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CINE / PERFIL

A la búsqueda del tiempo a través de la luz

José Luis Alcaine, director de fotografía de La piel que habito, anhela un Oscar como premio para culminar su carrera

Lo mira todo, lo controla todo. Es difícil escapar a la mirada de José Luis Alcaine. Sus ojos, casi siempre entrecerrados, son cálidos pero apabullantes. Será porque este director de fotografía, que ha iluminado lo mejor del cine de nuestro país, ha buscado desde siempre los ojos de los actores. Dice que no manda. A sus 72 años, casi 50 de profesión, más de 120 películas, cinco premios Goya, dice Alcaine que no manda. "Bueno, trato de no mandar". Pero lo hace. Eso sí, con una elegancia que parece que las órdenes no fueran suyas. "¿Dónde quieres que vaya? ¿Dónde me pongo?", le dice al fotógrafo del periódico. "Deberías decírmelo tú", le contesta. "Yo no, donde tú me digas". Así es en el inicio. Pero luego, muy sutilmente, el retratado va proponiendo al fotógrafo el lugar más indicado, teniendo en cuenta la luz que esa mañana entra a borbotones por los ventanales del Café Gijón de Madrid. "Y ahora tú te alejas y desde allí me las haces", añade. La escena acaba en una mezcla de los deseos de ambos y con los dos personajes volcados en la cámara fotográfica inspeccionando el trabajo juntos. "Esa es muy bonita", le señala Alcaine.

"Víctor Erice y Pedro Almodóvar son para mí los directores españoles que tienen el mundo estético más claro"

Ha llegado casi con 24 horas de retraso a la cita. Tan entusiasmado está con su último descubrimiento, ese que vincula el Guernica, de Picasso, con la película Adiós a las armas, de Frank Borzage, y que ha creado tanta expectación en la Red y fuera de ella, que Alcaine, sentado durante días y días delante del ordenador, se confundió de día. Y cuando finalmente llega a su cita, lo hace con una cajita de trufas de champán. Se sienta en un rincón del café y es cuando recuerda a Fernando Fernán-Gómez y una bonita escena que rodaron juntos aquí, en el café, de la película El viaje a ninguna parte. Fernán-Gómez es solo uno de tantos directores con los que Alcaine ha trabajado. Manuel Gutiérrez Aragón, Víctor Erice, Carlos Saura, Bigas Luna, Pilar Miró, Fernando Trueba, Pedro Almodóvar

... Antes o después, todos los grandes en España han buscado la luz de Alcaine. ¿Y cuál es su luz? "Cada película necesita una luz distinta, tiene problemas distintos. Hay directores de fotografía que son casi especialistas de un tipo de luz. Es como el director que hace películas de terror, de acción o de época. A mí la luz me viene dada por el guión y por cómo se enfrenta el director con esa historia que quiere contar. Si hay una característica común a todas mis películas es la de la búsqueda del tiempo. Siempre que cuentas una historia, el paso del tiempo está presente, es ineludible, y yo busco ayudar a crear esa sensación. Vivimos en un mundo de imágenes, pero la imagen, cuando la vemos, siempre pertenece al pasado, forma parte de la historia. No hay instantáneas del momento. En cuanto aprietas el gatillo de una cámara ya estás en el pasado. Lo que has registrado o impresionado en la cámara pertenece al pasado. De alguna manera hay que crear el discurrir del tiempo porque eso es lo que nos ocurre en la vida".

Otra de las características de la fotografía de Alcaine tiene nombre de mujer, de mujeres más bien, de estrellas, de diosas. Él creció con el cine de los años cuarenta y cincuenta, en la negrura de las salas en Tánger, donde su padre regentaba un cineclub. "El cuidado que esas películas tenían con las actrices era importantísimo. Salían como diosas, la gente se enamoraba de ellas. Esa especie de fascinación por esas mujeres grabó mi juventud y ha influido mucho en el sentido de que tengo un cuidado muy minucioso para que las actrices salgan lo más atractivas posibles. El cine de hoy devora la imagen de los actores de una manera muy rápida. Es curioso, porque hoy son los grandes actores los que tienen la llave de las películas, es decir, que se hace una película porque la ha firmado Leonardo DiCaprio, Brad Pitt o Angelina Jolie. Si ellos no la hacen, los proyectos se quedan en un cajón. Pero, a pesar de esa fuerza enorme, los actores están mucho peor cuidados que en la época dorada de Hollywood".

