Cartas al director
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La elevada castidad del obispo

El obispo de Córdoba ha vuelto a exponerse a la palestra mediática acusando a algunas escuelas de incitar a la fornicación. Tirando de hemeroteca podemos apreciar cómo el obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, hizo unas acusaciones semejantes, esta vez acusando a los niños de provocar: "Si te descuidas te provocan", fueron algunas de sus perlas más sonadas. Resulta interesante la correlación existente entre tan elevadas exposiciones de ideas. "Cuando la sexualidad está desorganizada es como una bomba de mano, que puede explotar en cualquier momento y herir al que la lleva consigo", sentencia con gravedad el obispo cordobés. Se preguntarán si estará haciendo referencia a la necesidad de la Iglesia católica de suprimir la obligada castidad sacerdotal para evitar así según qué cosas, pero, lejos de ello, Demetrio Fernández parece querer reprender la existencia de esta sociedad corrompida, tan remota como está de la santa Iglesia católica, acusando a los medios de comunicación, cine, televisión y escuelas de abanderar este impío camino que nos lleva a tropezar sobre nuestros tentados cuerpos.

Ante tal cantidad de sandeces, podríamos explicarle que nuestra preocupación no es tal, que está más centrada en el mecanismo de la bomba a la que alude, más en concreto, en por qué demonios no es más falible y explota de una vez por todas antes de que consuman las aberraciones que cometen muchos de los que a sí mismos se consideran fieles defensores de esta virtud tan olvidada.- Álvaro Romero Alonso. Córdoba.

Entiendo la preocupación del obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, por lo que él llama la fornicación. Debe llevar demasiados años evitándola, luchando con el impulso natural de la especie humana. Pero su problema personal y doctrinario no tiene por qué ser el de los demás. Unas veces hacemos el amor y otras fornicamos porque nos gusta, nos da placer, trae a nuestros hijos al mundo y nos ayuda a sobrellevar la crisis sin hacer mal a nadie. La vida, Reverendísimo Señor.- Gonzalo Otazo Soandres. A Laracha, A Coruña.

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