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COLUMNA

El mundo por montera

Ya sé que lo que toca es hablar de Kutxabank y de los apaños políticos para colocarse en la nueva entidad bancaria vasca, pero no lo voy a hacer, porque no me apetece y me parece más de lo mismo, y porque cada cual ya explicará lo inexplicable y apelará al espíritu adulto y a la inteligencia del pueblo vasco. Lo de siempre. Así que no, que me importa una higa: hagan con mi edad adulta y con mi inteligencia lo que ustedes consideren mejor por mi bien, no por el suyo, con eso ya cuento.

Ya sé que lo que toca es hacer balance del año que termina, pero me niego a recordar las heridas de un año tan malvado, donde han aflorado los parados, los desahucios, los sin techo, el capitalismo más voraz y más hambriento, la falta de corazón, las mujeres maltratadas y asesinadas, las indemnizaciones millonarias para los factores de este desastre. El año de los indignados, que, como los parados, cada vez son más, invadan las plazas o se queden en su casa, si la tienen. Y suma y sigue. Y suma y sigue. Y suma y sigue.

Ya sé que lo que toca es hablar del nuevo Gobierno, pero qué vamos a hablar que ya todos no sepamos... ¿Alguien, de verdad de la buena, de la del niño Jesús, no sabe qué va a pasar con la reforma laboral, con los subsidios, con las ayudas sociales, con la política contra la violencia de género y con todas esas cosas que ustedes ya saben? La verdad, no merece la pena. Por sus hechos les conoceréis, y ninguno ha nacido ayer. De momento, algunos ministros ya han tenido algunos deslices dialécticos. ¿O no eran dialécticos?

Ya sé que lo que toca es hablar de las cuentas de la Casa Real que, gracias al imputado Urdangarin, hemos podido conocer varias décadas después. Sin el caso de Iñaki, las cuentas hubieran seguido ocultas. Pero la verdad, la del niño Jesús, la asignación de la Casa Real me importa otra higa. El problema de la monarquía es otro, más profundo, por mucho que Juan Carlos me haya parecido siempre un tipo divertido. Y eso sin haberle conocido.

Sé todas esas cosas y muchas más de las que tocaría hablar, pero he decidido, lo habrán observado, seguir las indicaciones de la maestra de la comunicación, Doña Belén de Esteban, cuando dice que no quiere hablar de Jesulín, como preparando la tormenta de palabras que vienen a continuación por espacio de quince o veinte minutos. Ya ven, en este fin de año me interesa hablar de cosas zafias, cutres, friquis. De la suerte que tienen Fabra con la lotería nacional, de que su novia sea la vicepresidenta de la Diputación de Castellón. Me hubiera gustado hablar más de Belén Esteban, a la que extraño en el nuevo Gobierno por su facundia contenida, pero me ocurrió como al del cuento, que cuando me desperté el dinosaurio aún estaba allí. Y se me acabó la historia en una línea. Feliz año. ¡Ja, ja, ja, qué cumplidito soy!

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de diciembre de 2011