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Un coche 'low cost'

Recorrer cien kilómetros en vehículo eléctrico puede costar entre uno y tres euros. La electricidad sube pero también el petróleo, por lo que la relación entre consumo de kilovatios/hora y gasto es insuperable.

El cálculo del gasto de un coche eléctrico es, a priori, fácil: hay que multiplicar su consumo de kilovatios/hora (kWh) cada cien kilómetros por el precio de ese kilovatio. Sin embargo, la cifra puede variar por distintas razones: fluctúa según el tramo horario, el día o incluso la época del año. Ahora que se acerca el invierno y la caída de las horas de luz obliga a un uso mayor de la electricidad, conceptos un tanto abstractos como mercado eléctrico o subasta diaria vuelven a resonar sin tener muy claro qué significan más allá de que afectan decididamente a la factura de la luz.

Por ello, y como el movimiento se demuestra, en este caso, rodando, esta sexta etapa de la II Vuelta (Eléctrica) a España sirve para poner números al recorrido realizado entre Mérida (Badajoz) y Cáceres: los 74 kilómetros que separan ambas ciudades suponen 11,1 kWh consumidos. Considerando que el vehículo de esta etapa se ha cargado con una tarifa eléctrica de 0,059 euros el kWh, el gasto ha sido de 0,66 euros. Si nos basamos en las tarifas estándares (es decir, que no aplican descuento alguno), el precio por recorrer cien kilómetros en un vehículo eléctrico se situaría en entre uno y tres euros.

De 0,66 céntimos a 4,95 euros

A nadie se le escapa, sin embargo, que la subida de la luz es también algo real: si se compara el mes de julio de este año con el de 2017, los consumidores hemos pagado un 8% más por la electricidad. Una subida que se une también a la del petróleo: los españoles pagamos, durante la operación retorno de este verano, un 12% más en gasolina y un 15% más en gasóleo respecto a la misma operación en 2017. Una subida bastante mayor que, unida al mayor consumo energético de los motores de combustión, hace que llenar el depósito sea considerablemente más caro que recargar un coche eléctrico. Nuestro recorrido es, otra vez, una prueba palpable: si hubiéramos utilizado un coche de gasolina, el gasto en carburante hubiera alcanzado, tirando por lo bajo, a los 4,95 euros.

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Con esa tranquilidad encaramos el inicio de la etapa en el Puente Romano de Mérida, considerado el más largo de la antigüedad y levantado sobre el río Guadiana en el siglo I a.C. Tras abandonar el núcleo urbano llegan los campos repletos de encinas que alimentan con sus bellotas a los cerdos de pata negra y que suponen no solo un importante revulsivo económico para Extremadura, sino también que el producto sea conocido como una auténtica delicatessen en todo el mundo. Además, la lluvia da una tregua y permite discurrir con tranquilidad y escuchar atentamente a José Juan Bocarando, secretario territorial de Sostenibilidad de Endesa en Andalucía y Extremadura y que conduce el coche eléctrico de la etapa extremeña de la vuelta. Su experiencia personal ratifica lo hasta ahora expuesto: a diario conduce un coche eléctrico y, según sus cálculos, llega a ahorrar unos 2.880 euros al año en combustible. Casi sin darnos cuenta llegamos a Cáceres, otro auténtico regalo monumental. Parece increíble que, por menos de un euro y en apenas una hora, estemos disfrutando de dos lugares Patrimonio de la Humanidad.

Portugal, motor del coche eléctrico en Europa

Un coche 'low cost'

B.U.

Por primera vez, la Vuelta (Eléctrica) a España sale de territorio nacional para adentrarse en Portugal y realizar un recorrido urbano por Lisboa, su capital. No es casual: el luso es uno de los 10 países de Europa con mayor penetración del coche eléctrico. Solo en los cuatro primeros meses de este año se matricularon 1.184 nuevos vehículos eléctricos en él, un 170,9% más que en el mismo periodo del año anterior.

El crecimiento se apoya, en parte, en la gran infraestructura de recarga ya instalada por todo el país. En 2009 la empresa pública Mobi.e inauguró por todo lo alto una de las redes de puntos de recarga más ambiciosa del momento en todo el mundo. Tras un tiempo de funcionamiento a medio gas por la crisis financiera, el Ejecutivo portugués ha vuelto a apostar por ella y, aparte de modernizar la red actual, ha sumado nuevos puntos rápidos de recarga de hasta 50 kW hasta superar los 1.700 postes. A cambio, el servicio de carga, que hasta ahora era gratuito, ha pasado a ser de pago. Una tarjeta disponible en Internet es el pasaporte para que cualquiera pueda enchufar el coche a los postes y recargar su depósito. El despliegue supone una convincente llamada a todos los conductores que se planteen ir de vacaciones a Portugal, destino recurrente entre los españoles. Pero, sobre todo, representa un buen ejemplo del apoyo inicial que exige el despliegue de estas infraestructuras a los gobiernos, al menos en una primera fase hasta cubrir el territorio nacional.

Grandes reservas de litio

A esto se añade una importante ventaja del subsuelo portugués: es uno de los 10 países del mundo con mayores reservas de litio, el deseado mineral que sirve de base a las baterías modernas. El Gobierno quiere aprovechar esa favorable posición para convertirse en uno de los principales productores europeos. Las 60.000 toneladas métricas con las que cuentan han hecho que el Ejecutivo de António Costa haya empezado a trabajar ya en las primeras licitaciones para la prospección de este mineral. Superada esta primera fase empezará la explotación, a la que seguirán planes ambiciosos para crear toda una industria en torno al litio. Y eso incluye nuevas propuestas industriales como centros de montaje de baterías, por ejemplo.

Esta noticia, patrocinada por Endesa, ha sido elaborada por un colaborador de EL PAÍS.

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