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Macron acepta la interconexión eléctrica pero pone reparos al gasoducto

Francia, Portugal y España asumen llegar al 15% de capacidad de intercambio en 2030

Macron,Costa y Sánchez, durante la rueda de prensa.
Macron,Costa y Sánchez, durante la rueda de prensa. AFP

Los mandatarios de Francia, Portugal y España, Emmanuel Macron, António Costa y Pedro Sánchez, firmaron este viernes la Declaración de Lisboa, una hoja de ruta para alcanzar en 2030 el objetivo de un 15% de interconexión eléctrica fijado por la UE. En cambio, debido al recelo de Francia, no consiguieron avanzar en la interconexión gasista. “Solo si tiene sentido, se hará”, advirtió Macron.

La segunda cumbre de interconexión eléctrica (la primera se celebró en 2015 en Madrid) cimentó el camino para romper el secular aislamiento de la Península Ibérica, que sigue siendo en gran medida una isla energética, lo que le impide beneficiarse del mercado único de la energía y hace que la factura que pagan sus consumidores esté entre las más caras de Europa.

El comisario de Acción por el Clima y Energía, y la vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones, Emma Navarro, ambos españoles, acudieron también a la capital portuguesa, donde se firmó el acuerdo para subvencionar con 578 millones la línea eléctrica que cruza el golfo de Vizcaya. Este cable, de 280 kilómetros y 1.900 millones de coste, que duplicará la capacidad de interconexión entre España y Francia cuando esté operativo en 2025, ha recibido la mayor subvención otorgada hasta ahora a un proyecto de infraestructura energética de la UE.

Aunque la situación empezó a mejorar en 2015, cuando se inauguró la línea de muy alta tensión a través de Girona, la capacidad de intercambio entre España y Francia es actualmente de 6.000 megavatios, menos del 6% de la generación de energía eléctrica, y no alcanzará el 10% previsto para la UE para 2020. Lo que se pretende ahora es recuperar el tiempo perdido y llegar una década después al 15% que fija el reglamento sobre gobernanza de la Unión de la Energía recientemente aprobado.

Francia se ha opuesto tradicionalmente a la ampliación de las interconexiones con España, poniendo trabas a la ejecución de los proyectos, aunque públicamente los aceptaba. Esta situación cambió en el invierno de 2017 cuando, con un tercio de su parque nuclear paralizado y una intensa ola de frío, se vio obligada a importar energía eléctrica desde España.

Además de la línea del Golfo de Vizcaya, hay proyectos de interconexión a través de los Pirineos, por Navarra y Aragón, aunque en fase incipiente, y en 2021 debe entrar en servicio la línea entre Ourense y el norte de Portugal, que permitirá al país vecino alcanzar un 10% de interconexión. Portugal está impulsado, además, un línea directa con Marruecos cuyo coste ronda los 700 millones.

Fuentes de Moncloa subrayan que, más allá de su contenido técnico, la cumbre de Lisboa, que sigue el camino iniciado en Madrid en 2015, lanza un mensaje político de integración en un momento en que el proyecto europeísta está amenazado por el avance de eurófobos y populistas. Además,  el mercado único de la energía es un elemento un imprescindible para cumplir el acuerdo de París contra el cambio climático de 2016.

Pero si la declaración de Lisboa despeja el camino hacia la interconexión eléctrica, los párrafos que dedica a la gasista son como poco gaseosos. Macron dejó claro que Francia no apoyará la construcción de gasoductos a menos que se demuestre su necesidad y solo como alternativa transitoria a las centrales de carbón, que se propone cerrar en 2022

Cañete ha recordado que la interconexión gasista de la Península Ibérica es del 16%, mientras que en los países centroeuropeos llega al 300% y que la diversificación del suministro, en alusión a la dependencia del gas ruso, es imprescindible para garantizar la seguridad energética.