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OPINIÓN

Mucho por hacer

Sería razonable que el PSOE tratara de imponer, al menos parcialmente, parte de su programa a cambio de sus votos

Pedro Sánchez, líder del PSOE
Pedro Sánchez, líder del PSOE AFP

España tiene ante sí un buen número de retos en el frente socioeconómico. Porque los cuatro años de gobierno del PP sirvieron para poco más que evitar la intervención de la economía española, reestructurar el sistema financiero, evitar la quiebra de algunas autonomías y reformar la dinámica a largo plazo del gasto en pensiones. Es verdad que las tres primeras cuestiones eran perentorias y la necesidad de concentrar esfuerzos en ello puede explicar parcialmente el desenfoque en cuestiones como la reforma tributaria y de la administración local; el tiempo perdido en el ámbito tributario, en la financiación autonómica, en el del control de eficiencia en el gasto público que evite que se repitan los elefantes blancos del anterior boom económico, y en el de una reforma educativa ambiciosa; o la desatención al acusado incremento en la desigualdad, que la mejora en la evolución del mercado de trabajo está corrigiendo solo en parte, por la devaluación salarial que afecta a los más jóvenes y a la mayoría de los que han cambiado de empleo.

Resulta difícil visualizar hoy una gran coalición que integre al PSOE y PP. En cambio, cuesta más entender la negativa global del PSOE

Para todo lo anterior y para más asuntos en otros ámbitos muy relevantes para los ciudadanos, necesitamos diálogo y consenso para formar un Gobierno y luego definir la hoja de ruta. La repetición de las elecciones y los sondeos sobre unas posibles terceras elecciones han servido para aclararnos que el actual escenario de fragmentación de apoyos parlamentarios es el que vamos a tener que vivir en los próximos años. Todos debemos adaptarnos a ello y comenzar a ver el juego político en tonalidades de gris y no en blanco y negro. La alternativa es la parálisis y el incremento de la desafección.

En este sentido, hay que pensar que los espacios de decisión política son multidimensionales y la distancia entre organizaciones puede diferir en cada dimensión. Las coaliciones exigen que esas distancias sean, en general, menores. En este sentido, un partido de centro como Ciudadanos puede tener más fácil unirse a otros a la izquierda o a la derecha; al tiempo que resulta difícil visualizar hoy una gran coalición que integre al PSOE y PP. En cambio, cuesta más entender la negativa global del PSOE, negativa que afecta incluso a leyes para las que no existe siquiera un anteproyecto (la de presupuestos).

Mientras los sondeos no muestren un significativo incremento del apoyo al partido socialista o se avance en un acuerdo con el respaldo de partidos suficientes para encabezar una alternativa, lo razonable sería que el PSOE clarificase las condiciones que exige para sus sucesivos apoyos explícitos o implícitos e imponga, al menos parcialmente, parte de su programa a cambio de sus votos. Si lo hace bien, no debería ser tan difícil anotarse el tanto correspondiente. Porque, de hecho, es el jugador clave en estos momentos.

Santiago Lago es director de GEN (Universidade de Vigo)