EL CÓRNER INGLÉS | FÚTBOL | La noche de los cerdos voladores
Columna
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La noche de los cerdos voladores

- "Es hora de aceptar con tranquilidad la absoluta mediocridad de la selección inglesa".

-Titular, ayer, en The Guardian

Toda la semana, un experto inglés tras otro hacían cola para rendir pleitesía a España. ¡Qué imaginación! ¡Qué disciplina! ¡Qué belleza! ¡Qué ejemplo para el mundo! Esto era en las páginas de atrás de los diarios, las de deportes. En las portadas y las páginas del medio, las de política y finanzas, la historia era diferente. ¡Qué aburrimiento! ¡Qué falta de ideas! ¡Qué estancamiento! ¡Qué horror!

Las inminentes elecciones en España no generan ilusión entre los propios españoles, con lo cual, obviamente, no la generan en el extranjero. Lo que hacen es reforzar la imagen que se tiene fuera de que España es uno de los países cerdos de Europa, uno de los PIGS (Portugal, Italy, Greece, Spain), imagen que el tiempo y las estadísticas económicas no desmienten. Pero el fútbol nos salva. Ahí nos convertimos, como diría John Toshack, en cerdos voladores.

El error para Inglaterra y Capello sería creerse el resultado, sacar conclusiones positivas de él
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Una derrota engañosa

El partido de anoche entre Inglaterra y España había sido el principal foco de interés del mundo futbolístico inglés desde hacía más de una semana. En España solo nos dimos cuenta de que se disputaba (solo empezaron a aparecer artículos en la prensa) el viernes. Era otro amistoso más. Pero para los ingleses fue algo de mucha mayor importancia. Fue una oportunidad para someterse a una prolongada dosis de autoflagelación, pasatiempo ampliamente disfrutado desde que llegaron a la conclusión (hace sorprendentemente poco) de que su selección carecía de ideas; de que el seleccionador, Fabio Capello, no ofrecía, ni mucho menos, la redención.

Los comentaristas se han pasado la semana contrastando las infinitas virtudes de la selección española con las tristes y aparentemente crónicas limitaciones de la inglesa. Dando rienda suelta a esa tendencia a la exageración que nos permitimos todos cuando hablamos de fútbol, pero que en este caso parecía estar justificada, decían que todo estaba fatal en el fútbol de Inglaterra y todo era una maravilla en el de España. De los entrenadores de los equipos infantiles ("son muchos más y son mucho mejores") a Vicente del Bosque ("brillante y modesto"); de la abundancia de grandes porteros (De Gea es titular para el Manchester United, pero no está entre los tres primeros para la selección) al maravilloso exceso de goleadores (Villa, Torres, Llorente, Soldado...); de la inteligencia superior de los maravillosos centrocampistas a su mayor habilidad técnica... En todos los terrenos, Inglaterra, opinaban, se quedaba corta ante España.

El partido de anoche, entonces, iba a servir para nutrir el complejo de inferioridad inglés, iba a medir lo lejos que la selección inglesa estaba de poder competir al más alto nivel. Una columna en The Guardian decía ayer que no había necesidad de ninguna bola de cristal para saber que España iba a ganar por 0-3, que Villa marcaría un gol bello o que Xavi daría 732 pases, el 98% a los pies de sus compañeros.

Pues no fue exactamente así. Para la confusión de la totalidad de los opinadores profesionales ingleses, los de Capello ganaron. Y, bueno..., nada más. Aparte del gol, la diferencia entre los dos equipos fue que España fue incapaz de dar el último pase e Inglaterra no supo dar ni siquiera el primero. Fue la repetición de aquel partido entre Suiza y España en el Mundial de 2010 o ese en el que el Inter de Mourinho ganó al Barça en las semifinales de la Champions de 2009. O sea, se vuelve a jugar el partido de anoche 10 veces y nueve lo gana España.

El error para Inglaterra y Capello sería creerse el resultado, sacar conclusiones positivas de él. La verdad es que nada ha cambiado. España sigue siendo tan superior en todas las facetas del juego como decían todos en Inglaterra antes del partido. En la Eurocopa, el año que viene, España los mata. Solo que anoche dio la casualidad, por una de esas absurdas injusticias con la que el fútbol nos abofetea, de que los cerdos que volaron tuvieron la nacionalidad inglesa.

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