Reportaje:

Éxodo escolar en Russafa

Familias que llevan años esperando el colegio público cuentan el drama de desplazar a los hijos a otros municipios de fuera de Valencia

Estudiar en un colegio del barrio, cerca de casa, de la familia y los amigos y pasar las tardes en el parque es un sueño imposible para los 150 niños que este año se han quedado sin plaza en el céntrico barrio de Russafa. Un distrito de Valencia en franca expansión demográfica, cultural y económica en el que el prometido colegio público de Infantil y Primaria, que sigue sin construirse, ha dejado en una década más de 1.000 niños sin poder estudiar, ni crecer, ni jugar en su barrio. Mientras, sus familias soportan el desgaste económico y el estrés que provoca la falta de calidad de vida. El tiempo extra en desplazamientos escolares es irrecuperable: padres y abuelos pasan de la media hora que emplearían al día si tuvieran el colegio en el barrio a perder dos horas diarias recogiendo a sus hijos o nietos.

El colegio público de Infantil y Primaria sigue sin construirse
Los padres confían en que el centro se incluya en los Presupuestos
Padres y abuelos dedican horas cada día para llevar y traer a los niños

Un grupo de padres y madres afectados relata el drama que viven por tener que escolarizar a sus hijos fuera del barrio a varios kilómetros de sus hogares. Presidencia de la Generalitat recibe mañana martes a la Plataforma per Russafa. Confían en que el presupuesto del colegio se incluya en los Presupuestos de 2012.

- De Russafa de toda la vida. Rosa ha acabado viviendo en Chiva, donde trabajaba, para poder escolarizar a su hijo. Tuvo que empadronarlo allí, para solicitar una plaza. Ahora ella está "sin trabajo, pero viviendo en Chiva". "Si me hubiera quedado en Russafa tendría que haberlo llevado a un centro privado y yo no puedo pagar 500 euros al mes. Es un desastre. Hasta que tomé la decisión de cambiarlo de barrio, me pasé un año fatal. Y solo tenía 3 años. Ahora está en 2º de Primaria y no se acuerda para nada del barrio ni de Valencia. Mi hijo se ha hecho chivano. Y eso me da mucha pena. Porque soy de Russafa de toda la vida. Allí nací, allí viví, allí lo hice todo".

- A pie, en autobús y en metro para llegar al colegio. El hijo de Anabel tiene un dictamen en escolarización y, por tanto, necesidades educativas especiales. En el otro colegio público de Russafa, el Balmes, lo reciben como un "problema" porque "no tienen medios suficientes ni profesionales adecuados". Tuvo que llevarlo al colegio Niño Jesús de Campanar. Para llegar cada día emplea entre 45 y 50 minutos. Antes su hijo estudiaba a cinco minutos de casa. Esto supone ir a pie hasta la plaza de España, coger el autobús y tomar el metro de Jesús. Hacer un transbordo y llegar al colegio. En transporte mensual se gasta 89,40 euros y en comedor escolar, 105 al mes. "Pero, además, luego está el estrés. Son casi dos horas diarias lo que perdemos de tiempo. Y mi hijo no puede hacer amigos allí, porque no puede quedar nos ellos porque vivimos en el centro". Cada vez su hijo se ve más desarraigado del barrio, con los vínculos sociales perdidos y viviendo en un entorno "sin dotaciones escolares, ni culturales, ni deportivas".

- A Berlín en busca de un colegio en condiciones. Vino de Italia huyendo del clima político y de la falta de servicios básicos como un colegio público en condiciones. En enero se traslada a vivir a Berlín, por falta de plazas escolares para sus dos hijos de 2 y 3 años, que están escolarizados en la Malva-rosa. "Berlín está en un país donde entienden que las familias necesitan servicios. Es dramático con dos hijos y sin familia aquí, mi marido y yo -que somos autónomos, tenemos una pequeña empresa y necesitamos vivir en el centro para que salga adelante- nos tenemos que ir de Valencia, que nos encanta".

