La gran escapada
En Lamu no hay coches. Las estrechas calles de la vieja ciudad suajili reconquistada por los portugueses y después por los ingleses se mantienen intactas, tan solo batidas por la humedad. Dos medios de transporte son suficientes para el paseo o las labores de reconstrucción de caserones que se codician desde que, en los años setenta, hippies ricos se instalaran en la isla: por tierra, el burro; por mar, el dhow (barco árabe de vela latina).
En Nochevieja, Ernesto de Hannover, que tiene su mansión en Shela, organizaba un partido de fútbol para el pueblo, y luego lo aterrorizaba sobrevolándolo en su avioneta. Dos altísimos guerreros masái guardan su puerta y seguramente su vida en la zona. Shela es una aldea situada a dos kilómetros de Lamutown y representa el paraíso para los propietarios y visitantes de las enormes casas con tejados de makuti y exuberantes jardines, a unos pasos de una de las playas salvajes más largas y bellas del mundo. Por sus dunas, envueltos en los mismos kikois de rayas multicolores que llevan los hombres del archipiélago, han sido avistados Ewan McGregor, Sienna Miller y la ubicua Kate Moss.
En Nochevieja, Ernesto de Hannover aterrorizaba al pueblo con su avioneta
Seguir las horas a través de las llamadas a la oración de los muecines, navegar por manglares, andar entre las ruinas de la antigua ciudad hasta llegar al mar abierto o hacer excursiones en barco para nadar entre corales y dormir bajo el inmenso cielo son actividades habituales de los visitantes. También del más insigne de todos: Barak Obama. Otra cosa muy distinta sería describir los quehaceres cotidianos de la gente del pueblo, que contempla todo esto con los ojos como platos y la risa suelta.


























































