Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Muere el fundador de Ikea, Ingvar Kamprad, a los 91 años

"Falleció en calma en su casa" en el sur de Suecia, según el anuncio realizado por la firma

Ingvar Kamprad, fundador de la cadena Ikea, en una imagen de 2006.

Llevaba años retirado en su encantadora casa de Småland (sur de Suecia), una vivienda sencilla en la que se había permitido un único lujo: una piscina donde antaño cerraba acuerdos comerciales con los proveedores. “No vuelo en primera clase, y los ejecutivos de las tiendas tampoco”, sentenciaba a menudo Feodor Ingvar Kamprad (Suecia, 1926). Compraba ropa de mercadillo, se alojaba en hoteles baratos y no le importaba adquirir productos a punto de caducar. El fundador de Ikea fallecía el sábado “en calma y rodeado por sus seres queridos”, según una nota de la empresa. El testamento no se ha hecho público.

Fue uno de los cada vez más escasos milmillonarios construido a sí mismos, en su caso obsesionado por la democratización del diseño y la eficiencia, no por una vida de lujo y ostentación. Forbes lo llegó a señalar como la tercera persona más rica de Europa, y Bloomberg estima su fortuna en 47.200 millones, pero él no estaba pendiente del dinero más que para ahorrarlo. Nacido en el seno de una familia pobre, con cinco años vendía cerillas, semillas y bolígrafos a sus vecinos y con solo 17 años fundó la empresa uniendo sus iniciales (I.K.), con las dos primeras letras de Elmtaryd y Agunnaryd, la granja y el pueblo donde creció. En un principio contaba con proveedores locales, y tras seis años fue capaz de lanzar su primer catálogo (1951). Autodidacta en diseño, la primera exposición de muebles la abrió en Älmhult (Suecia) en 1953 y la primera tienda, en 1958.

Austero hasta el límite ("No creo que haya una sola prenda de las que me pongo que no haya sido comprada en un mercadillo de segunda mano. Eso significa que quiero dar buen ejemplo", decía), le gustaba pasear por bucólicos bosques y recomendaba a todos los empleados seguir los valores de la firma. Nunca ocultó, como recuerda el New York Times, su afición al alcohol, que decía tener controlada con tratamientos depurativos varias veces al año.

Su política de ahorro de costes, más allá de los buenos precios, descansó en el automontaje de muebles y los paquetes planos, que son un concepto clave del grupo. El empresario logró una red de 350 tiendas en 29 países con ventas de 36.300 millones e imprimió unos valores que recomienda compartir a sus 190.000 trabajadores. En 1986 dejó la dirección de Ikea para seguir como asesor y en 2013 anunció su decisión de abandonar el consejo de administración, que dejó en manos de uno de sus tres hijos, Mathias. Los otros dos cuentan con responsabilidades específicas en el grupo. Dos años antes había muerto su segunda mujer, Margaretha Sennert, con la que se casó en 1963. Su única visita pública a España fue en 2006, cuando tenía 80 años. Los que estuvieron con él recuerdan que apareció en una de las tiendas a las 5:45 h. de la madrugada para hablar con los camioneros que descargaban material. No se retiró hasta pasadas las cinco de la tarde y durante toda esa jornada lo vieron sentarse solo dos veces.

Pasado fascista

De lo que siempre se arrepintió fue de su pasado como simpatizante del fascismo, una revelación descubierta en 1994 por el periódico de Estocolmo Expressen. Su nombre figuraba vinculado al de Per Engdahl, un fascista sueco, y a su movimiento de extrema derecha. “Fue el error más estúpido de mi vida”, reconoció Kamprad, argumentando que había sido influido por una abuela alemana y por la visión de una Europa “socialista no comunista”. También fue muy criticada su decisión de vivir en Suiza desde 1976 para evitar los elevados impuestos suecos, aunque en 2014 fijó su domicilio en su país después de una reorganización del grupo.

Su obsesión por el ahorro quizá se acabó proyectando demasiado en su imperio. En diciembre del año pasado, la Comisión Europea dio a conocer una investigación sobre la estrategia de Ikea para reducir el pago de impuestos en Europa. El Ejecutivo comunitario está estudiando dos trajes fiscales a medida que Holanda ofreció a la multinacional y que erosionaban sustancialmente —uno de ellos aún se aplica— los beneficios sujetos a tributación. Un estudio de Los Verdes en el Parlamento Europeo, que propició esta investigación, estima esos supuestos beneficios fiscales en 1.000 millones de euros. Frente a ello, el grupo recuerda que uno de sus principios es "hacer negocios de forma responsable" como única vía "para conseguir un negocio rentable". El grupo pagó, en su último año fiscal, 825 millones de euros a nivel mundial en Impuesto de Sociedades, lo que equivale a un tipo impositivo efectivo del 24,9% (frente al 21,6% de 2016). La declaración de impuestos total, incluyendo otros impuestos y aranceles como los impuestos inmobiliarios, medioambientales y arancelarios ascienden a unos 1.260 millones de euros.

Más información