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Crónica:VUELTA 2011 | 15ª etapa

El tapado se quita la capucha

Cobo se exhibe en El Angliru, alcanza el liderato y se antoja vencedor de la Vuelta

Era Cobo, Juanjo. El Bisonte de la Pesa. El treintañero de Cabezón de la Sal que hace poco se planteaba colgar la bicicleta en la pared del garaje. El que brilló en 2008 y estaba missing desde entonces. El tapado. El que parecía que solo iba y venía por el grupo de los elegidos suponiéndose que se conformaba con el top ten. Era Cobo el elegido de El Angliru. El que iba a dinamitar la carrera al viejo estilo, atacando a siete kilómetros de la meta cuando la mítica montaña asturiana eleva su espinazo y propone sus rampas más duras. Era Cobo después de que todos, o muchos, lo intentaran. Porque El Angliru devora con una facilidad pasmosa a sus colonizadores.

Era Cobo. El día de Cobo para resolver la partida de mus que había propuesto su director, Matxin, en La Farrapona, el sábado, frenando a De la Fuente y apostando por Cobo, que también enseñó el dorsal a Wiggins como primer aviso. Ciertamente, Cobo tenía jugada en las manos. Ni él ni Matxin iban de farol y El Angliru era el tapete ideal para ponerlas boca arriba. "Hor dago", en euskera, significa "ahí está", en castellano. Y ahí estaba Cobo, empeñado en coger el último tren, el más largo, el más duro, el que te curva por El Angliru, donde la carretera agarra y las cuestas cuestan más de lo normal.

En el Alto del Cordal -allí donde se cayó Igor Antón, cuando ganó Contador en 2008- se avistaron las primeras flaquezas. Primero, Kessiakoff. Después, Nibali a pesar del magnífico trabajo de Sagan, que le enfiló la subida de El Angliru por si al tiburón le daba por sentirse bien y encaminar un ataque al final, pero cedió dos minutos en un acto de autoestima. Y Purito Rodríguez, que se quedó clavado poco después de que Cobo lanzara su puñal a siete kilómetros de la meta, llegó a minuto y medio.

Aquello ya era una cosa de dos. El Bisonte, sin mirar atrás, mucho tiempo sentado en el sillín, emitiendo señales de seguridad, de confianza en sí mismo. Por detrás, un pequeño grupo encabezado por Wiggins, Froome -su leal escudero-, Poels y el renacido Denis Menchov.

Era un mano a mano desigual mientras el pelotón se deshilachaba por las curvas de El Angliru bajo la pancarta imaginaria de Sálvese quien pueda. El trabajo de Froome era espectacular, demoledor, tirando de un Wiggins al que cada centímetro de la carretera se le antojaba un mundo. La impresión que transmitían era que el fuerte llevaba al débil, que si el Sky quería buscar el éxito final quizás debería cambiar de gallo y apostar por el keniano-británico en vez de por el británico. Al final, tuvo que hacerlo y Froome dejó a un extenuado Wiggins, sin un aliento más,para reducir la diferencia que Cobo, constante y cabezón, les iba metiendo poco a poco.

Era Cobo, el nuevo líder de la carrera. El noveno desde que el pelotón salió de Benidorm, pero en un momento determinante, cuando apenas queda la etapa que acaba en Peña Cabarga, el miércoles, y la de Bilbao, con pequeñas emboscadas. Cobo, el solomillo de Matxin en el Geox, aventaja en 20 segundos a Froome y en 46 a Wiggins, los dos guerrilleros del Sky. El cuarto, Mollema, está ya a 1m 35s, una diferencia que en esta Vuelta parece sideral.

Ya es cosa de tres, pero ninguno de ellos entraba en los pronósticos iniciales. Hoy por hoy, el favorito es Cobo porque el primero siempre es el que está más cerca de ganar. Pero probablemente el Sky cambie de táctica y conceda los galones a Froome. Sin duda, es el más fuerte de la escuadra y quizás sea un desperdicio gastar sus fuerzas en auxilio de Wiggins, muy tocado, menos resolutivo. A fin de cuentas, en una Vuelta de meritorios, Froome no desentona en absoluto.

Pero, de momento, es Cobo. Era Cobo el encargado de liderar la revolución y convertir al Geox en el baluarte de la Vuelta, en el dinamitero precisamente al paso por tierra de minas. Era Cobo, el artificiero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de septiembre de 2011