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Análisis:

Tuertos

Lo sorprendente es que nos dejaran comer las doce uvas, cuando lo que correspondería con los anunciados recortes y subidas de impuestos es que no nos dejaran pasar de ocho y media. Si algo tuvo la comparecencia de los cuatro responsables gubernamentales, aparte de engrandecer la ausencia de Rajoy en un episodio tan destacado de su programa de futuro, fue la impresionante fidelidad al guión. Aunque se negara en campaña, subir los impuestos era la única posibilidad real de encarar las cuentas. La mentira y el ocultamiento forman parte de los discursos electorales en tanta magnitud como las promesas y los proyectos ilusionantes.

Afirmar que el déficit era mayor que el anunciado por el gobierno anterior era previsible porque es una estrategia común. Que este déficit tenga que ver con las comunidades autónomas no resta contundencia al mensaje, porque aunque mayoritariamente estén gobernadas por los conservadores, hace tiempo que parecen franquicias de otra marca, como si no fuera con ellos la contabilidad de España. Sobran expertos para el análisis, pero voces contundentes hablan de que para crear empleo apretar tanto el cinturón puede ser un torniquete trágico.

En la televisión pública el recorte será de 200 millones. Sobre un presupuesto de 1.200, significa que perderemos uno de nuestros ojos. Dependiente de Hacienda y Administraciones Públicas, donde se anuncia un recorte total de 442 millones, suena evidente que la tele nacional es la partida elegida para meter en cintura las cuentas de ese departamento, que ojalá propusiera más imaginativos recortes. Asociado a ese dinero va necesariamente el empleo. Por más que sería deseable la reducción de consejeros y directivos, será inevitable la de trabajadores y proyectos. Resulta sospechoso que un tijeretazo que hasta podemos entender que no venga acompañado de un paso atrás en la prohibición de emitir publicidad, medida que se tomó en otra tesitura y que se ha demostrado nada ejemplar para la liberalización del mercado. Más bien ha convertido el pastel publicitario en un rehén. Pero es otra de las líneas que cumple el guión actual, desmantelar los medios públicos, amparado en el silencio del resto de empresas de comunicación, que no ven mal ese camino hacia la ceguera, quizá porque entonces los tuertos serán reyes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de enero de 2012