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Gestamp se carga de energía

El grupo industrial de origen burgalés se afianza en el sector de las renovables con la toma del control de la sevillana Abengoa

Francisco José Riberas, presidente de Gestamp, en la inauguración de una fábrica en Puebla (México).
Francisco José Riberas, presidente de Gestamp, en la inauguración de una fábrica en Puebla (México). EFE

Los hermanos Riberas Mera, Francisco y Jon, tienen a gala su "extraordinaria discreción". Son los primeros ejecutivos de la Corporación Gestamp, uno de los gigantes de la industria española y referente mundial en la fabricación de componentes para la automoción, y figuran como la séptima fortuna de España, según la revista Forbes, que les atribuye una fortuna familiar de 3.200 millones de euros. Esa poderosa condición se ha forjado, aseguran en su entorno, "sin meter ruido" y con la "humildad" como seña de identidad: "Francisco Riberas es muy discreto y no le gusta personalizar la historia de un éxito que considera trabajo de muchos", remarcan desde el Departamento de Comunicación y Relaciones Institucionales de Gestamp. Sin embargo, toda esa discreción saltó por los aires la semana pasada cuando los Riberas dieron el campanazo y salieron en las portadas de los diarios como los nuevos amos de Abengoa.

Gestamp acordó inyectar 350 millones de euros en el grupo energético sevillano a cambio de controlar el 28% de la compañía, que durante 70 años estuvo bajo el mando de la familia Benjumea. La unión con Abengoa tiene para el grupo de los Riberos una vital importancia para la ampliación de su propio negocio de las energías renovables y los servicios ambientales. Abengoa es líder en tecnología solar termoeléctrica y en la producción de biocombustibles. También en los proyectos de desalinización, un negocio con buenas perspectivas de crecimiento.

130 plantas en 25 países

Los hermanos Riberas han agrandado así un imperio empresarial formado por 130 plantas productivas (con 36.000 empleados) repartidas en 25 países que en el año pasado facturó 9.000 millones de euros. El grupo tiene como buque insignia a Gestamp Automoción, el fabricante de componentes metálicos para coches que preside el primogénito, Francisco. Las otras dos filiales corporativas, también muy rentables y prósperas, son la empresa de acero Gonvarri Steel Industries y la división de energías verdes Gestamp Renewables.

La compañía se enorgullece de su origen familiar y reivindica los valores de su fundador, fallecido en 2010

El coloso que hoy es Gestamp es el resultado, suele repetir siempre Francisco Riberas, de aplicar los valores heredados del padre, Francisco Riberas Pampliega (Burgos, 1932-2010), figura clave en la exitosa evolución del proyecto empresarial. Fue un humilde decorador de cerámica que en 1958 se asoció con otras tres personas para fundar una modesta empresa "para la venta de estaño y cuerdas de piano y de guitarra", según narra Juan de Lillo, biógrafo del patriarca y autor del libro Francisco Riberas, contra su destino. Cada uno aportó 5.000 pesetas (30 euros) y fundaron Gonvarri, acrónimo de los cuatro apellidos.

Aquel pequeño almacén de chapa burgalés fue ganando tamaño y expandiéndose sin pausa gracias a "la sólida condición humana, una prudente audacia, un tesón a prueba de desaliento y la extraordinaria discreción" de Riberas Pampliega, explica De Lillo. Además de levantar un imperio de la nada, tuvo el acierto de realizar un traspaso modélico a sus hijos. "Somos un grupo familiar cuyos principios están heredados de mi padre y se mantienen intocables", suele insistir Francisco Riberas en sus conferencias.

Los Riberas fueron empapándose desde chicos de las enseñanzas paternas. Francisco (Madrid, 1964), el mayor de la saga, se licenció en Derecho (1987) y en Ciencias Económicas y Empresariales (1988) por la Pontificia de Comillas (ICADE). Con 25 años y recién graduado, inició su carrera profesional en el grupo Gonvarri asumiendo el área de Control de Gestión, hasta que en 1997 puso en marcha Gestamp Automoción, con sede en Abadiño (Bizkaia). Desde entonces, la compañía no ha parado de crecer, siempre bajo el mismo patrón: trabajo, tenacidad y entusiasmo.

"Los hijos fueron modelados por el padre a su imagen y semejanza. Son absolutamente leales a la idea original. Tienen muy buena cabeza, mucha preparación y el instinto empresarial que les transmitió el padre", opina De Lillo. Francisco Riberas suele decir que "el espíritu de la empresa no se ve ni se escribe, pero impregna todas las actuaciones", y que "los buenos proyectos no surgen de ideas brillantes, sino del trabajo que hay detrás". Francisco es un convencido de que la empresa familiar, incluso en un mercado tan globalizado como al que sirve, "tiene ventajas competitivas" sobre otros modelos societarios. La razón es muy clara: "Los intereses de los gestores están plenamente alineados a los de la empresa", ha comentado en algún encuentro académico.

Claves del progreso

¿Y cuáles son las claves del progreso del grupo? "La cultura del trabajo bien hecho y el esfuerzo constante", una doctrina que, según De Lillo, Francisco Riberas intenta inculcar a sus tres hijos de entre 18 y 25 años. Gestamp es proveedor de los grandes fabricantes mundiales de automoción, tiene una posición estratégica gracias a su implantación en los principales centros de producción del sector al que atiende y apuesta decididamente por la investigación (innovación y formación) de productos y tecnología. A esto añade una buena base financiera, reforzada tras su alianza con ArcelorMittal, que posee un tercio de las acciones de Gestamp Automoción y Gonvarri.

La firma atribuye a su modelo empresarial el que obtuviera sus mejores resultados durante la crisis

Esta política empresarial permitió a Gestamp lograr sus mejores resultados durante la crisis. "Antes de la crisis nos acusaban de ser demasiado tradicionales, incluso de destructores de valor, por no endeudarnos. Ahora nos llaman estrategas. Ni una cosa ni otra. Somos gestores prudentes, con balances sólidos para apuntalar nuestro crecimiento", declaró Jon Riberas en una entrevista concedida a EL PAÍS en 2009.

Su visión empresarial es muy clara y está absolutamente interiorizada: "Ser el proveedor de automoción más reconocido por su capacidad para adaptar los negocios hacia la creación de valor para el cliente, manteniendo un desarrollo económico y social sostenible". A esta divisa, Riberas Mera ha incorporado los cinco principios que guían la acción empresarial de Gestamp, y que ha inculcado a sus equipos: "Las personas como artífices del éxito, el cliente como centro del negocio, la excelencia operacional como práctica habitual, la innovación como vía de progreso y la sostenibilidad como permanencia en el tiempo".

Cuenta De Lillo que Riberas padre era de una "austeridad franciscana" y "muy generoso" a la vez. Recuerda que cuando se casaron su hija y dos hijos "entregó a Cruz Roja la misma cantidad que le habían costado cada una de las fiestas nupciales".