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Reportaje:

Mosquera, dos años de sanción

El segundo clasificado en la Vuelta de 2010, sentenciado por dopaje 14 meses después

Nada más recibir la noticia, caída ya la noche del miércoles pasado, Ezequiel Mosquera intentó ventilar su rabia, su frustración, por la vía filosófica. "¿Es justa la justicia?", se preguntaba el ciclista gallego, de 36 años, después de que la federación española le comunicara a través de su abogado una suspensión de dos años por su positivo por éster de almidón (HES) en la Vuelta de 2010, 14 meses hace ya, todo un mundo para un corredor de primer nivel parado a la espera de una sentencia.

Pocos minutos después, Mosquera bajaba los brazos: ni filosofía ni rabia, solo amargura. "Estaba rendido desde hace tiempo", dijo; "ahora lo difícil será asimilar que dos años van más allá de si el producto era dopante o no. Es la imagen que quedará de mí y que la gente se crea el otro teatro montado, que nadie de dentro nos creemos. Eso me va a costar mucho...".

Su equipo, temeroso de la UCI, no se atrevía a alinearle y el ciclista ya ha tirado la toalla

Con la sanción estándar a Mosquera, por primera vez en unos cuantos casos, la federación no se arriesga a un recurso de la Unión Ciclista Internacional (UCI) o de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) por su falta de severidad. Hace nada, la UCI recurrió ante el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS) la susupensión de seis meses de Óscar Sevilla también por HES, la misma sustancia de Mosquera, y justamente el prçoximo lunes comenzará en Lausana la vista ante el TAS por el recurso de la UCI y la AMA por la exoneración de Alberto Contador en el asunto del clembuterol.

Cuando habla de teatro, Mosquera se refiere al casi esperpéntico trayecto recorrido por su expediente desde que el 30 de septiembre de 2010, 11 días después de subir al podio como segundo de la Vuelta, la federación le notificó que el laboratorio de Colonia había encontrado restos de HES en la orina del control del día 16, en la etapa de Salamanca. El HES es un suero que se usa para aumentar el volumen plasmático y que hace descender rápidamente el hematocrito, cuyo elevado porcentaje es indicio de dopaje sanguíneo.

Mosquera y su abogado, Ignacio Arroyo, un cántabro tenaz y subversivo, se sienten en cierta forma discriminados por el trato recibido, pero no cejaron en su labor de sacar a la luz las contradicciones del sistema. Mostraron cómo a Mosquera la UCI le estaba buscando desde la Vuelta de 2009, cómo su buen rendimiento en 2010 aumentó las sospechas, cómo enviaron una muestra de 2010 al laboratorio de Colonia directamente y cómo después enviaron una segunda, en la que también halló HES luego de que en el de Madrid no se encontrara nada. También señalaron en sus alegaciones cómo no se encontró ni EPO ni restos de plastificantes en la orina, por lo que no había indicios de qué se hubiera recurrido a una transfusión sanguínea y que para taparla se usara el HES. Y sobre todo intentaron, sin éxito, dar un giro de 180 grados al concepto básico de la justicia deportiva de la responsabilidad objetiva, según el cual la carga de la prueba corresponde al acusado y no al acusador. En su caso, dado que la lista antidopaje indica que el HES solo está prohibido por vía intravenosa, intentaron lograr que fuera la acusación la que demostrara que sus niveles no se debían a la ingesta de alimentos con alto contenido en almidón. Con ello forzaron incluso que el subdirector del laboratorio de Colonia ingiriera HES para demostrar que los niveles de Mosquera solo podían ser intravenosos. Todo ello, durante 14 meses, el tiempo que tardó en tramitarse el caso mientras su equipo, el Vacansoleil, temeroso de la UCI, no se atrevía a alinearle en ninguna carrera.

Mientras Mosquera ya ha tirado la toalla y perdido la ilusión de volver a ser ciclista, su abogado, indesmayable, sopesa aún el organismo ante el que recurrir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de noviembre de 2011