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Los desafíos de la internacionalización

La apertura exterior de las empresas españolas es un proceso irreversible pero que exige cambios para ser más generalizado

Contenedores en el puerto de Algeciras
Contenedores en el puerto de Algeciras

A finales del siglo XX las grandes empresas españolas salieron al exterior. En su caso era una apuesta estratégica para poder competir en un mundo global. En 2008, con el estallido de la crisis, el número de compañías que dio este paso aumentó significativamente. Muchas de ellas se vieron abocadas entonces a hacer las maletas debido a la recesión del mercado interno. La internacionalización, bien por convicción, bien forzada por las circunstancias, es un hecho que se presenta ya irreversible y constituye uno de los principales motores de la economía española: en 2014 las exportaciones de bienes y servicios nacionales alcanzaron máximos históricos, hasta suponer el 32% del PIB. Sin embargo, este proceso supone aún un enorme reto para las empresas españolas. Un grupo de expertos debatieron esta semana en la sede de EL PAÍS sobre estos desafíos en un encuentro patrocinado por el Banco Sabadell.

“Las exportaciones y la internacionalización de nuestras empresas ha sido la piedra angular para salir de la crisis. Es importante que ahora que las cosas van mejor las compañías mantengan su apuesta y no replieguen velas para volver a refugiarse en el mercado local”, según Almudena Semur, gerente y coordinadora del servicio de Estudios del Instituto de Estudios Económicos (IEE).

La baja dimensión de muchos grupos impide que tengan músculo suficiente para exportar

En la transición del tejido empresarial español en su apertura exterior se ha producido un cambio de mentalidad. Los empresarios que dan el paso fuera de nuestras fronteras, bien con la venta de productos a otros mercados, bien implantándose en éstos con la compra de compañías locales, se han dado cuenta de los beneficios de esta apuesta. “Los directivos han interiorizado que la internacionalización es la vía para crecer. No es una necesidad, sino que se trata de una opción estratégica. Este cambio de paradigma hace que sea optimista sobre este proceso, aunque evidentemente quedan muchas cosas aún por hacer”, indica Alicia Montalvo, directora general de cooperación institucional y coordinación de ICEX. Esta opinión es compartida por Alberto del Pozo, economista y miembro del gabinete técnico de UGT: “Hay que hacer que la empresa entienda que la internacionalización no es algo reversible, que no se trata de una alternativa para combatir la crisis, sino una herramienta para ser más fuerte, más resistente y ganar cuota de mercado de una forma más sostenible”.

El problema del tamaño

A pesar de todo lo que se ha avanzado, la apertura exterior es todavía un trabajo inacabado. Solo un 5% de las empresas españolas —unas 155.000 españolas— han dado ya ese paso, y únicamente un tercio de este grupo exporta con cierta regularidad, según datos del ICEX. Uno de los principales retos a los que se enfrenta la economía española es el redudido tamaño de sus empresas. La baja dimensión corporativa no excluye la posibilidad de internacionalización, pero la suele dificultar, según los expertos que participaron en el debate.

“El tamaño es un factor clave”, advierte Yolanda Fernández, directora técnica del proyecto de la Empresa Mediana Española del Círculo del Círculo de Empresarios. “El 99% de las empresas españolas tienen menos de 50 empleados y eso significa que no tienen el músculo necesario para salir fuera. Hay que disponer de una dimensión mínima para tener capacidad de exportación”, añade. Fernández apoya su tesis con datos: una empresa exportadora tiene de media 178 trabajadores, por 20 empleados aquellas que no vende fuera; además, las sociedades con más de 50 personas en plantilla facturan de media el 35% de sus ventas fuera, mientras que las más pequeñas apenas ingresan el 15% en el exterior.

En esta misma línea se muestra Eduardo Currás. Para el subdirector general y director de banca de empresas de Banco Sabadell, “los niveles de exportación actuales han llegado para quedarse, ya que cuando una empresa vende fuera lo normal es que se convierta en un exportador habitual”, pero reconoce que hay aspectos a mejorar y el tamaño es uno de ellos. “Las ventas exteriores españolas están demasiado concentradas como demuestra el hecho de que solo 100 compañías acaparan el 40% de las exportaciones. Necesitamos abrir ese abanico y una vía para lograrlo que el tamaño medio aumente”, señala Currás.

De acuerdo con los cálculos de Eurostat, en España el número medio de trabajadores por empresa era de 4,7 en 2014. Esta cifra solo es menor en Italia (cuatro empleados) y está bastante lejos del tamaño empresarial de Francia (5,7 empleados), Reino Unido (11 trabajadores) y Alemania (11,7 asalariados).

