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Reportaje:

Al turista chino no le gusta el sol y la playa

El monstruoso crecimiento de China es a menudo visto como una amenaza por las economías europeas. Pero hace ya tiempo que un sector vio en sus 1.300 millones de habitantes una oportunidad: el turismo. Con unas previsiones que dicen que 120 millones de chinos saldrán de vacaciones en 2020, España ha multiplicado sus esfuerzos a la caza del turista mandarín. Pero el rey del sol y playa se topa con algunas dificultades. El culto asiático a la piel blanca, con la consiguiente incomprensión de la propuesta vacacional española de vuelta y vuelta en una toalla a la orilla del mar, es sólo uno de ellos. En 2004, sólo 25.000 de los 53 millones de visitantes que recibió España eran de nacionalidad china.

Cuando se habla de China siempre se hace empleando cifras astronómicas. Para dejarlas atrás, sólo decir que, en 2020, el gigante asiático será el mayor emisor y receptor de turistas del mundo, según la Organización Mundial de Turismo. Y no son sólo previsiones. Ya en 2004, 28 millones de ciudadanos viajaron al extranjero, un 25% más que durante el año anterior, superando a Japón como primer emisor de asiáticos. Esto ha motivado que hasta la compañía de turismo espacial Space Ventures haya puesto un pie en el país, firmando un convenio con una empresa local.

España, un país cuyo 12,9% del PIB depende de este sector, no quiere cerrar los ojos ante el futuro. Los intentos por atraer a la gallina de los huevos de oro proliferan: Torremolinos ha organizado un curso para guías turísticos chinos, Santiago de Compostela será un destino recomendado, la mayoría de los gobiernos regionales han hecho incursiones en el terreno y casi ninguna provincia faltó a la feria Internacional Travel Market, que el año pasado se celebró en la ciudad china de Kunming.

Pero los esfuerzos promocionales se topan con varias barreras. Javier Liy dirige la consultora catalana de turismo Saab, que recientemente firmó un acuerdo de colaboración con Davost, la mayor consultora del ramo en China. Liy es muy claro: "España es una gran desconocida en China. No tiene una imagen sólida de destino vacacional. Al chino le atrae lo occidental y, por consiguiente, Europa, pero ve el continente como una gran unidad. Como los americanos, que no vienen a Francia, Portugal, o a Italia... vienen a Europa. Y en Europa priman otras grandes marcas como París, Londres o Milán".

El culto a las pieles blancas

El modelo de sol y playa tampoco ayuda. "A los chinos les gusta el mar y puede atraerles sentarse a contemplarlo, pero nuestra oferta de playas masificadas y construidas justito hasta donde llega el agua no les van a tentar. Además, su cultura idealiza las pieles blancas. Las princesas se ponían polvos de arroz para potenciarlo. Tostarse al sol no les gusta".

Por eso, el consejero de Turismo de la Embajada de España en China, Arturo Claver, cree que es conveniente adecuar el producto turístico español, basado en ese sol y playa, a las necesidades de China, para competir con Francia e Italia, los principales rivales.

Frente a ellas, España está en desventaja, también en cuestiones de logística: mientras París recibe 58 vuelos semanales desde China, Madrid sólo registra seis. Los turistas chinos que entran en la península ibérica lo hacen en su segundo o tercer viaje a Europa, "apenas saliéndose del eje Barcelona-Madrid-Lisboa", explica. Porque, al final, "lo más que conocen los chinos de España es el fútbol, los toros y, los más ilustrados, el flamenco".

Explotar los tópicos españoles

Precisamente, emplear esos grandes tópicos españoles como cebo es lo que propone Javier Liy, de la consultora Saab. El Real Madrid, la fiesta y los toros son atributos que no poseen otras "marcas" como París. Eso sí, de poco valen la paella, la tortilla española y el chorizo; Liy explica que la experimentación gastronómica no les atrae.

Otro obstáculo importante es el idioma. La mayoría de los mandarines no conoce más que su lengua y el sector turístico español carece de profesionales que la dominen. Algunas instituciones ya han dado pasos tímidos en este sentido pero, probablemente, la circunstancia que más ayude a entendernos será la creación del Instituto Confucio para la difusión de la cultura china, cuya apertura se acordó con la Universidad Autónoma en noviembre, durante la visita del presidente chino, Hu Jintao.

También se ha avanzado en la concesión rápida y barata de visados a los turistas. Normalmente, si éstos no viajan mediante una agencia homologada, deben paga una fianza antes de salir del país para demostrar que el viaje que van a emprender no es una emigración encubierta. Pero ahora, varias agencias españolas pueden conseguir visados en menos de tres días.

Ángel Juan, de Viajes Rico, cuenta que en noviembre pasado firmó el convenio con la Embajada china en España para poder hacerlo. "El Gobierno comunista chino ya confía en nosotros", bromea. Aún no le han contratado ningún viaje pero espera que esto suceda pronto, gracias, también, al congreso de la Federación de Agencias de Viajes, que llevó a 550 profesionales a Pekín, en noviembre. Entonces, acordaron colaborar con agencias locales para enviar y recibir turistas chinos.

Pero no todo el mundo es tan optimista en el sector. El consejero de Turismo español en China denuncia una cierta chinomanía en Europa; una tendencia a "magnificar" las previsiones de que el mercado emisor chino "vaya a desarrollarse a una enorme velocidad". Claver no cree factible un desmesurado incremento porque sería necesaria una ampliación de la clase media y un aumento de la población de las ciudades. Pero lo que sí sabe es que, por si se ha equivocado en sus previsiones, España debe estar allí.