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España aumentó el consumo energético el 1,8% en 2018 y redujo el 1,6% las emisiones de CO2

El presidente de BP advierte de la posible crleación de una burburja en torno a las renovables

José Domínguez Abascal, secretario de Estado de Energía; José Luis Rodríguez Zapatero y Luis Aires, presidente de BP España.
José Domínguez Abascal, secretario de Estado de Energía; José Luis Rodríguez Zapatero y Luis Aires, presidente de BP España.

El consumo energético en España creció un 1,8% el pasado año, con lo que continuó la tendencia que lleva desde 2015. La demanda mundial de energía crecido, a su vez, el 2,9%. De forma paralela, las emisiones de dióxido de carbono (CO2) descendieron un 1,6%, mientras crecieron un 2% en todo el mundo. esta diferencia se debe principalmente el aumento de la energía hidráulica (87,4%) y el descenso del consumo del carbón. Los datos aparecen en el informe BP Statistical Review of World Energy 2019, presentado este jueves en Madrid.

En España, el cambio más relevante en el consumo de energía se registró en la hidráulica, donde los registros de precipitaciones catapultaron la demanda de esta tecnología un 87,4%, pasando a representar un 5,6% de la energía consumida frente al 3% de 2017, récord negativo de la hidráulica. Frente a ella, el consumo de carbón, disparado en 2017 como sustituto de la energía hidráulica, cayó un 17,3% en 2017; el gas descendió un 0,8%, y la energía nuclear lo hizo en un 4,3%.

De esta forma, el mix de consumo energético en España dejó al petróleo con un 47,13% de la demanda, el gas natural con un 19,14%, las renovables (eólica y solar) con un 11,32%, la nuclear un 8,91%, el carbón un 7,87%, y la hidráulica un 5,63%.

Respecto a la generación eléctrica, esta cayó en España un 0,2%, con las energías renovables (eólicas y solar) como fuente con mayor peso en el mix de generación eléctrica (25,7%), seguida del gas natural (20,8%), la energía nuclear (20,2%), el carbón (14%) y la energía hidroeléctrica y el petróleo (5,7%).

Precisamente, respecto a la renovables, el presidente de BP España, Luis Aires, advirtió de la posible creación de una burbuja en torno a las renovables por inversiones especulativas. Dijo que los 150 GW de capacidad de generación de energía renovable instalada a nivel mundial durante el pasado año "es equivalente a las peticiones de instalación de renovables en este momento en España".

En ese sentido, el presidente del Gobierno entre los años 2004 y 2011, José Luis Rodríguez Zapatero, ha reconocido la existencia una burbuja de generación de energía renovable, aunque ha subrayado que ese crecimiento propició un "salto extraordinario" de estas tecnologías en España.

Asimismo, ha justificado esta situación en que España "tiene tendencia" en originar burbujas. "En cuanto hay un sector que se incentiva, que se prima, que hay expectativa de demanda, pues el riesgo que tienes ahí inmediato es la burbuja". "Lo sabré yo", ha apostillado.

Aumento del carbón

En el conjunto del planeta, 2018 fue un año en el que los efectos relacionados con la meteorología –aumento de la demanda de aire acondicionado y calefacción en los principales centros de demanda (EE UU, China y Rusia)– y la reversión de los movimientos cíclicos del patrón chino de crecimiento, revirtieron los avances de los años anteriores.

Así, a pesar de un modesto crecimiento del PIB y del aumento de los precios de la energía, la demanda global de energía creció un 2,9%, casi el doble del promedio experimentado en la última década (1,7%). Este factor, unido al incremento del consumo de carbón, implicaron que las emisiones de CO2 crecieran un 2%. El 64% de este incremento procedió de los países fuera de la OCDE.

El incremento del consumo se observó en prácticamente todos los tipos de combustible, creciendo la mayoría de ellos con más fuerza que la media histórica. Con un 5,3% más de demanda, el gas natural supuso casi el 45% del aumento del consumo mundial de energía, impulsado por Estados Unidos. En cambio, el impulso de las renovables, del 14,5%, fue levemente menor al que se produjo el año anterior, si bien continuó siendo, con diferencia, la fuente de energía que creció más rápidamente a nivel global.

La energía nuclear creció un 2,4%, con incrementos notables en China, que representó tres cuartas partes del crecimiento mundial, y la hidráulica aumentó un 3,2%, consecuencia del repunte de la producción en Europa. Finalmente, el carbón fue testigo de un nuevo repunte, el más acentuado de los últimos cinco años tanto en las tasas de consumo (1,4%) como en las de producción (4,3%).

La demanda mundial de petróleo se mantuvo en un escenario de relativa estabilidad, con un aumento del 1,2% a pesar de las oscilaciones de precios ocurridas a lo largo del año. Factores geopolíticos conllevaron recortes de la producción y una caída de las reservas, que provocó que los precios aumentaron hasta alcanzar máximos históricos de 85 dólares por barril.

Con todo ello, el mix energético quedó configurado de la siguiente manera: el petróleo mantuvo un peso similar al del año anterior, un 33,6%, seguido del carbón (27,2%) y del gas natural (23,9%). Las energías no fósiles supusieron un 15,2% del mix, con la hidráulica representando un 6,8%, las renovables un 4% y la nuclear un 4,4%.

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