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OPINIÓN

La energía de todos

La moratoria renovable es un síntoma de que se carece de política energética e industrial

En los últimos meses han subido los costes del petróleo, la gasolina, las importaciones energéticas, la intensidad energética y la seguridad nuclear. En la tarifa, los extrapeninsulares, ayudas al carbón, pagos por capacidad, distribución, subastas de la TUR, ingresos de las nucleares, déficit del gas, intereses de la deuda y la congelación de la luz conforman un sistema eléctrico cuya falta de competencia y transparencia lo hacen caro e ineficiente.

En los últimos años se ha tratado de culpabilizar a las renovables de esta desordenada regulación, cuyo origen se remonta a cuando las renovables eran aún insignificantes. La contabilidad creativa para no subir la luz, pactada por las eléctricas en 2003, dio origen al déficit tarifario que con la crisis financiera se ha convertido en un problema.

En el balance energético de los años más recientes se puede comprobar cómo solo el mayor consumo de renovables puede reducir nuestras importaciones energéticas, la intensidad energética y las emisiones de CO2

A la vez que se dicta la moratoria renovable se abandonan las políticas ambientales y de ahorro de energía. En realidad estamos ante la mayor resistencia al cambio de modelo energético que necesita la economía española, basado en la eficiencia y la reducción de nuestra dependencia energética. Desmontar el modelo español de renovables no tiene sentido porque su paralización no evitará ni subidas de la luz ni más déficit tarifario, ya que los costes energéticos más importantes son los de nuestras importaciones de petróleo y gas, nuestro mayor consumo de energía para producir bienes y servicios y un modelo de negocio que apuesta por el mayor consumo de combustibles fósiles y de nuclear, es decir, por el modelo más caro para el consumidor. Mientras este modelo no se toca, se cuestiona y paraliza el instrumento más eficaz para modificarlo. En el balance energético de los años más recientes se puede comprobar cómo solo el mayor consumo de renovables puede reducir nuestras importaciones energéticas, la intensidad energética y las emisiones de CO2.

España ha desarrollado una industria y una tecnología renovable propia, envidiada en el mundo y que es una parte de la riqueza y del empleo del país y uno de los pilares de la recuperación económica. Al contrario de lo que ocurre con los combustibles fósiles, su crecimiento ha proporcionado una significativa reducción de costes alcanzando su competitividad en esta década. Pararla es muy fácil, pero volverla a arrancar no lo será porque se habrá deslocalizado. La moratoria renovable es un síntoma de que se carece no solo de política energética sino también de política industrial.

Javier García Breva es presidente de la Fundación Renovables