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Juicio a Garzón por investigar los crímenes del franquismo

Los nietos de represaliados vieron en Garzón la opción de "cerrar heridas"

Dos testigos relatan al tribunal cómo los falangistas asesinaron a sus familiares

El proceso contra el juez Baltasar Garzón por su investigación de los crímenes del franquismo discurrió ayer por los mismos cauces de la sesión precedente: testigos de asociaciones de la Memoria Histórica, convocados por la defensa del magistrado, evocaron ante el tribunal los horrores que padecieron sus abuelos en la guerra, las sacas de presos y las desapariciones de recién nacidos que no han vuelto a ser encontrados. Ayer fue el turno de los nietos, de aquellos que "después de la muerte del dictador" comenzaron a hacer preguntas.

Garzón permaneció durante toda la sesión en el estrado sin dejar traslucir ninguna emoción, aunque el juicio se desarrolla satisfactoriamente para sus intereses. Sus seguidores, que hacían cola en el vestíbulo para acceder al salón de juicio, le tributaron a su llegada la consabida ovación.

"En Argentina y Chile investigaron delitos de lesa humanidad"

Josefina Musulén Jiménez, de la asociación Memoria de Aragón explicó que fue "la generación de los nietos" la que empezó a moverse para obtener "justicia y reparación". En 2006 creían ya que la única opción que les quedaba era la de la Audiencia Nacional, donde presentaron las denuncias que por reparto correspondieron a Garzón.

De su historia personal, Musulén evocó que el 13 de agosto de 1936 un falangista se llevó a su abuelo, que era de la CNT, y a su abuela, que se encontraba embarazada. Un hermano de su abuela fue al cuartel de Falange, porque se suponía que a las mujeres embarazadas no las podían fusilar. "Pero le dijeron que a mi abuela, con el tiro de gracia, le habían reventado la tripa".

"Fallecido el dictador", siguió Musulén, "encontramos a amigos de mi abuelo que nos contaron que a mi abuela la habían ingresado en realidad en un hospital y había dado a luz una niña, antes de que se la volvieran a llevar y desapareciera para siempre". La testigo dijo que llevan 33 años buscando a esa niña, la hermana de su padre. "No hay piedra en Aragón que no hayamos levantado", concluyó.

María Antonia Oliver París, de la asociación Memoria de Mallorca, declaró que en Mallorca la represión comenzó al día siguiente del levantamiento militar, el 19 de julio de 1936. "En Mallorca no hubo conflicto armado porque el control de los sublevados fue absoluto desde el primer momento". Después comenzaron "con listas preconcebidas" las ejecuciones, los asesinatos, las desapariciones... Su asociación tiene constancia de 3.000 asesinados "que no murieron en combate" y tienen documentadas 1.600 personas asesinadas en la isla y la localización de más de 50 fosas.

María Antonia Oliver explicó que es nieta de un desaparecido. "Mi madre estuvo llevando la comida a mi abuelo y a su hermano a la prisión durante seis meses. Un día de la primavera de 1937 le dijeron que les habían puesto en libertad. Pero todos sabían que hubo una saca en la prisión y que los sacaron maniatados y se los llevaron. Sabían dónde iban. Les esperaba una fuerza armada de Falange y les llevaron directamente a la muerte".

"Mi abuela y mi madre no lo vieron nunca muerto", siguió la testigo. "Les dijeron que era un rojo y un cobarde, que habría huido con otra mujer a Barcelona o Menorca y que las habría abandonado. Mi abuelo murió y lo que pretendo es que mi madre, de 87 años, pueda cerrar las heridas con la verdad y la justicia".

A preguntas del defensor de Garzón, Gonzalo Martínez-Fresneda, María Antonia Oliver explicó que su asociación calificó los hechos de delitos de "detención ilegal" y "desaparición forzada" como crímenes de lesa humanidad porque los abogados que les asesoran les dijeron que en Argentina y Chile habían salido adelante procesos sobre crímenes semejantes. Por eso creen que esos delitos "no prescriben", así como su dolor y sufrimiento "es permanente".

El juicio sigue el próximo lunes con la declaración de otros seis testigos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de febrero de 2012