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Reportaje:Gente

Billionaire, copas para famosos

El local de Flavio Briatore en Cerdeña seduce a las estrellas pero atrae el rencor de los habitantes de la isla

En un asunto donde hay millones en juego, suele haber también polémicas. De manera que un local que se llame Billionaire difícilmente puede pasar desapercibido. Cuando además su propietario se llama Flavio Briatore y es uno de los personajes más ricos y controvertidos de la reciente historia italiana, la receta tiene todos los ingredientes para cocerse durante años en una sartén de disputas. Pero vayamos por partes.

El Billionaire abrió sus lujosas puertas en 1998 en Puerto Cervo, al norte de Cerdeña. La localidad es el centro neurálgico de la Costa Esmeralda, ribera sarda que ya llevaba años acogiendo el turismo masivo de famosos. "Briatore siempre había amado Cerdeña. Ya había locales pero faltaba algo que fuera a la vez refinado y dinámico", asegura Patrizia Spinelli, responsable de comunicación del Billionaire.

La atención a los detalles es, según Spinelli, la clave del éxito de un club que a partir de julio suele llenarse de vips. Con tan solo enumerar los famosos que han pasado por el Billionaire se podría reunir a una selección más que digna para un mundial de fútbol o un reparto de un taquillazo de Hollywood. Cantantes como Jay-Z, Beyoncé, Lenny Kravitz, Mariah Carey y Phil Collins; futbolistas como Ronaldo, Fabio Cannavaro o Andrés Iniesta; los actores Bruce Willis o Anne Hathaway; modelos como Naomi Campbell (exnovia de Briatore) y Cindy Crawford y la omnipresente Paris Hilton son algunos de los nombres que se han paseado por el bar, la discoteca y los dos restaurantes del Billionaire.

Los famosos seguramente hayan disfrutado de una decoración que mezcla épocas y estilos en busca de la elegancia. Más difícil resulta decir si la encuentra. Sofás que rememoran los salones de Versalles conviven con supuestos grafitis mayas en una sala parecida a una taberna de La guerra de las galaxias.

Para mezclarse entre los vip hacen falta por lo menos 30 euros (la entrada más barata y que incluye una copa; para una mesa los precios suben, aunque Spinelli no revela hasta dónde), pero no solo. Por más que el lema del local sea El lujo de ser uno mismo, tomarle la palabra puede no bastar. Como muchos clubes, el Billionaire se reserva el derecho de admisión. "No es ninguna contradicción. No estás yendo a la playa. Es también para ti, para que no te sientas incómodo", asegura Spinelli. Aunque puede que unos hombres elegantes tampoco lleguen a la barra. "Siempre hay que mantener el equilibrio entre los dos géneros. Un grupo de hombres solos sería embarazoso, ¿no?", añade críptica la jefa de comunicación.

Más allá de quién se quede fuera, hay una (gran) parte de Cerdeña que no tiene el menor interés en acercarse siquiera al club. Desde su apertura, el Billionaire ha sido imán de muchas críticas. Alessandro Pirina, colaborador del periódico local Nuova Sardegna, explica una de las razones: "Casi todos los locales de la Costa Esmeralda no son de gente sarda [Briatore es de Piamonte]". Es decir, que solo un escaso porcentaje de las ganancias se quedan en la isla. Para otro periodista del mismo diario, que prefiere permanecer en el anonimato, "Briatore es el ejemplo más evidente del modelo de cartón piedra en el que se ha convertido la Costa Esmeralda".

Al Tribüla -el que hace de todo para trepar, apodo de Briatore-, que a sus 61 años ha pasado por varias quiebras, una condena a tres años de cárcel, una fuga a las Islas Vírgenes y todo tipo de trabajo, desde profesor de esquí hasta jefe del equipo de Fórmula 1 de Renault, debe de darle bastante igual. Tampoco le interesan los globos de aguas y los gritos de "vergüenza" con los que un grupo de bañistas echó al magnate y a su mujer, Elisabetta Gregoraci, de una playa sarda hace tres años. La gente protestaba por el hermano pequeño del Billionaire que Briatore iba a abrir justo allí. Finalmente el proyecto fracasó.

Aun así, Briatore suele declarar que ya no sabe ni cuánto dinero tiene. Y parte de ello seguramente se deba al Billionaire. Spinelli sostiene que es imposible cuantificarlo y se niega incluso a estimarlo. Lo cierto es que el club llega a contar con 800 invitados en las noches de máxima afluencia y va camino de convertirse en una marca: ya cuenta con otro local en Estambul y con una línea de moda para hombres.

Entre tanta ambición tal vez a Briatore se le haya olvidado cuidar el corazón de su proyecto. "A la inauguración de este año no fue prácticamente nadie. Y eso que en 2010 estuvieron, entre otros, [los actores] Leonardo DiCaprio y Kevin Spacey", revela Pirina. Por una vez, el Billionaire ha pasado desapercibido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de agosto de 2011