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CARTAS AL DIRECTOR

Bienvenidos al siglo XIX

El resultado de las elecciones del 20 de noviembre era ya conocido de antemano. Han sido un claro ejemplo de que, a pesar de encontrarnos en el siglo XXI, nuestro sistema electoral es apenas una versión renovada del turnismo político que se produjo de la Restauración en el siglo XIX. Dicha evolución ha consistido en cambiar el conocido dicho "de Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas" por el de "del PSOE a PP y del PP a PSOE". Parece ser que no hemos cambiado mucho después de todo este tiempo.

Y es que no se pueden llegar a defender los resultados que produce nuestro sistema electoral, como por ejemplo que una formación (EQUO) con 215.776 votos no haya obtenido ningún representante en nuestro Parlamento, y que otras (GBAI) con tan solo 42.411 votos hayan obtenido representación.

La democracia implica más que depositar un trozo de papel en una urna cada cierto tiempo, que eso ya se realiza en algunas dictaduras. Implica, concretamente, que los votos tengan trascendencia. Para que exista democracia debe existir una relación directa (y la percepción de ello por los electores) entre el número de diputados que obtiene una fuerza política y el apoyo en votos que esta recibe. Pues si no es así no existe representatividad por parte de nuestros políticos y tampoco pluralismo político, que según nuestra Constitución debería ser un valor superior del ordenamiento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de diciembre de 2011