadanos o les dotamos de eso o es muy difícil asegurar el futuro de la competitividad de nuestra sociedad.

P. ¿Y qué más deben hacer los Gobiernos?

R. Yo creo que es muy importante que las Administraciones trabajen en la transversalidad, en generar unas condiciones en las cuales esos cambios se produzcan. Ahí es clave todo lo referente a la formación y la educación. Además, es importante la seguridad jurídica y generar un ambiente donde se valore la promoción empresarial, y hay que crear unas infraestructuras de digitalización y de sostenibilidad, un sistema fiscal que sea justo, pero que también apoye la promoción, que sea un incentivo para captar talento e inversión extranjera.

P. Las empresas piden que no se derogue la reforma laboral.

R. La derogación total de la reforma laboral es un debate que no toca por varias razones. Aunque seguro que esa reforma tiene muchos matices, durante este periodo se han creado más de tres millones y medio de empleos y, además, en esa reforma laboral se regula la figura del ERTE que está siendo un instrumento básico para gestionar esta crisis. Por tanto, una enmienda a la totalidad no toca en ningún momento, pero menos en este, porque genera incertidumbre. ¿Hay que mejorar la legislación laboral y el mercado de trabajo? Por supuesto, pero cuando pensemos en eso, la alternativa no es ir a lo que ocurría en 2011, ahora que ha pasado tanta agua por los ríos, y los mercados y la economía han cambiado tanto. Habrá que mejorar pensando en el futuro y con un mercado laboral radicalmente diferente al que teníamos en 2011; y eso hay que hacerlo en el marco del diálogo social. Aprovechemos la experiencia de acuerdos entre sindicatos y representantes de los empresarios para lograr un mercado de futuro que sea más inclusivo en incorporación de personas.

P. ¿Hay que apoyar a las empresas o a los trabajadores?

R. Esa alternativa es absolutamente falsa. Hay que apoyar a todo el mundo y eso lo aprendimos en la anterior crisis. A la gente que ha perdido su renta la tienes que apoyar, no solo por razones sociales, sino también de equidad y de justicia. La cohesión social es un elemento clave para una sociedad. Y al mismo tiempo tienes que apoyar al tejido empresarial, porque es la única manera de que luego tengas una reacción rápida, para generar empleo, que en definitiva es bienestar para los ciudadanos. En el corto plazo, eso es evidente. Y en el medio y largo plazo, en la medida en que tengas un tejido empresarial pujante, los ciudadanos españoles tendrán mejores empleos, mejores sueldos, más valor añadido y, por tanto, la capacidad de financiar el estado de bienestar.

P. ¿Es un buen momento para implantar una renta mínima?

R. Yo defendía más una respuesta coyuntural por su complejidad, pero la visión estructural tiene sus méritos. Me parecía que no era necesario en pleno estado de alarma por las dificultades de conceptualización y aplicación. Estamos hablando de una renta mínima que no es universal y permanente sino condicional, con esa idea de que la estructura sea permanente en el tiempo para el sistema y temporal para las personas. La configuración de una renta mínima es compleja desde el punto de vista de coordinación con las comunidades autónomas y con los Ayuntamientos. Es compleja porque tienes que encontrar un equilibrio de tal manera que la gente tenga incentivos o bien para incorporarse al mercado de trabajo cuando tiene una oferta o para seguir itinerarios de formación. Y lo es también porque puede suscitar fraude y por lo tanto apoyar la economía sumergida, que es un gran drama para este país y desde ese punto de vista pues es muy difícil su definición. Es un tema muy complicado, pero José Luis Escrivá es una persona que ha trabajado en esto muchos años y le tengo un enorme respeto intelectual. Hay una tensión entre dos polos. Por un lado, tienes que asegurar la cohesión social. La gente no es consciente de lo que significa no tener cohesión social: significa violencia e inseguridad. Pero, por otro, para proteger la cohesión social no tienes que caer en la trampa de la pobreza, no puedes tener una sociedad subvencionada, que ya sabemos que no funciona. Conseguir ese equilibrio es muy complicado.

P. ¿Cómo valora la reacción europea ante la crisis?

R. Está siendo muy positiva y es importante decirlo porque es muy importante preservar ese sentimiento europeísta que tiene la sociedad española. Por un lado, el Banco Central Europeo está proveyendo de liquidez y actuando de la mejor manera para luchar contra la fragmentación del sistema financiero que tuvimos en 2012. Es fundamental el dominio que está teniendo sobre el mercado en términos de las primas de riesgo, totalmente acotadas. Y por otro, por la propuesta de la Comisión Europea de préstamos y apoyos, que es muy importante y esperemos que se plasme en un acuerdo pronto. Y al tiempo eso nos tiene que llenar de responsabilidad en la gestión de las cuentas públicas. Tenemos que hacer nuestros deberes a la vez que pedimos la solidaridad a Europa, que en este caso tiene mucho sentido porque es por un problema sobrevenido, generalizado, provocado por una crisis sanitaria. Hay una justificación racional clara.

P. Durante la crisis, Bankia ha tomado medidas de carácter social para clientes y no clientes. ¿Lo han hecho por convencimiento propio o influido por ser un banco público con un Gobierno de izquierdas?

R. Desde que llegamos a la dirección del banco hemos trabajado con profesionalidad e independencia. Ni con el anterior Gobierno ni con el actual, ni durante esta crisis, hemos tenido ninguna injerencia política. Las medidas que hemos tomado están en nuestros principios como banco. No ha habido ningún tipo de comentario del Gobierno.

P. ¿Cree que la sociedad va a valorar el papel de los bancos en esta crisis y dejarán de ser los malos, como en 2012?

R. Partimos de una situación que no es buena, pero estamos convencidos de que tenemos que echar el resto para mejorar nuestra reputación, que es uno de los grandes problemas de la banca. Ahora tenemos una gran oportunidad para mejorarla. Más allá de la aportación a fondos sociales y la condonación de comisiones, la reacción del sector en la pandemia ha sido más que notable. Somos un servicio esencial y nos hemos comportado de forma espléndida con casi el 90% de las oficinas de Bankia abiertas. Todo el mundo habla de los colectivos que han aguantado durante la crisis, pero se olvidan de los empleados de banca. Nuestro equipo está muy contento por el comportamiento del banco y sobre todo les emocionan los agradecimientos de los clientes.

P. ¿Están funcionando bien los créditos avalados por el ICO?

R. Mi opinión es muy positiva. Gracias al desarrollo digital y al esfuerzo de los profesionales de la banca se han podido formalizar miles de préstamos a autónomos y a empresas con avales del ICO, pero los créditos están en nuestro balance y los hemos gestionado a gran velocidad. De toda Europa, solo Francia ha tenido una efectividad similar a España en este campo.

P. Lleva 43 años trabajando en banca y ha vivido muchas crisis. ¿Esta es la peor por la incertidumbre que genera?

R. Es cierto que soy doctor en crisis, aunque espero que eso no signifique que soy gafe…, pero no, esta no es la peor. Al margen del dolor que ha producido, la peor fue la de 2012 porque el banco tenía problemas tremendos de capital y no se podía atender a los clientes que te pedían crédito, eso fue frustrante. Hoy hay mucha incertidumbre pero estamos ayudando a los clientes. No obstante, quedan varios trimestres que van a ser muy complejos.

P. ¿Ve una recuperación en V?

R. Coincido con los escenarios del Banco de España, porque hay muchas incógnitas. No es tan relevante que el PIB de 2020 caiga un 10% o un 12%, la clave es a qué velocidad salimos para aprovechar el 2021 y eso dependerá de lo que hagamos hasta fin de año.

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