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Necrológica:

Gaspar Henaine, 'Capulina', el humor mexicano

El comediante protagonizó 84 filmes, grabó 12 discos y fundó un circo

Chignahuapan es un pueblo mexicano situado a los pies de la Sierra Madre, a 200 kilómetros de la capital del país. Es famoso por sus talleres de alfarería, por una escultura de 13 metros de la Virgen de la Concepción tallada en cedro y por una estatua de bronce dedicada a un hombre regordete con bigote, chaqueta a cuadros, camisa mal abotonada, pantalones bombachos y un sombrero agujerado. El de la efigie es Gaspar Henaine, Capulina, actor, comediante, torero de vaquillas, anfitrión de un circo, presentador de televisión y protagonista de más de 80 películas. Bautizado como El rey del humorismo blanco, murió en Ciudad de México el pasado viernes 1 de octubre por complicaciones de una úlcera. Tenía 85 años.

De ascendencia libanesa, Capulina solía recordar que nació "en una bolsa". Es decir, todavía dentro de la placenta. "La gente del pueblo le llevaba veladoras a mi mamá, porque decían que yo era un santo. Cuando crecí me puse a investigar qué significaba y me dijeron que tendría mucha suerte. Y así fue", comentó en una entrevista publicada en Reforma en 2006. El actor tenía seis años cuando dejó el pueblo que le recuerda con tanto cariño para mudarse con su familia a la capital del país. Comenzó a actuar en la cadena de radio XEW a los 17 años. Su apodo lo obtuvo por una perrita que aparecía en los espectáculos, a la que él imitaba. Y en los pasillos de la emisora conoció a Marco Antonio Campos Contreras Viruta, con quien formaría una de las parejas artísticas más famosas de México. Viruta hacía del galán serio, Capulina del cómico que se metía en problemas. El éxito fue instantáneo. Filmaron más de 25 películas. Los desacuerdos entre el dúo, no obstante, provocaron su ruptura en 1966. La pelea resultó tan agria que, pese a los intentos de Capulina de limar asperezas, Viruta se negó a hacer las paces hasta su muerte en 1996. Incluso pidió a su familia que, si su ex-compañero aparecía en su funeral, lo echaran "a patadas".

Tras la separación, Capulina comenzó una prolífica trayectoria. En más de 20 años, filmó otras 58 películas. Tenía espíritu de hombre orquesta -tocaba siete instrumentos- y grabó 12 discos, presentó un programa de televisión y protagonizó su propio cómic: Las aventuras de Capulina y Capulinita. Su guionista de cabecera en esta etapa fue Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, posteriormente creador de El chavo del ocho y El chapulín colorado, series inmensamente populares en América Latina.

Su legado, sin embargo, nunca recibió el reconocimiento de la crítica como en el caso de otro célebre cómico mexicano: Can-tinflas. "No marcó a cinéfilos, marcó a espectadores. Sus películas no serán material de una clase de apreciación de cine mexicano, pero ninguna lección de cine puede compararse con los flashbacks que producen", escribió de él Maximiliano Torres en Milenio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2011