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Reportaje:FÚTBOL | Quinta jornada de Liga

Frustrados por dentro y por fuera

Las decisiones de Mourinho y las defensas cerradas, como la que planteó el Levante, inquietan al vestuario del Madrid

Sami Khedira era un hombre reflexivo, políglota desde niño, de aire intelectual, recordado en Alemania por la serenidad con que afrontaba los partidos. Quince meses en el Madrid le han transformado en un futbolista crispado. Su reacción en Valencia, donde fue expulsado por empujar a Ballesteros, retrató su nuevo estado de ánimo. Mourinho, su entrenador, le responsabilizó de la derrota ante el Levante (1-0) por caer "en la trampa del juego sucio".

Khedira resume el malestar que se extiende por el vestuario del Madrid desde el verano. Como todos los jugadores, el hombre es susceptible. Observa cosas preocupantes. Su puesto, hasta hace unos meses asegurado, ha pasado a disposición de Coentrão, el jugador al que Mourinho reserva un trato prioritario y con el que comparte representante. En Zagreb, ante el Dinamo, Khedira se sintió desplazado al banquillo por un competidor que no maneja ni los rudimentos del oficio de centrocampista. En Valencia, aunque recuperó su sitio, lo hizo con la sensación de que su futuro en el equipo está sujeto a intereses que no tienen nada que ver con los méritos profesionales.

Los jugadores tienen la sensación de que su puesto no está sujeto a méritos profesionales

Este sentimiento de frustración, que comparte con compañeros como Marcelo, Arbeloa, Kaká o Albiol, se incrementó durante el partido ante el Levante. El rival se cerró atrás y el Madrid no encontró la manera de elaborar el juego para dar con los espacios y los goles que necesitaba. Los jugadores creen que Mourinho no les ha ofrecido nuevas soluciones para superar una defensa que achica hacia atrás. Que los problemas que les llevaron a perder la Liga pasada con tropiezos en Almería, Riazor, Pamplona o Valencia no han sido resueltos.

Los jugadores piensan que la mayoría de los equipos de la Liga seguirán el mismo guión para frenarlos. Creen que las dificultades que encontraron ante el Levante no desaparecerán en los próximos meses, cuando se midan a otros equipos, porque los entrenadores ya saben como conseguir que el Madrid se quede sin respuestas: bastará con replegarse y no conceder espacios para que Cristiano, Di María, Benzema, Özil y Alonso ejecuten contragolpes.

Desde la Supercopa, el Madrid ha jugado cinco partidos: Galatasaray, Zaragoza, Getafe, Dinamo y Levante. Solo controló la situación ante el Zaragoza en un partido que, para muchos, resultó extraño. Lo dijo Miguel Ángel Lotina, exentrenador del Depor, en Radio Marca: "De todos los partidos que he visto esta temporada el que más me sorprendió fue el Zaragoza-Madrid. El Zaragoza atacó al Madrid con demasiados jugadores por delante de la línea del balón. Debían saber que el Madrid es letal a la contra y debes estrechar las vigilancias. Me sorprendió que no vigilaran a nadie. Ni siquiera a Özil. Me extrañó muchísimo".

Ante el Levante, durante medio partido, el Madrid chocó contra un muro. Muchos jugadores madridistas se exasperaron ante la incapacidad de demostrar su superioridad. Un incidente corriente entre Di María y Juanlu desencadenó la revuelta. Khedira no consiguió detenerse un momento a considerar que su acción supondría una provocación a la autoridad del árbitro, cuyo juez de línea lo estaba mirando a menos de un par de metros. Al ver a Ballesteros inclinado sobre Di María, se abalanzó sobre el capitán del Levante embistiéndolo con ambas manos y le hizo perder el equilibrio. Ballesteros dejó que su cuerpo fuera al suelo, aumentando el efecto del atropello, y sentenciando a Khedira.

En Zagreb, tras el partido ante el Dinamo, Mourinho llamó al vestuario por teléfono para que, de su parte, sus ayudantes mandaran a los jugadores a quejarse del árbitro, como en la temporada pasada. Solo Di María obedeció. Últimamente, el técnico portugués encuentra poca gente dispuesta a cumplir sus indicaciones sin discernir si convienen o no. Sergio Ramos hizo lo contrario. En Zagreb y en Valencia. Dijo: "No hemos sabido matar el partido antes de quedarnos con uno menos. No queremos acusar al árbitro. Es cierto que no nos pitó un penalti pero nosotros tuvimos toda la segunda parte para meter más de un gol y no lo hicimos".

La tensión, que en primavera se convirtió en el valor distintivo del Madrid, está carcomiendo a la plantilla en otoño. La vieja unidad, impuesta o no, se ha perdido. El fútbol es el de siempre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 20 de septiembre de 2011