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Las cuentas no cuadran en Pescanova

La compañía admite “discrepancias” entre el balance y su deuda real

El descuadre, de entre 500 y 1.000 millones, se enmascaró con operaciones con sus filiales

La firma Houlihan Lokey exigió transparencia para asesorarles en la reestructuración

El presidente de Pescanova, Manuel Fernández de Sousa
El presidente de Pescanova, Manuel Fernández de Sousa EFE

“Pescanova comunica que ha detectado discrepancias entre su contabilidad y las cifras de deuda bancaria”. Las cuentas de Pescanova no cuadran y su deuda no es la que decía que era. Lo reconoció ayer la propia empresa, después de 12 días de turbulencias bursátiles y desconcierto entre los analistas. Las alarmas se encendieron el pasado 28 de febrero, cuando Pescanova anunció a última hora de la noche que no presentaría sus cuentas de 2012. La compañía de productos pesqueros congelados esperó a dar el aviso hasta el último momento del último día en el que las cotizadas tenían margen para presentar sus balances. Mala señal. Horas después comunicó que presentaba el preconcurso de acreedores. Y el olor a podrido llegó hasta la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), que el lunes anunció que estaba investigando si en la empresa ha habido “abuso de mercado”. Le ordenaba presentar “en la mayor brevedad posible” las cuentas de 2012 con serias amenazas si no lo hacía.

La última información oficial sobre su deuda tiene fecha de septiembre de 2012, cuando admitió un pasivo de 1.522 millones de euros, de los cuales 756 millones eran a corto plazo. La compañía cotizada, que tiene más de 10.000 empleados, no ha comunicado a cuánto asciende la cifra al cierre del año y de qué modo se ve afectada por los números de su centenar de filiales en todo el mundo. Aunque el hecho insólito de reconocer que en su contabilidad hay “discrepancias significativas” ya deja a los pies de los caballos a sus acreedores, accionistas y bonistas. Sin más explicaciones, la empresa mencionó ayer que ha pedido ayuda a su auditor, BDO, para evaluar y contrastar esas diferencias. “Estamos en proceso de revisión y conciliación”, apuntó escuetamente en un comunicado su presidente, Manuel Fernández de Sousa.

Fuentes financieras y cercanas a la empresa señalaron que la cifra real de deuda está entre los 2.000 y los 2.500 millones. Al parecer fue Houlihan Lokey, que iba a ser contratado como asesor financiero para llevar a cabo la reestructuración de la deuda, quien comunicó a la empresa y la banca acreedora que existían descuadres. En una reunión celebrada el jueves con cerca de 40 acreedores, el asesor señaló que se habían detectado operativas dentro del grupo, entre las filiales y la matriz, que hacían que la cifra de deuda del balance fuera diferente de la real, y que parte del pasivo hubiera quedado enmascarado.

Entre los acreedores hay cerca de medio centenar de entidades bancarias de todos los tipos: desde cajas de ahorros en proceso de fusión o nacionalizadas a entidades internacionales. Las que más dinero tienen comprometido son Sabadell (unos 200 millones de euros), Novagalicia (entre 150 y 170 millones) y con cantidades algo inferiores están CaixaBank y Popular.

Pescanova comunicó a la CNMV el lunes que había decidido suspender temporalmente la contratación de Houligan Lokey justificando que el cambio debía ser ratificado por el consejo. Sin embargo, según fuentes financieras, podría responder a una petición del propio asesor, que exigió que se aclaran las cuentas antes de iniciar el trabajo de reestructuración.

La crisis comenzó por las objeciones del auditor a las cuentas de 2012

Antes del reconocimiento de descuadres y de aplazar los servicios del asesor financiero, Pescanova presentó el preconcurso de acreedores. Otro hecho precipitó esa decisión: el 27 de enero había vencido un crédito sindicado y parte de la banca acreedora de ese préstamo no había aceptado su refinanciación. El auditor advirtió a la compañía de que eso le iba a suponer una salvedad en sus cuentas. Es decir, que en el balance de 2012, habría una advertencia del auditor explicando ese problema, según fuentes financieras. La empresa optó por acogerse al preconcurso de acreedores, y asegurarse así cuatro meses para poner en orden sus números. La CNMV, sin embargo, les ha atado a Pescanova en corto: ante las tremendas oscilaciones de sus títulos en Bolsa y las sospechas de “abuso de mercado” (que puede significar manipulación del precio de las acciones o uso de información privilegiada) les ha forzado a presentar ya sus números.

Solicitar el preconcurso (que llegó acompañado de una fuerte caída en Bolsa) parece una medida drástica contra una salvedad. Pero la amenaza de que aflorase el descuadre y el hecho de que al menos dos consejeros se negaron a firmar las últimas cuentas precipitó la situación. La huida hacia delante de Pescanova también está relacionada con la personalidad de su primer ejecutivo y presidente, Manuel Fernández de Sousa, empeñado en mantener el control de la compañía pese a que su posición accionarial se ha ido debilitando hasta el actual 14%. La primera vez que se sentó en el consejo de administración de la empresa —fundada por su padre— fue en 1977. Nueve años después se convirtió en presidente y siempre ha contado con grandes apoyos en Galicia, como el que recibió en 1995 desde la Xunta presidida por Manuel Fraga Iribarne. Entonces una oferta de compra por parte de Unilever a punto estuvo de hacer que el capital gallego perdiese el control de la pesquera. La operación fue neutralizada con apoyo público en forma de generosas subvenciones y préstamos de 42 millones de euros.

La empresa tiene 10.000 empleados y un centenar de filiales en el mundo

En los últimos diez años las cosas se han vuelto a torcer para Fernández de Sousa, que ha perdido accionistas históricos como los sudafricanos Imperial Cold Storage (ICS), Rodman Poliships o, recientemente, las cajas de ahorros fusionadas en Novagalicia. Ambas, sumaban el 24% de los títulos de la compañía y anularon su posición en junio de 2011. Con ellas el presidente perdió un socio financiero fundamental.

Alfonso Paz-Andrade, hijo de otro de los fundadores de la compañía y accionista histórico (tiene un 3,5%), dejó de ejercer en 2007 el cargo de consejero delegado tras 30 años en la empresa. Sucedió por discrepancias profesionales con el presidente en un momento en que varios directivos cuestionaron el modo en que Fernández de Sousa había afrontado las inversiones en acuicultura. Por si eso fuera poco, la crisis ha encarecido la financiación de la empresa hasta el punto de tener que realizar emisiones que devengan intereses cercanos al 9%.

La cotización fue suspendida ayer, en 5,95 euros por acción. Pescanova celebrará mañana jueves un consejo de administración que se presume muy complicado. Ninguno de los accionistas ha tomado una posición clara para forzar un cambio de timón a pesar de que importantes empresas como Damm, del grupo catalán de Demetrio Canceller, cuestionan seriamente a Fernández de Sousa.