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Reportaje:

Mentes abiertas al trabajo

El proyecto Innovalan fomenta la inserción sociolaboral de los enfermos mentales - Diez entidades participan en la iniciativa

"Esto no es solo solidaridad. No renunciamos a la eficacia y exigimos un aporte de valor a la empresa". Fernando de Santiago, director de Recursos Humanos de Vidrala, firma alavesa fabricante de vidrio, explicaba así ayer la integración en la compañía de Asier, de 38 años, un licenciado en Historia esquizofrénico, que se encarga de limpiar los moldes en el taller. "No es un proceso de producción fácil, requiere fiabilidad y esfuerzo físico", señala De Santiago.

Esta empresa ha sido una de las primeras en adherirse al proyecto Innovalan, que busca contribuir a la inserción laboral de las personas que sufren trastornos mentales. Se trata de una iniciativa conjunta de asociaciones y entidades de muy diversos ámbitos: la Asociación Vizcaína de Familiares y Enfermos Psiquiátricos (Avifes); la red vizcaína de Salud Mental de Osakidetza; el Parque Tecnológico de Bizkaia, Innobasque, Bizitegi, Lantegi Batuak, Fundación Argia, Emaús, Fundación Eragintza y Hogar Izarra. Ayer presentaron su proyecto, abierto a la adhesión de nuevas compañías (www.innovalan.eu). "No hay unas empresas más adecuadas que otras", subraya De Santiago.

Javier Guerras, esquizofrénico: "Mis compañeros y jefes me aceptan plenamente"

"Esto no es solo solidaridad; queremos eficacia", apunta un empresario

A Javier Guerras, a punto de cumplir 31 años, le diagnosticaron esquizofrenia con 17 - "mis padres detectaron comportamientos extraños"- y tuvo que abandonar temporalmente sus estudios. Luego continuó su formación en grado medio, pero recayó. Hizo un curso de serigrafía en Indautxu y logró su primer contrato en una empresa de instalación de alarmas. Desde entonces no ha parado de trabajar.

Tras pasar por un empleo de instalación de cuadros eléctricos, regresó a la primera firma que le contrató hasta que hace cinco años le diagnosticaron la enfermedad de Crohn. Desde 2008, trabaja en la firma Jeremías de Amorebieta como soldador primero y manejando las máquinas de corte por plasma de tubos de acero inoxidable después. Consiguió la plaza a través del centro especial Ganoraz. "Hago una vida totalmente normal. Vivo independizado con mi pareja y acabo de ser padre hace dos meses", cuenta Guerras. "Nunca me ha faltado trabajo y la aceptación de mis jefes y compañeros ha sido plena", añade.

En opinión de De Santiago, el éxito en la integración de un enfermo mental pasa por analizar bien la correlación entre la persona y el puesto, comunicar a los empleados la inclusión del nuevo trabajador y sus características, verse apoyado por un preparador laboral que le acompañe, sobre todo en los primeros días, "romper con los miedos" y contar con el asesoramiento de entidades especializadas.

Contratar a una persona con una enfermedad mental tiene, además, ventajas fiscales. De entrada, hay una subvención a fondo perdido de entre 3.907 a 7.814 euros y bonificaciones en la cuota de la Seguridad Social a partir de 3.500 euros. Unas 23.000 personas sufren algún trastorno mental en Bizkaia. Solo entre un 5% y un 15% de ellas tiene trabajo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de octubre de 2011