Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El abandono del tren, un problema más allá de Extremadura

Las líneas Madrid-Soria o A Coruña-Ferrol son dos ejemplos de falta de inversiones en el ferrocarril

Dos personas aguardan la salida del último tren de Soria a Madrid el pasado 15 de enero.

Extremadura no es la única comunidad que sufre la falta de inversión en infraestructuras ferroviarias y que soporta los problemas de comunicación por un servicio deficiente de tren. Líneas como la que une Madrid y Soria o la que conecta A Coruña y Ferrol, segunda y sexta ciudades gallegas, son buen ejemplo. Los trayectos, pocos, son largos y pesados por el estado de las vías y los trenes viajan casi vacíos porque la gente elige otros medios de transporte que resultan, incluso, más baratos. EL PAÍS ha efectuado sendos trayectos en estas dos líneas.

Andén de la estación de Soria.
Andén de la estación de Soria.

Soria, en vía muerta

ÍÑIGO DOMÍNGUEZ

En la estación de Soria hay un tren, y es el único que hay, que pasa todo el día allí. Es el que llega de Madrid a las 10.40, que ya se queda en esa vía muerta hasta las siete de la tarde, para el único viaje de regreso. Solo hay estos dos horarios para ir y venir de la capital, y otros dos en sentido contrario. Ya no se ven pasar trenes en Soria, aunque durante muchos años eran tantos que la estación tiene 12 vías. Aquí rodaron doctor Zhivago y daba el pego como estación rusa. Ahora casi más, destartalada y solitaria. Pasan tan pocos trenes que Miguel, un niño, le ha pedido a su madre ir a la estación a ver uno. Era el miércoles 15 de enero y en el tren de las 19.06 se subieron ocho personas. Ninguna llegó a Madrid, salvo el periodista y el fotógrafo. Se fueron bajando en Guadalajara, Alcalá y algún pueblo. Entre los que se apeaban y los que se montaban nunca hubo más de once viajeros, en un tren de 182 plazas. Tardó tres horas hasta Chamartín. Cuesta 22,90 euros. El autobús de ALSA va y viene varias veces al día, tarda media hora menos y cuesta 16,50.

Esa mañana, en el autobús de mediodía de la línea Madrid-Soria-Logroño había 19 pasajeros, con un comentario paradójico general: “A mí me gusta más el tren…”. Y siguen: “…pero es que es mejor el autobús. Llegas antes, más barato, puedes elegir la hora porque tienes varios al día, puedes ver una película, te dan frutos secos y agua”. Lo dice, por ejemplo, Nekane Sicilia, que dejó de coger el tren a Logroño hace cinco años, cuando lo subieron de precio. Además, hay que ir en AVE a Zaragoza y hacer transbordo. El autobús parece un buen negocio, hay nueve viajes diarios. El fin de semana ponen hasta cuatro y cinco coches en cada turno.

La estación de Soria ya funciona mejor como bar. La gente va más al bar de la estación que a la estación. Con vistas al paisaje melancólico de las vías, lo han puesto bonito, hacen conciertos. Donde más gente hay es en una foto en blanco y negro de la sala de espera, del día en que se inauguró. Está toda Soria emocionada por la llegada del progreso. Ahora el jefe de estación, Carlos Arribas, tiene muy poco que hacer en todo el día. Cuenta que llegó en 1996 y ya le avisaron de que seguramente se cerraría. Y él venía ya de tres líneas castellanas que se habían ido clausurando. Señala un edificio ruinoso, donde antes se cargaban y descargaban las ovejas. “Aquí había mucho movimiento”, recuerda. Por aquí se iba a Zaragoza, a Logroño, a Pamplona. Ahora a ningún sitio. Y ni hay un bus para acercarse en una hora a Calatayud a coger el AVE. Por Soria también pasaba uno de los proyectos ferroviarios más delirantes de la historia española, el de unir Santander con Valencia: 35 años de obras, 650 kilómetros que nunca llegaron a abrirse.

“El problema es que la gente ya ni piensa en coger el tren, ya es normal hablar mal de él. No pedimos un AVE, solo un tren decente con Madrid, y otro con Zaragoza”, dice Jesús Rivera, presidente de la Asociación Soriana de Amigos del Ferrocarril (ASOAF), un grupo de aficionados que desde 2002 denuncia las carencias del tren. Explica que en los 94 kilómetros más fatídicos de Soria a Torralba, donde el tren va como mucho a 70 kilómetros por hora y dando botes, se han remodelado solo 50 kilómetros en diez años. “Y con lo que cuesta un kilómetro de AVE remodelas toda la línea”, protesta.

Carlos Vallejo y Fernando Arévalo, de la plataforma Soria ¡Ya! enumeran 30 promesas incumplidas de los políticos en los últimos años: autovías, reforma del hospital, el viejo edificio de la cárcel, el abandonado del Banco de España… Paseando por la ciudad se ven pancartas en los balcones: “Soria quiere futuro”. Hay colgados monigotes gigantes de día de los inocentes, que es como se sienten tratados. “Es que somos pocos, los 88.600 habitantes de toda la provincia cabemos en el Camp Nou”. En cambio, ni llenan el tren. Solo van los que no tienen otra opción. Como una viajera, Palmira Borque, que se apea en Alcalá: "Muchas veces voy sola en el vagón. Y a veces se pasa frío, se empieza a calentar al llegar a Madrid, aunque últimamente está mejor". Se despueblan también las estaciones: en la de Almazán acaban de quitar la taquilla. Ya solo hay una máquina. Se pasan estaciones vacías, fantasmales, que emergen en la oscuridad, apenas iluminadas por dos farolas. Por no haber, no hay ni cobertura del móvil.

