China mantiene su ritmo de crecimiento gracias al estímulo

El PIB del gigante asiático aumenta un 6,7% en el segundo trimestre del año, la misma tasa que registró entre enero y marzo

China ha logrado frenar momentáneamente la tendencia a la baja de su crecimiento económico. El gigante asiático creció un 6,7% interanual durante el segundo trimestre del año, una cifra por encima de las previsiones y que iguala el registro de los primeros tres meses de 2016. Las vastas medidas de estímulo aprobadas a principios de año, entre ellas inyecciones de liquidez del Banco Central, rebajas de impuestos o un considerable aumento del gasto fiscal han disparado la inversión pública y apuntalado la demanda.

Dos trabajadoras de una fábrica de juguetes en la provincia china de Jiangsu.
Dos trabajadoras de una fábrica de juguetes en la provincia china de Jiangsu.AFP

La segunda economía mundial sigue creciendo a su menor ritmo desde el primer trimestre de 2009, en pleno estallido de la crisis financiera internacional. Pero esta señal de estabilización supone un respiro para Pekín, que ve más cerca el objetivo de cumplir con su meta de crecimiento para este año, situada entre el 6,5% y el 7%. Nadie prevé un repunte significativo de la economía en los próximos meses, pero el gigante asiático ha conseguido alejar los fantasmas de una desaceleración más brusca y potencialmente incontrolable que aparecieron justamente hace un año con el estallido de la burbuja bursátil.

"La tasa es ligeramente mejor a lo que se esperaba, pero es demasiado temprano para saber si la economía china ha tocado fondo. La principal tarea del Gobierno es restablecer la confianza y animar a la población a consumir, y para ello seguirá estimulando la economía a través la política monetaria y fiscal", asegura Oliver Rui, profesor de Finanzas de la Escuela de Negocios CEIBS.

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Los datos publicados este viernes por la Oficina Nacional de Estadísticas china indicaron una leve mejora durante el mes de junio. La producción industrial creció un 6,2% (frente al 6% de abril y mayo) y las ventas al por menor -consideradas como un termómetro del consumo de la sociedad china- aumentaron un 10,2% (10% en mayo). Ese mes, el gasto del Gobierno se incrementó hasta 19,9% en comparación con el mismo mes del año anterior.

Los datos de inversión empresarial demuestran que esta estabilización fue impulsada por el sector público: mientras las empresas estatales dispararon sus inversiones en un 23,5%, en las compañías privadas apenas aumentó un 2,8%. El portavoz de la Oficina de Estadísticas, Shen Laiyun, aseguró que esta brecha se debe a que las empresas privadas "son más reticentes a expandir sus inversiones en momentos de incertidumbre y tienen más problemas para financiarse", pero lo cierto es que las estatales también son las más beneficiadas del espectacular aumento del crédito y de los nuevos fondos del Gobierno destinados a la construcción de infraestructuras. "El sector privado carece de confianza, mientras que la inversión de las estatales proviene directamente de la política de estímulo", sostiene Rui.

China está en medio de una transformación de su modelo económico con el objetivo de que el sector servicios y el consumo de los ciudadanos se conviertan en el motor del país. China está avanzando poco a poco hasta tal fin: el sector servicios ya supone un 54,1% del Producto Interior Bruto (PIB) y  el consumo interno aporta ya casi tres cuartas partes del crecimiento. Pero la lentitud en abordar varias cuestiones como la sobrecapacidad de algunas industrias pesadas, la enorme deuda corporativa o la reforma de las empresas estatales genera dudas sobre si esta transición se logrará sin dolor.

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"En los próximos meses es más probable que el crecimiento repunte a que se ralentice, pero cualquier recuperación será de corta durada. Con varios problemas estructurales aún no resueltos, una nueva desaceleración durante los próximos dos años parece cada vez más probable", asegura la consultora Capital Economics en una nota a clientes.

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