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Un mal tratamiento

Un aneurisma es una dilatación anómala en la pared de un vaso sanguíneo, debilitándolo. Puede romperse y sangrar. Eso es lo que le ocurrió a Carmen Mesa en una arteria cerebral el 7 de septiembre. Sufrió "el peor dolor de cabeza" de su vida, tal y como los pacientes describen los síntomas de la dolencia. Mesa, de 65 años (también en ese grupo de edad y entre mujeres es más frecuente) tenía una hemorragia subaracnoidea (es decir, la sangre se acumula bajo la aracnoides, una de las cubiertas cerebrales), tal y como diagnosticaron los médicos. Fue trasladada durante 65 horas a cuatro hospitales. Y murió.

"En estos casos, hay que intervenir cuanto antes. Es una patología muy urgente. Con el diagnóstico efectuado, la paciente tenía que haber sido operada en cuanto fuese posible", aseguran dos fuentes médicas especializadas en este tipo de enfermedad. "Con los datos que se conocen, no se entiende por qué a esta mujer se le trasladó cuatro veces. Otra cosa es la causa. Si realmente los médicos no tenían medios, fueron víctimas de los recortes o no quisieron realizar la intervención. La verdad es que fue mal tratada", coinciden.

Aparte de los fármacos y cuidados necesarios, el objetivo en estos casos es evitar que el vaso vuelva a sangrar. Las opciones quirúrgicas son la embolización de la lesión o abrir el cráneo y taponar la hemorragia. En el primer caso se introduce un catéter por un vaso de la ingle, se llega hasta la zona de la arteria afectada y se sella la bolsa anómala. Eso fue lo que se plantearon los médicos del Vall d'Hebron, después de varios retrasos; alegaron que no tenían medios necesarios para la maniobra. Después, Mesa tuvo dos sangrados más. "Si la hubieran operado antes, habría tenido más posibilidades de sobrevivir", dicen las dos fuentes consultadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de noviembre de 2011