“Esto es un Mercedes metido en un camino de pueblo”, lamenta el revisor. Cuenta que el tren es muy bueno, el problema es la vía. Raíles antiguos de casi un siglo. Da botes porque las juntas están cada 12 o 18 metros, y las traviesas son de madera. Y cree que no es para poner el grito en el cielo en cada retraso, como hacen los Amigos del Ferrocarril (señalan 30 retrasos de más de 15 minutos en 2018). Renfe y el Ministerio de Fomento no dan datos de retrasos e incidencias. ¿Es tan difícil que el tren tarde al menos lo mismo que el autobús y tenga varios horarios? Por lo visto sí.

Dos viajeros en un vagón de la línea A Coruña-Ferrol.
Dos viajeros en un vagón de la línea A Coruña-Ferrol.

Javier Izquierdo, secretario general de Infraestructuras del Ministerio de Fomento, explica que se debe “a muchos años de desinversión”. “La frecuencia está condicionada por el parque que hay. Hace años que no se compran trenes. Los últimos convencionales se compraron en 2008, y se recibieron en 2011. En estos años no ha habido una triste licitación de línea. Queremos cambiar eso, pero no será de la noche a la mañana”. En los Presupuestos Soria esperaba 20 millones de euros para la renovación de la línea, y al final han sido solo 800.000. Izquierdo apunta que ya hay un contrato para renovar traviesas y eliminar las limitaciones temporales de velocidad. Es verdad, por eso ahora hay obras en el puente sobre el río Izana y el servicio está interrumpido entre Soria y Almazán desde el 21 de enero al 5 de febrero. Hay que hacer ese trozo en bus. Es decir, ahora mismo no llega ningún tren a Soria, ni siquiera el último que queda.


A Coruña-Ferrol, el tren sacado de un Mortadelo

NACHO CARRETERO

A las dos y media de la tarde de un miércoles lluvioso, un tren brama al ralentí sobre la vía 1 de la estación de A Coruña. Son cuatro vagones, más de 150 plazas, pero solo hay cinco pasajeros. En el primer vagón una chica joven con auriculares mira por la ventana. En el segundo, un señor con barba blanca. En el de cola hay tres pasajeros más -un hombre y dos chicas- que charlan tranquilos.

La distancia entre ambas localidades es de 48 kilómetros. En coche, por la autopista, supone apenas 30 minutos. En autobús, 45. Si coges este tren, una hora y 18 minutos.

“Eso si llega”, puntualiza Antía Leira, de 28 años, vecina de Ferrol y trabajadora social en Betanzos. Pedro, funcionario en A Coruña y residente en Ferrol, completa: “Hace poco vi que no salía, me bajé a preguntar y un tipo me dijo que no funcionaba. Nadie me había venido a avisar”.

Por eso, entre otras cosas, el tren siempre va casi vacío. “Está completamente abandonado”, dice María Carneiro, la chica que miraba por la ventana. La media de viajeros diarios de este trayecto es de 167 personas. Esto significa que el 85% de las plazas van vacías. “Los que lo cogemos nos conocemos todos”, dice Pedro. Cuenta otro pasajero veterano, ya en Ferrol, que hace años el maquinista, a veces, paraba a petición de los viajeros. Casa por casa.

Actualmente, durante el recorrido, el tren para 15 veces. “Si es que para”. Antía, que lo coge en Betanzos, vuelve a apostillar. “A veces se salta paradas. O para, pero las puertas no funcionan y no abren. Así que vuelve a arrancar y te pasas. Y como la mitad de las veces no hay revisor, pues no puedes hacer nada”. Lucía responde: “Sí que puedes. Yo, si no me abren, tiro del freno de emergencia. Estoy harta”. Pedro ríe, resignado. “Es que parece una broma, parece un tren sacado de Mortadelo y Filemón”. “Un día tuvimos que bajar por la cabina del maquinista”, cuenta Antía.

Viajar en tren de A Coruña a Ferrol es una aventura. Tan absurdo que coruñeses que estudian en Ferrol y viceversa tienen que buscar piso o residencia para mudarse. A pesar de estar a solo 48 kilómetros. Las alternativas son el autobús o el coche particular. Pero el tren es mucho más barato. Seis euros el billete.

“A mí viajar en tren me supone ahorrar unos 400 euros al mes, así que no puedo cambiarlo. Lo que pasa es que es imprevisible. Puede pasar de todo. Más de un día he llegado a trabajar a las 12 de la mañana, o me he quedado aquí metido cinco horas. Y varias veces nos hemos quedado parados en una cuesta porque el tren no podía subir”, dice Pedro. Desde septiembre ya son 20 las veces que el tren no ha pasado, dejando tirados a los pasajeros.

“Supongo que hay zonas que siempre estarán abandonadas, que no importan a nadie”, dice Pedro. En Galicia, la Xunta ya ha prometido varias inversiones para mejorar esta línea. Pero no parece que ninguna de ellas se vaya a hacer efectiva. Así que, de momento, coruñeses y ferrolanos seguirán tan cerca y a la vez, por culpa del tren, tan lejos.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información