El próximo día 4, Alcaine recibirá la medalla de oro de la Academia de Cine, en una ceremonia que tendrá lugar en el Museo Reina Sofía de Madrid. Un premio más que añadir a su carrera. Sin desdeñar ninguno de ellos, Alcaine echa de menos uno muy especial: el Oscar. "Deseo de verdad un Oscar. Es un premio que creo que falta en mi currículo. De alguna manera es el súmmum de la industria cinematográfica. Ya tengo Premio Europeo, cinco goyas, el de Cannes. Ahora me gustaría el Oscar, que es algo así como entrar en otra división. En los tiempos que corren, en que el trabajo es tan escaso en España, si tienes detrás un premio como el Oscar, que viene de la gran industria norteamericana, tu nombre inmediatamente tiene preferencia sobre otros compañeros en cualquier proyecto de nuestro entorno europeo. Es una razón claramente comercial, porque la realidad es que te abre una cantidad de puertas enorme".

Con el galardón de la Academia ha experimentado algo nuevo: el mirar hacia el pasado, algo que nunca se había permitido. "Siempre he pensado mucho en el presente y poco en el mañana, en un mañana muy cercano, y nada en el pasado. Esta profesión es tan competitiva que solo vales lo que vale tu última película. Las anteriores son pura historia, por ello he tratado siempre de estar al día, replanteándome mi profesión constantemente y sin mirar atrás". Y cuando ha vuelto sus ojos atrás adivina por encima del resto a dos grandes artistas: Víctor Erice y Pedro Almodóvar. "Creadores en cualquier arte y no solo en el cine hay muy pocos. Erice y Almodóvar, para mí, son los directores que tienen el mundo estético más claro. De los que yo he conocido son los que poseen un mundo visual más personal. A través del tiempo siento muchísimo lo que le ha pasado a Víctor, porque el parón de la película El sur, del que no se puede culpabilizar a él, lo ha llevado como una losa. Este oficio es muy duro. Fernán-Gómez contaba con mucha gracia que cuando en una productora se estaba haciendo la lista con los componentes del equipo técnico y uno soltaba un nombre, la mera reacción del botones de la empresa -"huy, ese"- era ya motivo suficiente para borrarte del proyecto".

Bromas aparte, lo que es una realidad es que José Luis Alcaine se considera en paro. Desde que terminó La piel que habito no ha recibido ninguna propuesta. "El problema no es otro que el financiero. Ocurre que en España presumimos de rodar muchas películas, unas 160 al año, pero solo hay cuatro o cinco, a lo sumo seis, que sean de verdad visibles. El resto son filmes que están realizados con muy poco dinero y con una pésima calidad técnica. Lo importante para este tipo de cine no es su éxito de cara a la taquilla, sino simplemente hacerlo".

Alcaine está detrás del movimiento de los directores de fotografía en España que reclaman una autoría que les niega el Ministerio de Cultura y que está reconocida en 23 países de la Unión Europea. "Por ninguna de mis 127 películas he cobrado derechos de autor. No me quejo, me he acostumbrado a ello. No reclamo un pedacito de la tarta sino que se reconozca mi condición de creador de imágenes y de luz", clamaba este verano el operador, que denunció que el Gobierno de Rodríguez Zapatero se había puesto del lado de los poderosos, "o sea, de la SGAE". A pesar de este olvido en nuestro país -solo están considerados autores de un proyecto audiovisual el director, el guionista y el músico-, Alcaine reconoce que a nivel mundial el operador ha ido ganando puestos desde los inicios del cine. "En las películas de los años veinte, el nombre de los operadores aparecía al final de los títulos de crédito. Hemos ido ganando puestos y cada día estamos más cerca del título del filme, junto con los músicos y los productores. Algo es algo".

Obsesionado desde siempre por la pintura y el color -"mis comienzos fueron con el color, pero no es verdad que no me guste el blanco y negro, pero es que el blanco y negro que se puede hacer ahora es oriundo del color y no como lo conocíamos en los años cuarenta y cincuenta"-, el tiempo libre al que le obliga el paro lo dedica a sus obsesivas investigaciones en torno a los grandes maestros del pincel y el cine. La última ha sido la del Guernica, de Picasso, y su relación con Adiós a las armas. No la tiene todavía ultimada. Ahora está empeñado en buscar a la hija de Gregory Peck, el actor norteamericano que fue gran amigo de Picasso, al que visitaba cada vez que viajaba a Europa. "Hay fotos de ellos dos con la hija que entonces tendría unos 20 años y que, según mis averiguaciones, quería ser pintora. Voy a intentar buscarla y preguntarle si en aquellas conversaciones entre su padre y Picasso, el pintor algún día habló de Adiós a las armas. Yo estoy convencido de que sí, de que la vio más de una vez, pero me gustaría confirmarlo". Pues a ello.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de septiembre de 2011