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El fin de la violencia etarra

El clero quiere perdón recíproco

Sacerdotes de Gipuzkoa, el territorio vasco más nacionalista, piden a ETA que asuma culpas, pero también al Estado - Dicen que la convivencia tardará años

"Eran de la otra parroquia, la de la plaza del pueblo. Fue allí donde se oficiaron los funerales". José María Ormazabal, el párroco de la iglesia de Santa Cruz, una pequeña ermita de Andoain (Gipuzkoa), el lugar donde ETA asesinó al periodista José Luis López de Lacalle y al policía local Joseba Pagazaurtundua, no se siente cómodo al hablar de los atentados terroristas que se produjeron en su pueblo.

Aunque aún falta una hora para que empiece la misa de siete, tiene prisa, mira el reloj, hace ademán de levantarse e irse... Dice que sintió alegría al escuchar el jueves el comunicado de ETA poniendo fin a tres décadas de atentados, pero una alegría "sin aspavientos". "Ahora tenemos delante una gran problemática: las víctimas, el acercamiento de presos... Entiendo que el que ha sufrido la muerte de algún familiar sienta un dolor tremendo, pero también hubo otras muertes. No solo ahora, también durante el franquismo, en la Guerra Civil...".

"En el comunicado no hay víctimas de la otra parte", subraya Ayestaran

"Munilla tendría que decir que el Estado también torturó", afirma Aranalde

"ETA no va a reconocer que todo fue inútil", dice el profesor de la UPV

"Los que matan lo justifican por mala conciencia", señala el catedrático

El clero guipuzcoano de base, en gran parte afín al nacionalismo vasco, cree que la normalización en Euskadi solo se logrará con el perdón. Pero, para muchos de estos sacerdotes que ejercen en municipios gobernados por Bildu -la coalición liderada por la izquierda abertzale y que engloba también a Eusko Alkartasuna y Alternatiba- el perdón debe ser mutuo. No solo debe partir de ETA hacia las 829 víctimas que ha causado en los últimos 32 años. La reconciliación que ahora debe afrontar Euskadi, dicen, también exige que el Estado reconozca su parte de culpa. Hablan de torturas a los detenidos, recuerdan la guerra sucia contra el terrorismo, los GAL...

Por eso, algunos de ellos no vieron con buenos ojos la carta que su superior, el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, mandó leer en todas las parroquias de la provincia en la misa del pasado domingo. Munilla, considerado muy conservador y contrario al nacionalismo, cuyo nombramiento fue entendido por la base como una imposición del presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco, daba gracias en ella a Dios por ver más cerca la ineludible y urgente "disolución" de ETA. El texto mandaba un recuerdo especial "a cada una de las víctimas del terrorismo", cuyo dolor no ha cesado "por el cese de la violencia". Del papel del Estado en la lucha antiterrorista, ni una palabra.

"Este es un lenguaje que aquí no cae bien", explica el sacerdote y catedrático de Psicología Social de la Universidad del País Vasco (UPV) Sabino Ayestaran. "No hay víctimas de la otra parte ni ninguna referencia a alguna injusticia cometida contra el pueblo vasco. Munilla no siente el nacionalismo, no siente el orgullo de ser vasco. Nunca se ha sentido de este pueblo. Pero ese sentimiento no quita nada al orgullo de ser español o ser europeo", asegura este profesor emérito que, en los años noventa, vio cómo su cara aparecía pintada en dianas en las paredes de su universidad por su rotundo y público rechazo a la violencia.

Más conciliador con la opinión del obispo se muestra Luis Aranalde, párroco de la iglesia del Espíritu Santo, en San Sebastián, que en general está de acuerdo con el contenido de la carta, de la que leyó los pasajes que consideraba más importantes tras rezar el padrenuestro, "una oración que habla de paz". "El recuerdo a las víctimas del terrorismo y a todos los que se han comprometido contra la violencia y han trabajado por la paz era muy adecuado", asegura. "Quizás al hablar de las víctimas también tenía que haber dicho que el Estado ha hecho acciones terroristas, que ha torturado, pero bueno. Tampoco tenía que hacer una exposición de diez páginas".

Munilla también hablaba en su carta de la necesidad de que la Iglesia se implique en la pacificación y la reconciliación, pero ¿cómo lograrla?, ¿qué pasos puede dar el clero en esa dirección? Sabino Ayestaran se muestra muy escéptico. El profesor de la UPV cree que será un trabajo de años y que quizá requiera el paso de una generación.

"Tenemos un problema muy serio", dice. "Las víctimas del terrorismo, sobre todo las no nacionalistas, van a pedir a los miembros de ETA y los que les apoyaron que se retracten, que reconozcan que lo hicieron mal. Y con las víctimas, toda la derecha española y el PSOE. Pero creo que lamentablemente no lo van a conseguir porque la izquierda abertzale no puede hacer eso", explica. ¿La razón? "Matar es una cosa terrible y los que tomaron la decisión de hacerlo tienen que justificarlo. Lo necesitan. Si no, la conciencia les mata a ellos. Es muy difícil soportar que tú hayas matado y reconocer que no ha servido para nada", prosigue. "Podrán decir que comparten el dolor, incluso aceptar compensar a las víctimas económicamente, reconocer que ha sido cruel... Pero admitir que todo fue inútil es lo más humillante".

Para Luis Aranalde, que ETA pida perdón es esencial. "Tenemos derecho a exigirles que tengan entereza para hacer una autocrítica, cosa que es mucho más difícil que pegar a alguien un tiro en la nuca", afirma. "El que no pide perdón no se humaniza. Es lo único que puede ayudar al violento a cambiar de sentimientos y sanar. Pero eso es muy difícil. Reconocer el sinsentido de más de 30 años es duro. Es como cumplir al 100% el Evangelio", añade.

Pero el perdón, según el párroco de la iglesia del Espíritu Santo, debe ser recíproco. "Hay gente que ha muerto a nuestro alrededor fruto de torturas. Me acuerdo ahora de Lasa y Zabala [asesinados por los GAL y enterrados en cal viva en 1983], ese horror. Ha habido cantidad de gente torturada en un Estado legítimo y democrático", señala Aranalde. "Ninguno de los que en estos años han contribuido a esa espiral ha pedido disculpas. Nadie ha dicho que el GAL es un borrón espantoso de la democracia. Sé que todo eso ha sido provocado por ETA, pero yo no puedo caer en esa provocación. Que pidan perdón por eso. Es lógico", concluye.

La carta del obispo Munilla

- Hoy celebramos la Eucaristía en un contexto inmediato muy concreto, después de que la organización terrorista ETA ha hecho pública la decisión de "cese definitivo de su actividad armada" (...) Agradecemos a Dios poder ver más cerca la ineludible y urgente disolución de ETA.

- Queremos recordar de forma especial a cada una de las víctimas del terrorismo. (...) La comprensible ilusión social generada por la noticia del cese de la violencia terrorista no puede acallar el dolor de las víctimas, que no ha cesado.

- Queremos dar gracias a quienes, desde la primera acción terrorista, se han comprometido públicamente contra la violencia y han trabajado por la paz.

- El trabajo que se nos presenta a partir de este momento sigue siendo grande. (...) Queremos ofrecernos (...) como instrumentos de reconciliación para que las heridas abiertas puedan llegar a sanarse.

- Esta tarea de pacificación (...) debe comenzar desde el interior de nuestros corazones (...) haciendo posible una sociedad donde (...) la verdad sea buscada en libertad y aceptada con humildad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de octubre de 2011

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