- Entre dos barrios, de Russafa a Monteolivete. Carmen tuvo que sacar a su hijo con "dificultades" a los tres años del colegio público Balmes para poder escolarizar a su hermana y que fueran juntos al mismo centro. Ahora estudian en el colegio concertado Liceo Corbí en Monteolivete. "Eso de que el colegio no está tan lejos de Russafa, que te lo digan a ti que tienes que ir al paso de ellos y son 35 o 40 minutos caminando. A las tres de la tarde hay que volver a llevarlos y recogerlos de nuevo a las cinco. Claro, acaban reventados. Si coges el coche son alrededor de 100 euros mensuales en gasolina y el inconveniente de intentar aparcar. O sea que, aparte del inconveniente económico, está el tiempo que pierdes, el estrés y encima no te puedes permitir el lujo de trabajar, ¡no te los puedes permitir!". Sus hijos no tienen vida social en barrio. "Mamá, quiero ir a estudiar a casa de mi amiga". "No puedes, porque está en el quinto pino".

- Tanto si puedes pagar, como si no, a Picassent. Pilar está separada y tiene un hijo. En 2006, cuando se integró en la lucha por el colegio Puerto Rico, se decía que estaba casi en marcha. Ahora no lo he ha quedado más opción -y casi se queda sin plaza- que llevarlo a un centro concertado en Picassent. Se gasta 400 euros al mes y el niño tiene que hacer 16,9 kilómetros diarios.

- Dos hijas: una en el barrio, la otra fuera. Ismael es autónomo, no tiene ingresos fijos. Tiene dos niñas pequeñas que, ante la imposibilidad de escolarizarlas en el barrio, las matriculó en un centro concertado de Picassent. Esto le supone, al final, 800 euros mensuales. Este año, con la crisis económica, se lo ha replanteado. Ha solicitado plaza en el otro colegio público del barrio, el Balmes. Solo le admiten a la mayor, de 6 años. La pequeña, no. Una ruptura familiar de tiempos, comidas. Y difícil de sostener.

- Con dos niñas, y un tercero que viene ya. Catherin, danesa, vive en Russafa con sus dos niñas. El fin de semana salió de cuentas: el tercero, en camino. Solicitó plaza en el barrio y al final le enviaron una de ellas al colegio de Pinedo. La otra hija se quedó sin plaza, cuidándosela una amiga. La situación y el estrés para ella son insostenibles: cada día tiene que hacer casi 8 kilómetros para recogerla. Otro éxodo escolar más.

Diez años de promesas

- 2003. La Consejería de Infraestructuras anunció que destinaría 100 millones en Russafa para un complejo deportivo, un centro escolar, un centro municipal de servicios sociales y rehabilitación de fachadas.

- 2007. La alcaldesa Rita Barberá se compromete con 24 millones para servicios básicos en Russafa. A día de hoy la Plataforma denuncia que sólo ha visto cinco millones invertidos en aceras, macetones y vistosas flores.

- 2010. En septiembre se dice en público en las Cortes Valencianas que "se están ultimando las gestiones para licitar las actuaciones necesarias para el colegio número 100 de Russafa".

- 2011. En abril la Administración deja de ponerse al teléfono y no existe ningún compromiso escrito que deje blindado que las obras del colegio público Puerto Rico empezarán el curso escolar 2011-2012, y que no se recalificará el solar para un proyecto diferente.

- 2011. En el último pleno del Ayuntamiento de Valencia, el grupo de gobierno se compromete a construir el colegio. El suelo está cedido a la Consejería de Educación. Se han cerrado todos los trámites para poder iniciar las obras. Pero la empresa pública Ciegsa no tiene dinero.

- 2011. La Consejería de Educación tiene que decidir antes de que finalice el mes de octubre si incluye el proyecto de Russafa en los Presupuestos de la Generalitat para 2012.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 24 de octubre de 2011.

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