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OPINIÓN i

La actividad de seguros emergente

Recientemente se han publicado cifras de la actividad de seguros a nivel mundial en 2017. La dinámica que refleja la evolución de las primas ingresadas por las compañías aseguradoras, ya casi cinco billones de dólares anuales, es bien interesante y viene explicada por factores tanto estructurales como coyunturales.

El primer hecho llamativo es que, con cierta perspectiva histórica, el crecimiento del volumen de primas ajustado por inflación sigue siendo bajo. Apenas un 1,5% de crecimiento el último año, similar por tanto al crecimiento medio de la década 2007-16 en el que impactó la última gran crisis económica y financiera. Lejos, en definitiva, de las muy superiores tasas de las dos décadas previas. Este fenómeno esconde no obstante en la práctica realidades muy distintas, tanto en su evolución por geografías como por la que definen los dos grandes ramos de la actividad (vida y no vida).

La descomposición por geografías arroja un crecimiento negativo en términos reales en los países avanzados, que es contrarrestado por crecimientos muy elevados, de dos dígitos, en los países emergentes. Sólo el hecho de que el peso de la actividad aseguradora en estos es aún reducido propicia tan magro crecimiento global. En cualquier caso, el 20% que ya suponen las primas de seguros en las economías emergentes en el total mundial significa un avance colosal de esta actividad en dichos países, dado que su relevancia era insignificante hasta hace apenas una década. El mejor exponente es el caso de China, que no sólo representa la mitad del negocio de este conjunto de países, sino que actualmente es ya, tras Estados Unidos, el segundo mercado asegurador del mundo. La baja penetración todavía del seguro en los emergentes garantiza en el futuro el avance reseñado.

En la descomposición de la actividad aseguradora entre vida y no vida se encuentra buena parte de la explicación de su limitada expansión en los países avanzados en estos últimos años. En efecto, mientras la recuperación de la actividad económica de los últimos años ha propiciado una expansión paralela de los seguros de no vida en sus mercados ya maduros, esto no ha ocurrido en el ámbito de los seguros de vida. Antes al contrario, estos últimos han venido mostrando no sólo un estancamiento sino que incluso han declinado también recientemente como consecuencia de un fenómeno que no va a ser fácil de gestionar: los bajos niveles de tipos de interés y las perspectivas de que estos se mantengan en el tiempo. Ya veremos si, como parece razonable, su potencial de desarrollo se concreta en el contexto venidero de incapacidad de los sistemas públicos de pensiones para dar respuesta suficiente al déficit de ahorro previsional que el marco demográfico, con bajas tasas de natalidad y una longevidad creciente, impone a las economías avanzadas.

Iratxe Galdeano y Daniel Manzano son socios de Afi y profesores de Afi Escuela de Finanzas

 

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