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El auditor de los humos industriales

Factor CO2 ayuda a gobiernos y compañías a adaptarse al cambio climático e intermedia con el carbono

Uno de los eslóganes de la feria más famosa del caucho en Alemania decía hace unos años: “El plástico no contamina, contaminas tú”. Ese principio de responsabilidad es el mismo que Europa ha aplicado a las instalaciones industriales desde que, a mediados de la década pasada, creó el mercado del carbono, un método de asignación de derechos de emisión de CO2 basado en la subasta. Desde entonces, y más allá del puñado de sectores que reciben gratuitamente el permiso para emitir gases contaminantes, la empresa que quiera ensuciar la atmósfera debe comprar esa posibilidad. El precio, oscilante, ronda los siete euros por tonelada de gases emitida.

Oficinas de Madrid de la empresa Factor CO2.
Oficinas de Madrid de la empresa Factor CO2.

Cuando se creó el mercado en España pocas empresas sabían lo que eso significaba. Un grupo de firmas dedicadas al medio ambiente y profesionales del cambio climático idearon entonces la plataforma de intermediación Factor CO2, una pyme vasca que pasó de facturar medio millón en 2004 a 28 millones en el último ejercicio. Eso les ha reportado el reconocimiento de la Bolsa de Londres como una de las mil pymes europeas “con más proyección” por su gran crecimiento.

La firma sigue manteniendo una estructura modesta: seis socios trabajadores y 42 profesionales, aunque su negocio ya no está solo en España. Tienen oficinas en diez ciudades de ocho países gracias a que han combinado un crecimiento rápido con la diversificación de su oferta. A la intermediación en el mercado de emisiones, que también realizan en Alemania e Italia, añadieron el área de consultoría, que ahora genera el 70% de sus ingresos. Con ella han conseguido ganar licitaciones internacionales importantes de organizaciones multilaterales. “Estamos realizando el programa de adaptación al cambio climático en Costa Rica. También trabajamos en un proyecto para saber cuáles van a ser las necesidades de energías renovables de Uruguay y Argentina”, enumera Kepa Solaun, socio fundador.

Su plan más importante está en Eslovaquia. “Actuamos como agentes de una financiera que es el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo. Facilitamos financiación a bancos locales para proyectos de eficiencia”. También miden la huella de carbono: lo han hecho con Atlantic, que se dedica al transporte de gas natural licuado en Trinidad y Tobago, un país donde acaban de abrir una oficina. “El gobierno de Trinidad y Tobago, como muchos Estados en vías de desarrollo, está empezando a exigir a las empresas este cálculo de emisiones, y con el paso del tiempo estos informes se transforman en una herramienta de gestión, porque descubres ineficiencias, analizas el ciclo energético”.

En Ecuador ese mismo esquema les sirve para verificar lo que contaminan 18 empresas de semillas, flores, plásticos, madera, cacao, camarón, aceite vegetal, atún y banano que tienen que adaptarse a las legislaciones de EE UU y europea para poder exportar. Y en Bogor (Indonesia) buscan cómo alcanzar un modelo de ciudad bajo en carbono y adaptado al cambio climático. En España, con la Oficina Española de Cambio Climático, trabajaron en un proyecto llamado Adapta para el sector energético. Concluyeron que habrá menos recursos hídricos disponibles para generación hidroeléctrica y las empresas tendrán que afrontarlo.

Kepa Solaun, socio de Factor CO2.
Kepa Solaun, socio de Factor CO2.

Es, en suma, un negocio que cambia con un clima cada vez más agresivo e imprevisible. Desde la creación en 2010 del Fondo Verde del Clima (GCF, por sus siglas en inglés), un mecanismo para ayudar a países en desarrollo, el componente financiero se ha vuelto fundamental para este tipo de empresas. Ellos han tenido que construir su modelo sobre la marcha, a veces esquivando momentos complicados dentro de su sector. Como el que implicó a las otras dos plataformas españolas de intercambio de derechos de emisiones en un fraude tipo carrusel para evadir el pago del IVA. El caso se instruye en la Audiencia Nacional y aún no hay fecha para el juicio, pero afecta a cinco tramas en varios países. “No entro a valorarlo, lo que sí creo es que empresas de nuestro sector deben ser especialmente cuidadosas en temas éticos”, despacha Solaun.

En su pyme se han enfocado al negocio del cambio climático, “lo que ahora es probablemente la principal actividad de la empresa”. En 2007 crearon una filial dedicada al trading de CO2; en 2009 empezaron en el área de energías renovables con la adquisición de la filial de la holandesa Cofis para desarrollar trabajos de eficiencia energética. Sus últimas grandes apuestas han sido la creación de Meteoclim con una spin off de la Universidad de las Islas Baleares, que trabaja en temas de meteorología y climatología (herramientas de información y productos de software) y Metroeconómica, una iniciativa con profesionales de economía ambiental y políticas públicas.

Compiten con consultoras internacionales de nicho alemanas y con las grandes consultoras generalistas. Ahora se preparan para dar un nuevo salto: la directiva europea sobre los Mercados de Instrumentos Financieros (conocida como Mifid II), convertirá en un activo financiero el dióxido de carbono a partir del año que viene, lo que los obligará a transformarse “en una agencia de valores supervisada por la CNMV”. Para ello necesitan cumplir unos requisitos de capital e invertir en sistemas de información. “Después de lo que ha pasado en el mundo financiero, un poco más de control se agradece”, sonríe Solaun.

Menos derechos

El último informe de la CE sobre el mercado de emisiones califica el sistema de subastas de “herramienta emblemática”, para combatir el cambio climático y subraya su éxito en la primera década larga de funcionamiento. El sector lo corrobora. “Estamos viendo que se pasa de un esquema excedentario en su conjunto, con más derechos disponibles que necesidades, a un esquema deficitario. Y caminamos hacia un sistema más deficitario todavía”. Lo anterior está obligando a la industria a invertir en procesos menos contaminantes. “Estamos pasando de operaciones al contado a compraventas a futuro donde ganan importancia los intermediarios. De operaciones OTC [realizadas entre grandes empresas fuera de los mercados organizados] se está dando paso a una situación donde las plataformas ganan en importancia”. La suya, dicen, crecerá a un ritmo del 10% en los próximos años.