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Del gules al ‘pantone’: Así se fabrica la moneda de colores del cumpleaños del Rey

La Fábrica de Moneda y Timbre une artesanía y tecnología para acuñar la pieza de 30 euros con la que celebra el 50 aniversario de Felipe VI

Anverso (derecha) y reverso de la moneda conmemorativa del 50 cumpleaños del Rey Felipe VI.

Del azur, el gules o el sinople al Pantone o al láser. La heráldica tiene su aire, romántico, pausado, altivo; y los nuevos tiempos, el suyo, aséptico, técnico, veloz. Y ambos se funden estos días en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, en Madrid. Allí se está acuñando una moneda conmemorativa para celebrar el 50 cumpleaños del Rey Felipe VI. Es una pieza de 18 gramos de plata de 33 milímetros de diámetro con un valor facial de 30 euros que guarda su secreto en la parte de atrás. Es decir, en su reverso, en su cruz. Porque en la cara, el anverso, cómo no, está el Rey, su perfil. Por detrás, en cambio, luce su escudo de armas. Y a todo color.

Es en el escudo donde el gules (el color rojo en la heráldica), el azur (azul), el sinople (verde) o el púrpura (violeta) se han transformado en los pantones 186, 301, 3425 o 259 (por la multinacional estadounidense Pantone, considerada como la Real Academia mundial de los colores). Según explicó Rafael Feria, director del Museo de la Real Casa de la Moneda, cuando Felipe VI definió su escudo de armas –diferente al de su padre, Juan Carlos I- decidió fijar de una vez los colores de los distintos elementos del escudo. Y lo ejemplifica: “Él eligió el púrpura para el león del reino de León –en el de su padre, es rojo- y hay algunas representaciones en las que parece el primo de la pantera rosa”. Para evitarlo, nada mejor que una lista de pantones.

Del gules al ‘pantone’: Así se fabrica la moneda de colores del cumpleaños del Rey

Las encargadas de aplicar el pantone correspondiente al castillo del reino de Castilla, el león del de León, los cuatro palos del de Aragón o las cadenas del de Navarra son dos impresoras japonesas algo más grandes que un piano de pared que se tragan unas bandejas con 280 monedas, que previamente han colocado una a una cuatro empleados de la FNMT, y las suelta a los 20 minutos perfectamente coloreadas. Estas impresoras colorean las monedas gracias a unos diminutos aerógrafos que, guiados por láser, rocían de tinta la zona asignada con una precisión microscópica y la dejan seca mediante rayos ultravioleta. En tres pasadas, la moneda queda teñida, según explicó Rafael Tejero, ingeniero de proyectos de la FNMT.

Esta no es la primera moneda de colores que sale de la Fábrica de Moneda. La primera, de 2015, representaba el cuadro La primavera, del pintor renancentista Giuseppe Arcimboldo, ese que pintaba retratos hechos de frutas o flores. Pero gracias a las dos impresoras, valoradas en unos 45.000 euros cada una, la pieza conmemorativa del 50 cumpleaños de Felipe VI sí será la primera gran tirada de una moneda a color. En función de las reservas, que los interesados ya pueden hacer en los bancos, se hará un máximo de un millón de piezas. “No se llegará”, admite Feria, que calcula, por experiencia, una demanda de unos 350.000 ejemplares.

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Antes de pasar por la ducha de color, no obstante, cada una de las monedas ha pasado por un largo proceso que comenzó más o menos en abril, cuando se informó a la Casa del Rey de la intención de hacer una moneda conmemorativa y se enviaron los primeros diseños. Aprobados por la Casa del Rey, se pasó a la fase de modelado, que también une procesos de última tecnología con otros realizados a mano. Por ejemplo, el relieve del perfil de Felipe VI, que se modela en plastilina –no la de los escolares- y se retoca con buriles para luego ser rematado y escaneado por ordenador. En esta fase se realiza también la imagen latente, una invención de la FNMT que consiste en un grabado holográfico que ofrece distintas imágenes según desde donde se mire. La moneda de 30 euros tiene una latente de cuatro imágenes.

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Reducido electrónicamente el modelo, de unos 15 centímetros, al tamaño de una moneda, el diseño se pasa a troqueles positivos (en relieve) y negativos (en hueco). Esos cilindros metálicos son los que se acoplan a una prensa para la acuñación. El metal liso es golpeado tres veces por una prensa que le aplica una presión de 140 toneladas y que acuña 300 monedas por minuto.

En este momento es cuando la moneda está lista para el baño de color, tras el cual, de nuevo hombre y máquina se dan la mano. La una embolsa las monedas en tiras de plástico llamadas condoneras; el otro, las mete en pequeñas cajas de cartón de cien en cien. Allí esperan a los clientes.

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