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Análisis:

MUROS

Cincuenta aniversario del levantamiento del muro de Berlín. Las escenas continúan siendo estremecedoras. Los vecinos que, anticipándose al final de la construcción de la muralla escapan por una, todavía, frágil valla de alambre de espinos. La impasibilidad, forzosa, de quienes construyen la barrera. La enorme brutalidad, estupidez y, a la larga, inutilidad, de la misma. En las televisiones hubo muchos recordatorios y viajes a los restos del muro, lleno de pinturas, que para muchos es un monumento más. Un joven turista declaraba en una televisión que le emocionaban más los grafitos que hay ahora que el episodio histórico.

El sábado hubo la ceremonia conmemorativa en Alemania y el recuerdo de quienes murieron intentando saltarlo. Pero, de lo visto, destaca una breve crónica en el telediario de TV3. No se quedaron en la rememoración del hecho. Lamentablemente, los muros no son un recuerdo. Los hay instalados, insolente, tristemente, en varios lugares. En unos pocos minutos mostraron el muro de Israel (400 kilómetros), el que hay instalado en el sur de Estados Unidos con la frontera mexicana (1.000 km), el que separa las dos Coreas (250 km y dos millones de soldados vigilantes), el que se levantó hace 40 años en Nicosia (Chipre) y el medio kilómetro que todavía sigue en pie en Belfast.

Hay muros para que nadie entre, para que nadie salga, para separar dos bandos... Quienes los levantan buscan argumentos presentables para darles una intragable lógica. En el informe de Nicolás Valle, por ejemplo, se recordaba que Israel lo explica para impedir la entrada de terroristas palestinos, pero esa muralla, en algunos lugares con 12 metros de altura, está en su 90% en zona ocupada. El hormigón para consagrar una ocupación. En Belfast ya apenas existe. Lo más difícil, sin embargo, es que caigan los muros invisibles entre dos comunidades, como en Chipre.

El reportaje sobre el muro alemán podía haber cabido en cualquier documental de historia, pero un programa de actualidad debía informarnos de que siguen existiendo estas imponentes fronteras artificiales contra la reconciliación, contra el otro, triturando los territorios y sus gentes

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de agosto de 2011