“Hay que desdramatizar el tema de la dimensión empresarial. Es cierto que hay un mínimo de masa crítica que favorece tener actividad exterior, pero hoy en día la presencia internacional puede lograrla todo tipo de empresas”, subraya Carlos Ruiz, director de economía e innovación de CEPYME. “En determinados casos tener un tamaño reducido puede proporcionar ventajas competitivas. Además, las nuevas tecnologías permiten que haya empresas con vocación internacional prácticamente desde su creación”, añade Ruiz.

La apuesta internacional no debe ser algo coyuntural sino una opción estratégica

Siendo el del tamaño uno de los asuntos capitales en el crecimiento exterior de las empresas, no es el único aspecto a mejorar. Durante el encuentro se hizo énfasis en la necesidad de encontrar nuevos mercados con alto potencial de crecimiento a los que exportar, diseñar estrategias de internacionalización o desarrollar las habilidades de los directivos y trabajadores para que los proyectos lleguen a buen puerto.

Abrir nuevos mercados

Alberto del Pozo, de UGT, cree que hay mucho por recorrer. “Nuestras exportaciones todavía están muy concentradas en pocos sectores y actividades. Además, están centradas en negocios con poco valor añadido y escasa productividad. La calidad, la aportación tecnológica y el valor añadido deben marcar el camino de internacionalización de las compañías”, comenta.

Europa por proximidad, y Latinoamérica por los lazos culturales e históricos comunes, constituyen los destinos tradicionales de los grupos españoles cuando deciden empezar su aventura exterior. Poco a poco, las compañías están entrado en otros mercados de gran potencial, pero la velocidad de este proceso quizás no sea la adecuada.

“Si hacemos una radiografía de la pyme española vemos que sus operaciones se concentran fundamentalmente en cuatro países europeos: Alemania, Italia, Francia y Portugal. Por lo tanto, una tarea pendiente es penetrar en otros mercados de gran potencial como el asiático”, reflexiona Carlos Ruiz, de CEPYME. En su opinión, las negociaciones para un tratado de libre comercio entre EE UU y la Unión Europea es una oportunidad de oro para que nuestras empresas exporten más. “El mercado estadounidense es uno de los retos pendientes. Es cierto que nuestra presencia allí por número de empresas no está mal, pero el peso de las ventas en este gran mercado sobre el valor total de las exportaciones es bastante mejorable”, dice Ruiz.

Otro de los aspectos que se debería mejorar para potenciar la internacionalización corporativa tiene que ver con la mentalidad de los propios empresarios. Deben dejar atrás viejos miedos y prejuicios, aprovechar el camino abierto por sus rivales y reconocer que en muchos casos la unión hace la fuerza. “Hay que transformar la cultura empresarial. Nosotros trabajamos para crear ecosistemas que faciliten que varias empresas salgan juntas al exterior. No hay dos compañías iguales y, por lo tanto, no hay dos procesos de internacionalización iguales. Sin embargo, es importarte promover proyectos de cooperación para que las empresas más pequeñas vayan de la mano de otras que ya han abierto camino”, asegura Alicia Montalvo, del ICEX.

Urge mirar hacia nuevas zonas como Asia y Estados Unidos

Profesionalización

España es una economía donde la empresa familiar tiene un gran peso. En concreto, hay 2,8 de compañías familiares, que dan empleo a 10,13 millones de personas. Este tipo de corporaticos, sin embargo, presentan en muchos casos una gestión poco profesional que dificulta su supervivencia más allá de la figura de su fundador (solo el 9% de este tipo de empresas llega a la tercera generación). La internacionalización es una ventana de oportunidad para muchas de ellas. “Sin embargo, para aprovechar este trampolín habría que separar la propiedad de la gestión en muchas empresas para dotarlas de una gestión más profesional”, advierte Yolanda Fernández, del Círculo de Empresarios.

La financiación es un aspecto clave en la internacionalización empresarial. Después de una época con el grifo cerrado, los bancos han vuelto a normalizar la concesión de créditos. Sin embargo, no todos los planes exportadores son válidos. “Es determinante que las compañías tengan una estrategia bien definida. El argumento para salir fuera no puede ser solo que se hace porque no queda más remedio. Si no se tienen ideas las posibilidades de éxito son bajas con los costes que eso conlleva”, recuerda Eduardo Currás, del Banco Sabadell.

Otro de los retos para potenciar la internacionalización pasa por desarrollar un marco normativo más favorable que incentive este proceso. “Habría que eliminar ciertas barreras. Por ejemplo, sería importante adecuar los productos y servicios que exportamos a la normativas técnicas de los países en donde se ofrecen. Eso exige una regulación más armonizada en el mercado de origen. Otro aspecto a mejorar son los plazos de cobro por las exportaciones. Para una pequeña empresa las tensiones de tesorería suponen un gran problema e incluso pueden poner en peligro su existencia”, concluye Carlos Ruiz, de CEPYME.