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PORTERA DE DÍA | PROTAGONISTAS

Sexo en Dueñas

Vamos a dejarnos de mantillas, peinetas y otras pamplinas de sobremesa. Aquí quien más quien menos se pregunta lo mismo sobre la boda del siglo. Lo que pasa es que muchos lo piensan y yo lo digo. Cuando salió Obama de presidente, viéndolos tan altos, tan guapos y tan lustrosos a él y a Michelle, hasta los más puritanos pontificaron que por fin habría sexo en la Casa Blanca, dando por supuesto que Bush y señora no practicaban, qué sabrá nadie lo que ocurre en esa alcoba. Ahora sucede lo contrario con la nueva pareja del palacio de Dueñas. Todos dan por sentado que no hay tema. Pues a mí no me cabe duda ninguna. De que sí, digo, y no es un dequeísmo, me juego lo que quieras con Marías.

La novia lo ha dicho por activa y por pasiva. Se casa porque es católica, apostólica y romana, y porque le da la ducal gana. Que le horroriza "el divorcio, el aborto y esas atrocidades", ha declarado, tan campechana. Muy moderna para la bisutería, pero en eso es ultramontana. Un matrimonio sin consumar no es un sacramento como Dios manda, y no lo digo yo, sino el derecho canónico. Como que es causa de disolución automática. Por eso sostengo que ahí debe de haber asunto. A ver si después de lo que les ha costado salirse con la suya, viene La Rota y los anula. A él se le ve más cumplido que un luto. Otra cosa no, pero se desvive por darle gusto a su chica. Y no quiero meterme en más honduras.

Que se casa por interés, opina la mayoría. Y ella, no te digo. Yo no seré periodista, pero para mí que eso no es noticia. Por interés se casa todo el mundo, otra cosa es de qué tipo. El día de la boda tuvimos debate en el trabajo. Cuanto más pijos y más progres, menos partidarios del enlace. Que qué apuro para los hijos, que si es su madre la mete en una residencia, bramaba una que vota a Izquierda Unida. Seguro que los vástagos de la casa barruntaban lo mismo. Lo malo es que todas las residencias son suyas, y los palacios, y los títulos. De su madre, digo.

La matriarca cree que el matrimonio es para toda la vida, así que invitó a sus exyernos y exnueras, si se separaron hace lustros es su problema. Y allí que estaban todos, cualquiera declina la oferta. Solo faltó su niño el bohemio y su última esposa, su única hija política de pleno derecho. El resto de la prole se tragó el sapo, además del sofocón de ver a su madre como su abuela la trajo al mundo en la portada de Interviú.

No me extraña que Eugenia somatizara la calentura. Le salió tal sarpullido que tuvieron que ingresarla. En la Ruber Internacional, qué menos, los ricos no se andan con chiquitas: se les infecta un padrastro y vuelan a Houston. No sabía yo que

la varicela era tan galopante, pero debe de ser cosa de esa gente bien con tanto caballo y tanto jinete.

Total, que aparte de Carmen Tello y Curro Romero, los únicos casados como es debido en ese convite eran Victorio y Lucchino. En ausencia de los nietos, además del traje de novia, los modistas lo bordaron de niños de arras. Siempre Así se llama el conjunto que le cantó a la desposada, dime tú si eso no es hilar fino. Había que ver al novio, ese castellano viejo, aplaudirla con menos gracia que un uzbeco. Estaban que exultaban. Ella, de octogenaria recién casada. Él, de flamante consorte. Que les quiten lo bailado a la solista y al palmero. Haya o no tema.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de octubre de 2011