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Crítica:Cine

Superheroísmo retro

En la portada del primer número de Captain America Comics, publicado en marzo de 1941, el recién nacido superhéroe -creado por Joe Simon y Jack Kirby, dos judíos que contemplaban con justificado horror lo que estaba sucediendo en Europa- tumbaba a Adolf Hitler de un puñetazo. En Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, Michael Chabon rememoraba el icónico hito imaginando una cubierta para el debut de la hipotética publicación Amazing Midget Radio Comics, en la que el Escapista -el justiciero creado por los protagonistas bajo el influjo de Harry Houdini- reproducía el gesto derribando al Führer. La famosa portada reaparece en un destacado momento de esta notable superproducción, que se distancia de los otros recientes blockbusters del género a través de la exaltación de lo retro; rindiendo, con ello, un homenaje al funcional nacimiento del arquetipo del superhéroe como instrumento propagandístico.

CAPITÁN AMÉRICA EL PRIMER VENGADOR

Dirección: Joe Johnston. Intérpretes: Chris Evans, Stanley Tucci, Hugo Weaving, Tommy Lee Jones, Toby Jones.

Género: Ciencia-ficción. EE UU, 2011.

Duración: 124 minutos.

Al igual que ocurría en Thor, la elección del director parece haber obedecido a una ingenua deducción, propia de ejecutivo en cúpula corporativa, que, por lo menos, en este caso ha revelado útil y oportuna: si los responsables de la división cinematográfica de la Marvel intuyeron que Kenneth Branagh podía añadir espesor shakespeariano a ese relato de dioses nórdicos caídos de Asgard, aquí Joe Johnston parece haberse perfilado como candidato ideal por contar en su filmografía con una película tan particular como Rocketeer (1991), adaptación disneyana del nostálgico tebeo de Dave Stevens. El buen gusto pulp de esa película imperfecta reaparece aquí y se apodera especialmente de la pantalla en las escenas ambientadas en una versión magnificada de la New York World's Fair de 1939: allí, Howard Stark, futuro padre en la ficción de Tony Stark -ya saben, Iron Man-, orquesta una presentación de tecnología último modelo que parece tanto la prefiguración de las escenas que protagonizó su retoño en las dos películas dirigidas por Jon Favreau como una broma cinéfila a cuenta del recuerdo de Tucker, un hombre y su sueño (1988), de Francis Ford Coppola.

No es la única nota sofisticada de Capitán América, que, de hecho, acaba siendo una película gratificantemente cinéfila, en la que uno puede detectar guiños inesperados a películas como El desafío de las águilas (1968) y Doce del patíbulo (1967). El hecho de que Toby Jones recuerde a un mad doctor dibujado por Bob Clampett quizá ya forme parte de las referencias no deliberadas.

La película de Johnston se libera de la exigencia de explorar los claroscuros del superhéroe post-Stan Lee para celebrar la ingenuidad de un icono premarveliano: en otras palabras, el cineasta disfruta de un anacronismo y transmite su entusiasmo. Capitán América no brilla a la misma altura en todo momento, pero explora con ingenio la dimensión mediática del superhéroe, reescribe la II Guerra Mundial en clave de folletín grotesco y logra conquistar una identidad propia, a pesar de ser, como sabrá todo aficionado, una nueva entrega -de hecho, la última- en ese capítulo cero disgregado en varias piezas que desembocará en el esperado estreno de Los Vengadores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de agosto de 2011