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Análisis:

Menos es menos

Durante un foro reciente organizado por la Asociación de Periodistas Europeos, Mauricio Carlotti, máximo ejecutivo de Antena 3, respondió que no consideraba un empobrecimiento de la pluralidad televisiva española la deriva hacia las fusiones entre canales. Nos vamos a encargar de mantener la pluralidad, ya que ofreceremos muchos canales y muy variados, añadió. Por más que la respuesta quiera ser tranquilizadora, la absorción de La Sexta por Antena 3, tras la ya deglutida de Cuatro por parte de Telecinco, deja un panorama sombrío. No es lo mismo la multioferta que el pluralismo. Como no es la librería ideal una en la que haya muchos libros y de variada temática pero de un solo autor.

El diagnóstico más doloroso confirma que las últimas concesiones televisivas no fueron capaces de rentabilizar el negocio. La crisis también ha sido inoportuna con sus posibilidades reales. Para el mercado publicitario, descontada además la cadena pública nacional, esta concentración deja nulo margen de regateo. Que solo dos empresas en el ámbito nacional puedan exprimir la concesión televisiva escenifica un estado de negocio bastante lamentable. El espectador, por más que los canales se multiplicaran por la TDT y por más cuidadosos que sean los nuevos propietarios por intentar mantener la idea de independencia de los canales absorbidos, se enfrenta a una oferta uniforme. Otra televisión no parece posible y la crisis es a diario una bomba de neutrones para la diversidad.

Pero un país, este que encara un año complicado, es también el resultado de sus ofertas mediáticas. En muchas ocasiones, la mera disgregación genera la competencia, la inventiva, la riqueza y la curiosidad. La tele española no está por debajo de la de otros países de su entorno, salvo quizá en la variedad. El fracaso de los canales más jóvenes quizá tenga que ver con su incapacidad para captar al otro público con una oferta, para diferenciarla. Al final, parecían las mismas televisiones que sus precedentes, pero con menos medios. Así que la situación, por dolorosa que sea, no deja de tener una lógica alimenticia. La mirada del espectador, en consecuencia, seguirá escapando hacia canales de pago, suscripción, internet, cualquier promesa de algo distinto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de diciembre de 2011