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INTIMIDADES

Me caso

Como cada domingo me desperté de un salto. Los domingos me gustan. Me enfundé en lo primero que encontré. No creo que nadie confirme esta afirmación pero queda mejor que decir: tras una hora larga conseguí decidir con que enfundar las lonchitas de este cuerpo. Defectos de presumida. Gafas de sol y a la calle rumbo a uno de mis hábitos favoritos. Desayuno y periódico en la cafetería del Ivam. Me hace feliz saludar al mismo camarero. Un hombre alto, con aspecto sano y mofletes rosados. Mientras me sirve café y cruasán dos frases, como siempre, del tema común favorito: "Vaya, ha empezado pronto el fútbol este año. Ese nuevo que han traído parece espabilado, pero ninguno como Villa". Si, eso sí... Me siento, comienzo a leer y el teléfono interrumpe mi nirvana personal. Escucho: "¡Me caso!, ¡si me caso!". Tras ocho años viviendo juntos se casan. Me alegro, la felicito y pregunto ¿por qué ahora? "Llevo ocho años despertándome con el mismo hombre. Iba siendo hora de convertir un habito tan constante en un ritual". Colgamos, me giro hacia la barra y pido otro café. El codo arrastra al cruasán hasta mi falda, esa que me costó una hora elegir, y de pronto veo...¡una mancha! Devuelvo el cruasán a su lugar y le digo muy seriamente: ¡como sigas así, te pido el divorcio!. Y es que cada uno se casa con quien quiere.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de agosto de 2011