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China se suma al tirón del coche ‘verde’

El gigante asiático pretende encabezar la revolución del automóvil con un fuerte impulso a los vehículos eléctricos

Zona experimental de vehículos eléctricos de Shanghái.
Zona experimental de vehículos eléctricos de Shanghái.

En los próximos 15 años el sector de la automoción va a vivir más cambios que en todo el último siglo”. El presidente de Ford para la región Asia-Pacífico, David Schoch, no tiene dudas al respecto. Y el consejero delegado de BMW en China, Olaf Kastner, tampoco: “En las últimas décadas no ha habido innovaciones disruptivas en esta industria, pero ahora estamos en los albores de una nueva era”. Es la que abre el vehícu­lo eléctrico totalmente conectado —tanto con los dispositivos digitales de su conductor como entre sí y con la infraestructura por la que viaja—, que es el paso previo antes de la llegada del coche autónomo, la gran revolución que se prevé para 2025.

Los directivos que se dieron cita en el Foro Anual de China sobre la industria de la automoción, que organiza la China-Europe Business School (CEIBS) en Shanghái, también concuerdan a la hora de señalar al gigante asiático como foco de grandes innovaciones en esta nueva etapa. Por un lado, porque es el país en el que más vehícu­los se venden —en 2016 se espera que sean más de 20 millones en un mercado que mueve 1,3 billones de yuanes al año (175.000 millones de euros)— y porque el Gobierno está impulsando activamente el vuelco hacia los automóviles híbridos y eléctricos. Todas las marcas ofrecen ya un nutrido catálogo de vehículos limpios, y muestra de su buena acogida es que se pueden ver cargando en electrolineras y en precarios enchufes que cuelgan hasta de los árboles por todo el país.

Por otro lado, la fortaleza de China reside en el hecho de que es el país con mayor número de internautas —688 millones que serán 1.100 millones en 2020— y pionero en el desarrollo de soluciones de conectividad. “Hasta ahora, la tecnología debutaba en Occidente antes de ser adoptada por China. En la era de Internet, sin embargo, muchas innovaciones nacen en China porque las exigen sus clientes. Las economías de escala facilitan ese vuelco, ya que la innovación requiere de invención pero también de éxito comercial”, señala el presidente de Continental China, Ralf Cramer. “Nosotros ya tenemos 2.000 ingenieros en China, y pronto duplicaremos esa cifra. Porque ahora son las innovaciones en este país las que se extienden por el mundo”.

Fábrica de Geely, en China, que hace unos años adquirió Volvo.
Fábrica de Geely, en China, que hace unos años adquirió Volvo.

Además, China cuenta con 104 ciudades de más de cinco millones de habitantes, en las que es especialmente necesario encontrar soluciones a los problemas que plantean los vehículos tradicionales de combustión: contaminación, accidentes, congestión y falta de productividad. “Son asuntos en los que tanto las nuevas energías como las soluciones de conectividad pueden propiciar grandes avances. Por eso, el Gobierno central ha convertido el desarrollo del coche del futuro en uno de los principales objetivos del plan made in China 2025”, apostilla Zhao Hang, exdirector del Centro para la Tecnología y la Investigación en Automoción de China.

Menor aversión al riesgo

Por último, el secretario general de la Asociación de Fabricantes Europeos de Automóviles, Erik Jonnaert, apunta otra de las razones por las que el país más poblado del mundo llevará la batuta en la nueva era del sector. “Tanto sus clientes como sus empresas tienen mucho menos miedo al riesgo. Son jóvenes y tienen mucho entusiasmo. Además, tampoco están lastrados por una aversión a crear alianzas con empresas de otros sectores, algo que va a ser clave en la evolución del sector de automoción. Ahora, solo el 8% de los nuevos vehículos está conectado a Internet, pero en 2020 será el 90%. Eso forzará acuerdos con empresas tecnológicas que desarrollan software y sensores y que ya han irrumpido en el sector”.

Imagen de un coche eléctrico cargándose de forma precaria en las calles de Linfen, una pequeña ciudad de la provincia norteña de Shaanxi.
Imagen de un coche eléctrico cargándose de forma precaria en las calles de Linfen, una pequeña ciudad de la provincia norteña de Shaanxi.

“La incógnita es si la industria tradicional de la automoción será capaz de reformarse con la velocidad que marcan los competidores que han nacido en el terreno digital. Tener una historia centenaria no garantiza el futuro, y la colaboración siempre se nos ha atragantado”, reconoce Kastner, que anuncia para 2021 la llegada de iNEXT, la gran apuesta de BMW para el coche del futuro. Schoch, además, cree que hay que pensar también en el conductor que viene. “Los millennials supondrán el 45% de nuestros clientes en 2020. Y, a diferencia de lo que hice yo nada más cumplir los 16 años, cuando me saqué el carné para sentirme libre, para ellos la libertad es descargarse Uber o Didi, porque con los vehículos compartidos no tienen que preocuparse de aparcar. Tenemos que adelantarnos a sus necesidades”, sentencia. “Y aceptar que posiblemente en el futuro habrá menos coches”.

Lógicamente, la evolución del sector de la automoción no está exenta de peligros. La falta de seguridad es el más evidente. Desde las explosiones de baterías que alarman a los consumidores hasta la protección y la privacidad de las redes de datos en las que se basa el vehículo inteligente. “Si no se mejoran la seguridad del software y la gestión del big data, los consumidores no van a confiar en el producto”, apunta Kastner.

Dormir al volante

“La innovación que supone el vehículo eléctrico se queda en nada si se compara con la disrupción que va a provocar el automóvil sin conductor”. Dong Yang, vicepresidente de la Asociación China de Fabricantes de Automóviles, cree que “es la gran evolución que va a proporcionar una movilidad ecológica, segura —el 90% de los accidentes los provocan errores humanos—, práctica, productiva y relajante”. Eso sí, se irá logrando poco a poco: primero con una conducción asistida como la de Tesla, luego con otra autónoma en carretera y en ciudad a velocidades que no superen los 30 km/h, por ejemplo durante un atasco. El último paso se dará cuando el conductor pueda dormirse tranquilamente al volante en cualquier situación.

Muchas empresas trabajan en su desarrollo. Google fue pionera en California, pero ya se le ha sumado su homóloga china, Baidu. “El sistema funcionará a la perfección cuando todos los vehícu­los sean autónomos, pero mientras convivan con los tradicionales se plantean dudas importantes. Tanto en seguridad como en normativa. ¿Quién será responsable de los accidentes si no hay conductor?”, se pregunta el consejero delegado de BMW en China, Olaf Kastner. Según la Convención de Viena, siempre es el conductor el que ha de asumir la responsabilidad. “¿Pasarán a serlo las marcas?”.

En cualquier caso, el desarrollo de esta tecnología revolucionará también el sector del transporte. “Nuestra visión pasa por la creación de un vehículo comercial con cero emisiones, totalmente comunicado, y sin necesidad de conductor”, explica Claes Svedberg, vicepresidente del Grupo Volvo, que ya ha experimentado con camiones autónomos que viajan en convoy. Lo mismo sucederá con los taxis, como ha demostrado Singapur con el primer proyecto piloto: nuTonomy.