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OPINIÓN

Un necesario respiro para el sector constructor

La falta de márgenes sanos y la mayor productividad en la actividad constructora condiciona, y mucho, la capacidad de las empresas de invertir en innovación

Llevamos meses escuchando y leyendo todo tipo de titulares que auguran un excelente porvenir para el sector inmobiliario. Las grandes compañías surgidas tras la crisis gracias a la inversión de fondos extranjeros o aquellas que han logrado recuperar las cifras y actividad del pasado lanzan de manera habitual sus proyecciones con cifras que respaldan esa sensación de que el sector va camino de recuperar mucha parte de su esplendor.

A esto hay que sumar las buenas perspectivas económicas, una mayor confianza del consumidor en el sector inmobiliario, en máximos desde 2012, o un incremento de la demanda de nueva vivienda que, en diferente grado, va consolidándose en todo el país de forma clara y constante.

Estas buenas noticias para el sector promotor lo deberían ser en igual medida para el constructor, ya que es quien lleva a cabo la ejecución de los proyectos. Pero a la luz de los datos, no parece que la realidad sea así.

Si observamos titulares de prensa especializada estos días, nos encontraremos con la quiebra de Carillion en Reino Unido o los problemas de rentabilidad de Skanska en Suecia. Y si revisamos algunos de los últimos estudios sobre el sector a nivel mundial, veremos cómo la falta de márgenes sanos y mayor productividad en la actividad constructora condiciona, y mucho, la capacidad de las empresas de invertir en innovación y en mejora.

En España, la construcción juega una función esencial en el PIB como claro generador de empleo directo y de actividad para otras industrias y subsectores. Es un sector maduro, muy profesional y que sabe trabajar con una enorme calidad, llevando a cabo proyectos realmente complejos.

En ACR Grupo hemos elaborado un estudio en el que se refleja cómo desde hace un año y medio se está produciendo un aumento muy claro en los costes directos de la actividad de construcción, subida que repercute en un 85% de los costes de las obras y que, en los últimos seis meses, se ha recrudecido de forma especial. Hablamos de una subida interanual del 12,1%, y de un 17,5% en los últimos 24 meses. Además, nos encontramos con una clara falta de capacidad de producción en las industrias auxiliares y los gremios, así como de profesionales cualificados con experiencia suficiente.

Este panorama está produciendo retrasos en el desarrollo de las construcciones, incremento en los costes y disminución en la calidad de entrega. Y eso deriva en unos márgenes inasumibles si ponemos en la balanza el volumen de riesgo que se gestiona en los proyectos, la cantidad de recursos involucrados y la complejidad de ejecución que suponen.

Desde nuestro sector tenemos mucha tarea por hacer para cambiar este escenario. Formación para una mayor cualificación de los oficios que intervienen en las obras, inversión en tecnología, digitalización e innovación en sistemas constructivos, mejora del impacto ambiental, industrialización y también búsqueda de tamaño como vía de mayor eficiencia y productividad.

Pero pensar que esto lo podemos hacer solos sin la involucración de nuestros clientes es engañarse. Este aumento de costes junto con la falta de capacidad de producción se traduce en un estrechamiento o desaparición de los márgenes exclusivamente en una parte de la cadena de valor, lo cual es un escenario poco sostenible.

Debe cambiar el modelo de relación con los clientes, buscando en primer lugar poder garantizar la calidad del servicio y el cumplimiento de los compromisos adquiridos con ellos. Si el problema es la fluctuación de precios, se debe abordar de una manera conjunta y buscar soluciones que nos permitan disminuir su impacto a través de fórmulas contractuales más colaborativas, de manera que ambas partes apuesten por la estabilidad a medio plazo. Podemos aprender de otros sectores con bajos márgenes, donde las ganancias de productividad y mejoras en los procesos se logran involucrando a todas las partes y no sólo a aquella que tiene la capacidad de producción.

Junto a esto, se hace imprescindible una reforma de la normativa actual, que implica largos y complejos procesos administrativos que redundan en un alargamiento de los plazos y, en consecuencia, en mayores costes e incertidumbre tanto para las compañías como para el cliente.

Muchos apuestan porque el sector inmobiliario está en la senda de convertirse en un sector más maduro, más estable, cíclico pero con fluctuaciones menos acusadas, con un capital más estable y con empresas muy profesionalizadas. Lo mismo que ha ocurrido en otros países más avanzados. Para este escenario tan deseable, contar con partners adecuados con la necesaria capacidad de ejecución en la actividad de construcción resulta un factor imprescindible en esa búsqueda de madurez y estabilidad. Y para ello, en la construcción como en toda actividad empresarial, debe existir un balance claro entre rentabilidad y riesgo, lo cual a día de hoy no sucede.

Michel Elizalde es consejero delegado de ACR Grupo