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TURISMO ARGENTINA

Avenida Corrientes, silencio nocturno en la calle porteña "que nunca duerme"

Fotografía de la noche del 21 al 22 de noviembre de 2013, en la que se observa a transeúntes en la calle Corrientes de Buenos Aires. Ampliar foto
Fotografía de la noche del 21 al 22 de noviembre de 2013, en la que se observa a transeúntes en la calle Corrientes de Buenos Aires. EFE

Si Nueva York tiene su Broadway y Madrid su Gran Vía, el corazón cultural de Buenos Aires se llama Avenida Corrientes: una gran arteria de letreros luminosos, teatros, librerías y restaurantes que ya no se identifica con su sobrenombre de "la calle que nunca duerme" como lo hacía décadas atrás.

El insomne sobrenombre se lo dio en los años 50 el presentador radiofónico Roberto Gil, quien en su programa "Calle Corrientes" retrató el micromundo cultural de esta avenida que atraviesa Buenos Aires de este a oeste, en una época en que todos los cafés permanecían abiertos hasta altas horas de la madrugada y los cines ofrecían pases durante toda la noche.

En Corrientes -bautizada así a principios del siglo XIX en honor a la provincia argentina del mismo nombre por su papel pionero en la Revolución de Mayo-, el bullicio nocturno se ha apagado, pero aún concentra en pocos metros una veintena de teatros y será para siempre la calle de todas las letras de tango.

"Si alguien viene a Argentina y no conoce la calle Corrientes, no conoce Argentina, porque tiene la historia, tiene el tango, tiene la vida...", dijo a Efe Eduardo Dosisto, presidente de la Asociación Amigos de la Avenida Corrientes, Peatonal Lavalle y Obelisco, que lleva 55 años cuidando para mantener vivo el espíritu de la zona.

Aunque la gente sigue abarrotando sus aceras hasta el cierre de los teatros y el Obelisco sigue erguido en su intersección con la 9 de Julio como máximo símbolo de "porteñidad", los restaurantes y cafés de antaño han dado paso a McDonald's y Starbucks, y las librerías familiares son ahora en su mayoría sucursales de grandes cadenas comerciales o tiendas de saldos y libros usados.

"Corrientes fue tradicionalmente una calle de la cultura, muchas librerías, muchos restaurantes históricos, teatros, cines...", explicó Dosisto, y para él, aunque ahora sea casi todo comida rápida, la avenida "se mantiene viva con el espectáculo y la cultura".

Fotografía de la noche del 21 al 22 de noviembre de 2013, en la que se observa a transeúntes en la calle Corrientes de Buenos Aires. ampliar foto
Fotografía de la noche del 21 al 22 de noviembre de 2013, en la que se observa a transeúntes en la calle Corrientes de Buenos Aires. EFE

"Por supuesto se han perdido las noches de Buenos Aires, como se han perdido en otras ciudades del mundo", continuó, "aquí la noche nunca llegaba, en los cines había trasnoche. Hoy a las doce ya termina el espectáculo. Hoy duerme".

"Antes había mucha más gente", reconoció a Efe Franco Cabrejos, quien cierra la Librería Lucas de la Avenida Corrientes a las once de la noche pero recuerda que hace no tanto su jornada terminaba pasada la medianoche y durante los fines de semana se alargaba hasta las 3 o las 4 de la madrugada.

Daniel Ochoa, propietario de la pequeña librería vecina Obel, que vende ejemplares nuevos y usados, es otro de los testigos del cambio: lleva 34 años como librero en la avenida y desde hace 17 regenta su propio negocio.

Ochoa logra mantener su tienda pero ahora tiene que competir en su mayoría con grandes cadenas de libros, "mientras el alquiler del local sube" y las ventas de libros bajan por "la subida de precios que trae la inflación".

"Empecé de abajo, yo no heredé la librería de mis viejos, la construí de abajo", recalcó el librero con orgullo.

Para sobrevivir, encajada entre un gran restaurante-parrilla, una tienda de bisutería y un Farmacity, el truco de Ochoa es trabajar con su familia, alejarse del "best seller" y las rarezas que las tiendas grandes no venden.

"Hay toda una mística acerca de la calle Corrientes y sus librerías", dijo a Efe Alejandro Denava -quien lleva tres años trabajando casi enfrente de Obel, como librero en una de las sucursales de la cadena Cúspide- pero reconoció que el verdadero encanto es el de los libreros que llevan toda la vida en la avenida con su propia tienda.

Los expertos en el patrimonio porteño, como el profesor Juan Antonio Lázara, lamentan el empobrecimiento del ambiente de la avenida, que extiende sus casi nueve kilómetros de longitud desde el límite con el río de la Plata hasta el barrio de Chacarita (oeste).

"En los últimos años, digamos desde 2002, hubo un proceso de pauperización: cambió el perfil de los locales, hay una especie de estandarización y de empobrecimiento del perfil cultural de los locales", declaró a Efe Lázara.

Para el experto, la calle ha recogido el empobrecimiento de la propia sociedad argentina, aunque su importancia histórica y la relevancia de sus teatros y restaurantes seguirá garantizando su papel de punto de referencia de la cultura en Buenos Aires.

Nerea González