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Cameron y la gran banca reclaman en Davos "medidas decisivas" a Berlín

El sector financiero, optimista sobre la crisis fiscal, teme por el crecimiento

John Paulson lleva un abrigo oscuro como un naufragio y está a punto de ponerse el sombrero sobre una cabeza que tiene en gran aprecio: en 2007 le ayudó a ganar 3.700 millones con su hedge fund apostando a que el mundo se hundía. Acertó. Paulson, el penúltimo genio de las finanzas, tiene una especie de don para adivinar quién se va a dar el próximo batacazo. Junto con el sombrero llega la pregunta del periodista: ¿Es el momento de comprar deuda italiana y española, ahora que Europa está mejor? "Quién sabe", responde a un paso de la salida del Foro Económico Mundial, en Davos. "Alguien ha dicho que Europa es una bomba. Si explota, todos muertos. Si la cosa se arregla, no veo mejor lugar para estar que Italia y España". "Pero créame", se despide, "nadie sabe nada".

A los bancos no les preocupa el debate sobre la llamada Tasa Tobin

Davos es un termómetro para calibrar de primera mano las impresiones de empresarios, financieros y políticos. Ocurre que este año la sensación térmica varía en función de a quién se pregunte: los economistas se han vuelto pesimistas de repente; y entre los demás se adivina una pizca de optimismo, muy matizada cuando la cuestión es Europa.

Davos quiere acción: la gran banca pidió ayer a la UE que actúe con rapidez para aprovechar el cambio de sentimiento en el mercado tras las inyecciones masivas de dinero del BCE. Y tras su espantada en la última cumbre europea, el primer ministro británico, David Cameron, reclamó a Berlín y Bruselas más recursos y garantías con objeto de construir un parteaguas definitivo para la crisis fiscal. "El BCE podría hacer más. Y las autoridades europeas deben ser más audaces y tomar medidas decisivas de una vez", dijo el premier británico, que invitó a la UE a centrarse en tres problemas: "Grecia, los bancos y un cortafuegos para la deuda". La tasa sobre las transacciones financieras que impulsa Francia no entra en la categoría de medidas en las que piensa Cameron: "Es una locura", dijo con un ojo puesto en la City londinense.

La City y Wall Street desembarcaron ayer en Davos en busca de signos de esperanza. No parecen preocupados por la tasa Tobin: están más pendientes de la recesión, de Grecia, de cuánto capital van a necesitar con la nueva regulación. A la banca no suelen gustarle las reglas, acostumbrada a la autorregulación y a supervisores permisivos. Los ejecutivos del sector dan por hecho que eso va a cambiar, pero no piensan quedarse de brazos cruzados: "Las nuevas leyes corren el riesgo de provocar una balcanización de la banca internacional, una vuelta al proteccionismo", advirtió Bob Diamond, de Barclays. "El exceso de regulación puede compararse con el de los controles de tráfico. Si se ponen controles por todas partes, es evidente que los bancos no van a tener accidentes, pero también es improbable que den el crédito que la economía necesita", dijo Martin Seen, de Zurich.

Las críticas al exceso de regulación son un clásico de Davos, donde este es un año de ausencias: no están ni Unicredito ni el nacionalizado Royal Bank of Scotland (RBS), dos de los tradicionales de Davos. Unicredito busca desesperadamente 7.500 millones, y RBS está ocupado en desmantelar la filial de banca de inversión. Ambos han tenido problemas en los últimos tiempos. Paulson también: en 2011 apostó a que el oro se desplomaría, pero esta vez falló. Quizá por eso, sombrero en mano, lanza ese lacónico "nadie sabe nada" cuando se le pregunta por España e Italia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 27 de enero de 2012