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Abante pega el estirón

La entidad logra duplicar el patrimonio bajo gestión y el número de clientes en cinco años

Santiago Satrústegui, presidente de Abante
Santiago Satrústegui, presidente de Abante

Abante ocupa un hueco cada vez más importante en el concurrido mapa del asesoramiento financiero en España. La entidad, constituida hace ya 13 años, ha pegado el estirón justo en el momento más difícil. Desde 2009 el patrimonio bajo gestión del grupo se ha multiplicado por 2,6 veces y ya suma 1.855 millones de euros. En este periodo sus clientes se han incrementado desde 2.540 a 5.032 personas. Esta semana el presidente, Santiago Satrústegui, se reunió con varios medios para explicar la evolución del grupo.

“Estas cifras confirman que la estrategia es la adecuada. Para nosotros es clave poner siempre al cliente por delante. Es decir, es más importante saber quién invierte y para qué y no tanto cuánto invierte y dónde lo hace”, reflexiona Satrústegui. Otra de las claves del éxito, según este profesional, es la independencia del grupo: “Y qué mayor prueba de independencia que los dueños de la compañía sean sus ejecutivos, que se relacionan todos los días con los clientes. Nosotros pensamos jubilarnos aquí y hemos logrado tener el tamaño adecuado para dar valor con un modelo completamente independiente”.

Abante ha ido desarrollando en este tiempo varias líneas de negocios. Tiene una empresa de asesoramiento financiero (Eafi); una gestora que se dedica sobre todo a la arquitectura abierta a través de la inversión en fondos de fondos; una agencia de valores; una Sicav en Luxemburgo (fundamentalmente para captar dinero de clientes internacionales a través de sus cuatro fondos de autor); y, desde el pasado año, una gestora de pensiones. “Los inversores están en una situación complicada. La esperanza de vida es cada vez mayor y la gran incógnita son las pensiones públicas, cuya sostenibilidad no soporta un escrutinio matemático. Por lo tanto, hay que sentarse con el cliente y determinar qué niveles de renta necesitarán en el futuro para complementar la pensión”, señala Satrústegui.Más plantilla

“El perfil del asesor cambia. Se necesita gente con habilidades humanísticas”, dice Satrústegui,

El crecimiento de Abante ha venido acompañado de un salto cualitativo de la plantilla. Si en 2009 la firma tenía 42 empleados, ahora suman 125 trabajadores. La apuesta pasa por contratar a gente joven, recién licenciada o con pocos años de experiencia laboral y formarles bajo los principios de la cultura de la casa. “La capacidad del futuro asesor financiero va a cambiar poco a poco. Hasta ahora se pensaba que debía ser alguien con capacidad para predecir el comportamiento del mercado. Sin embargo, cada vez se necesita más gente con habilidades humanistas, profesionales que lean, que viajen, que logre tener empatía con el cliente...”.

Las empresas de asesoramiento se enfrentan a un entorno normativo cambiante y cada vez más exigente. Esta circunstancia, según Satrústegui, complica el objetivo de ofrecer un buen servicio. “Cada vez es más difícil construir una propuesta de valor porque el sector está profusamente regulado, muchas veces sin dirección. No es lógico, por ejemplo, que a una empresa de nuestro tamaño le exijan cumplir las mismas normas que a un gran banco”, denuncia.

El último ejercicio fiscal de Abante, cerrado el pasado mes de marzo, se saldó con un beneficio neto para la sociedad de tres millones de euros, cantidad similar al resultado del año anterior. “Estamos muy tranquilos en cuanto a la evolución de los resultados. Ni en el peor momento de la crisis llegamos a perder dinero porque decidimos ajustar nuestros salarios”, concluye el presidente de Abante.