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CaixaBank se dispone a lanzar una opa sobre el banco portugués BPI

El incumplimiento de la inversora angoleña da al traste otra vez con el plan del banco español de hacerse con el control de la entidad portuguesa

Caixabank se dispone a lanzar una opa sobre el Banco Portugués do Investimento (BPI), según han informado fuentes financieras. La decisión, que será comunicada hoy mismo a la Comissão do Mercado de Valores Mobiliários (CMVM), el regulador luso, se ha precipitado despúes de que el BPI anunciase que quedaba sin efecto el acuerdo al que se había llegado el pasado día 10 con la multimillonaria angoleña Isabel dos Santos

El logotipo de la entidad lusa BPI frente a su antigua sede principal en Lisboa.
El logotipo de la entidad lusa BPI frente a su antigua sede principal en Lisboa. Bloomberg

Esta ruptura también ha motivado que el Gobierno portugués ponga en marcha un decreto ley que impide el bloqueo de las decisiones en las entidades en el caso de la presentación de opas. Gracias a la limitación de los derechos de voto al 20% del accionariado, Dos Santos podía parar decisiones con las que no estaba de acuerdo. Pese a su posición minoritaria tanto en el BPI como en el Banco Comercial Português (BCP), en ambas con el 18% del capital, la multimillonaria tenía la capacidad de bloquear decisiones estratégicas.

Los términos económicos de la opa de CaixaBank se desconocen en detalle, pero probablemente resultarán muy parecidos a los de la operación ya fracasada que se lanzó en febrero del año pasado. Al no existir esta vez opción de que Dos Santos bloquee el proceso, la opa de CaixaBank tiene muchas posibilidades de salir adelante. Fue el propio BPI el que anunció ayer que el acuerdo al que había llegado hace una semana con Dos Santos para venderle a CaixaBank su 18,6% del capital del banco queda “sin efecto” por incumplimiento de lo acordado por parte de la multimillonaria. La entidad financiera informó a la CMVM.

El pacto con la inversora angoleña, la segunda mayor accionista del banco portugués, ha durado una semana. A lo largo de toda ella, el regulador dejó sin cotizar la acción del BPI, a la espera de más información sobre el acuerdo entre todas las partes. A la vez que se anunciaba el pacto, pero no sus detalles, aparecía como novedad la pretensión de Dos Santos de que las acciones del Banco de Fomento de Angola (BFA) cotizarán en la Bolsa lisboeta, pretensión que encontró numerosos escollos. El pasado sábado, un comunicado de Santoro, la sociedad inversora de Dos Santos, ya señalaba que aún no se había cerrado la operación y que existían flecos pendientes.

Desde hace un año, CaixaBank, con el 44% del capital, y Dos Santos mantenían una lucha por el futuro del banco. La entidad española quiere mandar en el banco portugués, donde tiene mayoría, y Santoro lo bloquea. El BPI tiene el 50,1% del BFA y el resto es propiedad de Dos Santos. El banco portugués debe cubrir al 100% el riesgo en el banco africano y además reducirlo si no quiere incurrir en una multa diaria de 160.000 euros por parte del BCE. En esa situación, el acuerdo global implicaba que CaixaBank lanzase una opa sobre todo el capital del BPI sin que lo impidiese Dos Santos y la angoleña se haría con el mando y la mayoría en el BFA.

Aunque la idea estaba clara, el problema se daba con la valoración del intercambio de acciones. Si algo había claro en todo este proceso es que Isabel Dos Santos no va a poner ni un euro en dinero líquido, dadas las dificultades por las que pasa su país, que dirige desde hace tres décadas su padre. El BPI ha señalado que el acuerdo queda sin efecto, es decir, que lo comunicado al Banco de Portugal, al BCE y a la Comisión de la Competencia no sirve. La entidad achaca la culpa a la sociedad de Dos Santos: “Santoro no ha respetado lo que había acordado y ha solicitado alteraciones en los documentos firmados”. Y añade que una de sus alteraciones “desfiguraría gravemente la solución acordada” y aprobada por los órganos del BPI.

La venta de las acciones del BPI en el Banco de Fomento de Angola, clave en el conflicto

Durante la pasada semana, tanto el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, como el primer ministro, Antonio Costa, se felicitaron por el acuerdo y se ufanaron de haber contribuido a que se cerrara. El jueves, en la sesión parlamentaria de control al Gobierno, Costa, criticado por la oposición por su intervencionismo, señaló que, gracias a él, el BPI no había acabado como el Novo Banco o el Banif, dos bancos donde el Estado ha perdido más de 6.000 millones de euros. La situación de la banca en Portugal, que sigue aflorando créditos impagados y de alto riesgo, ha hecho plantearse al Ejecutivo una solución para aparcar todos los activos tóxicos de los bancos, principalmente en los públicos o con ayudas públicas.