Las lecciones del ‘asesino tranquilo’

Anthony Bolton, exgestor de Fidelity, cree que la gente emocional no sirve para el oficio

Anthony Bolton, en el Fidelity Media Forum que se celebró en Londres.
Anthony Bolton, en el Fidelity Media Forum que se celebró en Londres.KARLA GOWLETT

Anthony Bolton (Reino Unido, 1950) es una de las leyendas del mercado europeo. El fondo Fidelity Special Situations, del que fue gestor entre 1979 y 2007, hizo ganar mucho dinero a cientos de miles de pequeños ahorradores. Con una rentabilidad media anual del 19,5%, una inversión inicial de 1.000 libras en el fondo se convirtió en 147.000 libras cuando Bolton dejó de pilotarlo. Como muchas carreras de éxito, la trayectoria de este ingeniero formado en el Trinity College de Cambridge arrancó con un fracaso. Cuando era un simple empleado de un banco comercial, un amigo le dio un chivatazo sobre una pequeña compañía minera. “Compré acciones y fue la pérdida de dinero más rápida que jamás he sufrido”, señaló Bolton en un artículo publicado en The Telegraph. “He aprendido muchas cosas en mi carrera, pero se pueden resumir en tres lecciones: analiza por qué compras un valor; entiende qué descuenta su cotización y conócete a ti mismo”.

Bolton, uno de los maestros de la gestión activa y de la selección de valores, intentó reproducir el éxito del Special Situations con un fondo centrado en empresas chinas. No tuvo la misma suerte y finalmente puso fin a su carrera en 2014. Sin embargo, sigue vinculado a Fidelity, donde es miembro del consejo y asesor en diferentes proyectos. La semana pasada la gestora celebró en Londres su encuentro anual con la prensa, evento al que fue invitado EL PAÍS, y Bolton impartió una conferencia acerca de cómo había cambiado el mercado y la gestión de fondos durante los últimos 25 años. “Parafraseando a Mark Twain, lo fascinante del mercado es que los patrones son similares con el paso del tiempo, pero no son exactamente iguales”.

Este amante de la música — acaba de grabar su primera suite para orquesta— define la labor de gestor de fondos como un “reto intelectual constante” donde la transparencia sobre tus resultados “hace imposible que te puedas esconder”. En su opinión, los gestores actuales lo tienen más difícil que los de su generación ya que hay dos factores que han transformado la profesión: los avances en tecnología, “que hacen que todo sea instantáneo”, y el acceso a la información. “Cuando yo empecé, de lo que se trataba era de disponer de información que el resto no tenía. Hoy los gestores se ven inundados por cientos de datos. Por lo tanto, nuestra labor ha pasado de recolectar noticias a interpretarlas”, reflexiona.

Desde el punto de vista de las empresas, Bolton también percibe un gran cambio. Hace 25 años las compañías se extrañaban de que los gestores quisieran conocer cómo funcionaba su negocio. “Pensaban que éramos ludópatas y no inversores”, recuerda. Además, las compañías eran gestionadas por los dueños y no había la cultura de responder a los intereses de los accionistas. “En la actualidad, el foco se ha puesto en la rentabilidad que obtienen los accionistas, lo que ha transformado el panorama empresarial en Europa”.

Cuando Bolton empezaba a gestionar su fondo, el activismo accionarial no estaba tan extendido como ahora. Sin embargo, él fue uno de los precursores en este movimiento en virtud del cual los grandes inversores presionan para influir en la dirección de aquellas compañías donde tienen acciones. De hecho, lideró la revuelta para impedir que Michael Green presidiera ITV, el gigante de la televisión británica fruto de la fusión de Carlton Communications y Granada. Esta maniobra le hizo ganarse en la City el sobrenombre de quiet assassin (asesino tranquilo). “En líneas generales, creo que es bueno que haya inversores responsables que se interesen por cómo se está gestionando las empresas que tienen en cartera. Ahora bien, tengo mis dudas de que los inversores a muy corto plazo, una categoría cada vez más numerosa, puedan decidir cómo se lleva una empresa”, dice.

Bolton siempre tuvo un olfato especial para detectar las tendencias del mercado. Fue uno de los primeros en comprar acciones de Nokia en 1993 cuando vislumbró el potencial de la telefonía móvil. Además, no se dejó llevar por los cantos de sirena en la época de la burbuja tecnológica y apostó por las empresas de la economía tradicional, que habían quedado muy baratas porque todos los ojos estaban puestos en las puntocom. “Uno de los rasgos que diferencian a los buenos de los malos gestores es el temperamento. Si eres demasiado emocional, no sirves para este negocio. Los sentimientos de euforia y depresión, tan típicos en el mercado, no deben afectarte. También hay que tener un alto grado de control y ser capaz de ir en contra de lo que hace el resto del mercado. Además es imprescindible el sentido común. Si un contacto trata de venderte algo pero no acaba de encajarte, confía en tu instinto”, aconseja.

Bolton, como otros grandes gestores, ha hecho fortuna en el mercado. Mientras estaba en activo su bonus estaba vinculado a la rentabilidad de los fondos que manejaba y al dinero que entraba en ellos. Además, Fidelity es una compañía privada fundada en 1949 por la familia Johnson y solo unos pocos gestores, entre ellos Bolton, fueron invitados a comprar acciones de la empresa cuando ingresaron en ella, una participación que hoy vale muchos millones de euros. La Finnacial Services Authority, el supervisor británico, ha puesto el foco en la compleja estructura de comisiones de los fondos y en los sueldos de los gestores. “La buena gestión debe estar bien pagada”, zanja. En cuanto a si es posible que un gestor pueda anticiparse a escándalos como el de Volkswagen, Bolton no lo tiene claro. “Aunque ahora hay más información, los directivos de una empresa mantienen la capacidad, si así lo quieren, de engañar a los empleados y a los inversores”, reconoce.

Sobre la firma

David Fernández

Es el jefe de sección de Negocios. Es licenciado en Ciencias de la Información y tiene un máster en periodismo por EL PAÍS-UAM. Inició su carrera en Cinco Días y desde 2006 trabaja en EL PAÍS, donde se ha especializado en temas financieros. Ha ganado los premios de periodismo económico de la CNMV, Citigroup, Aecoc y APD.

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