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Reportaje:VUELTA 2011 | 16ª etapa

El más listo de la rotonda

Haedo se convierte en el primer corredor argentino en ganar una etapa en una de las tres grandes rondas tras superar a Pettachi y Bennati en Haro

Las etapas de transición son como algunos párrafos de las novelas necesariamente largas que hay que escribir en estos tiempos: minuciosamente descriptivos u obligatoriamente enrevesados. Son como áreas de descanso o de cansancio en una narración, según se mire.

La etapa que acababa en Haro era un párrafo larguísimo, de 200 kilómetros, entre el verde y el marrón típicamente riojanos, rodeados de viñedos que invitan a la complacencia. Pero al final del párrafo había unas líneas torcidas que convenía leer. Hablaban de alguien que había colocado una rotonda a escasos 300 metros de la meta con el único afán de exigir a los ciclistas un poco más de lo habitual, es decir, que a velocidad de vértigo supieran interpretar que no era una rotonda (da igual sortearla por la derecha o la izquierda), sino un pase por la izquierda. Las locomotoras del pelotón, enloquecidas, ansiosas, llegaron a la rotonda y la leyeron mal. Tiraron por la derecha, que era mucho más larga que la izquierda. Y de ahí surgió Juanjo Haedo, un argentino, el primero que gana una etapa en una de las tres grandes vueltas por etapas, con el tiempo suficiente para levantar los brazos, atusarse el maillot, mirar al cielo y celebrarlo antes de haberlo conseguido, que es un placer impagable.

La rotonda fue, pues, como El Angliru de Haro, la gran dificultad, quizás mal señalizada, quizás mal leída por los posesos de la carrera, en cualquier caso innecesaria cuando se diseña una recta de sprint. En ese párrafo apareció el nombre de Haedo, un sprinter de Chascomús (Buenos Aires), que, amén de conseguir un éxito importante, pasó a la historia del ciclismo de su país. Está claro que la Vuelta ha apostado decididamente por la globalización.

Pero el párrafo también dejó otros versos sueltos. Por ejemplo, el de Purito Rodríguez, que se vio involucrado en una caída masiva en el tramo final y dolorido en un brazo cedió 11 minutos. También se fueron Boonen y Spezialetti debido a otra caída. Y también lo intento el Sky, en el llano, en la zona bacheada de la carretera, con un ligero viento que a punto estuvo de cortar el pelotón y meter el miedo en el cuerpo del Geox del líder, Juan José Cobo.

Cualquier botín es bueno. Lo pequeño puede resultar muy grande. Aunque nunca se sabe dónde nace una rotonda o una montonera y te manda a ninguna parte, la primera, y al suelo, la segunda.

Entre lo uno y lo otro, Cobo, casi sin quererlo, sumó dos segundos de margen en la etapa frente a Froome que anduvo disputando el sprint intermedio con el mismo objetivo. Aquí no se perdona nada. Un currusco de pan es un manjar, sabido que no queda mucho que comer.

A Haedo la confusión le vino bien. Fue el mas listo de la rotonda, allí donde los GPS suelen volverte loco y donde las locomotoras del Leopard se hicieron un lío y eligieron el camino mas largo, el que no llevaba a ninguna parte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de septiembre de 2011